Críticas

“La acústica de los iglús”, de Almudena Sánchez.

 

Caballo de Troya publica el libro de relatos La acústica de los iglús, de Almudena Sánchez (Palma de Mallorca, 1985), de la mano del editor invitado Alberto Olmos. Esta elección para el catálogo –arriesgada por ser la primera obra de una autora joven y de un género que en muchos casos aún se denomina menor– nos permite disfrutar de una colección de cuentos que en tan solo cuatro meses ya ha llegado a su cuarta edición.

La acústica de los iglús sorprende no solo por la musicalidad que transmiten sus páginas –tanto por su temática como por su forma– sino también por lo sensorial de sus relatos y por la profundidad de los temas subyacentes. Y es que como en una partitura compleja, la acústica de estos relatos resuena tiempo después su lectura, cuando el eco y el reposo nos permiten apreciar la sinfonía de los cuentos.

La prosa de Almudena se presenta como un juego con el lenguaje, es lírica y sensorial y en una lectura superficial no parece tratar temas más allá de lo ligero y lo banal. Sin embargo, tras su dulzura presenta una temática recurrente: una realidad devastadora que aparece bajo una mirada inocente, un deseo de huir constante y un desencanto con la sociedad.

Desde la mirada de una niña encontramos en La señora Smaig , los crudos efectos de una enfermedad, descritos desde una primera persona: «Con tantas inyecciones y medicinas, se me olvidaban cosas básicas, como por ejemplo: el método para resolver una ecuación, la diferencia entre verdura y hortaliza, el nombre de mi profesor de griego o la risa de mi hermano Nico». Una primera persona infantil que en El arte incrustado se acerca a la sexualidad y a la música desde la desidia, reflejando una realidad en muchos casos ignorada.

La necesidad de huir de modo interminable sin un destino fijo aparece en El frío a través de los engranajes, que nos enseña que los «lugares inhabitados se encuentran enseguida»; también en Eclipse, donde una pareja de ancianos por fin se decide a emprender un viaje en teleférico; y en Compostura: la línea imaginaria, donde un director de orquesta sin líneas imaginarias ofrece un concierto poco habitual.

El desencanto lo encontramos en la crítica a una sociedad que acumula todo tipo de objetos, un tema recurrente en los relatos de La acústica de los iglús, como la basura que termina por ahogar en El nadador del Hotel Minerva, los pelos faciales en Eclipse, la acumulación de elementos absurdos en El triunfo humano, de lágrimas en Introducción al relámpago o de títulos académicos en Apuntes desde la bóveda celeste, donde una filósofa encuentra trabajo como astronauta con la única misión de flotar y el objetivo de capturar elementos volantes, porque: «Para alguien como yo, que ha estudiado un máster en Filosofía Contemporánea, un curso homologado en Filosofía Analítica, un taller de Filosofía Política, una asignatura troncal de Filosofía del Derecho y otra obligatoria de Filosofía Histórica, una optativa de Filosofía Antigua, un módulo de Filosofía emocional y Psicológica, una especialización en Filosofía Humanista, sendos doctorados en Filosofía del Lenguaje y Filosofía Oriental y Filosofía Científica y ha asistido recientemente a un seminario sobre Filosofía Antropomórfica y a un simposio sobre Filosofía Renacentista, es difícil encontrar trabajo. He ido con mi titulación a todas partes. Mi currículum lo llevo en una bolsa del supermercado, junto a las legumbres en conserva. No sé por qué ha acabado ahí, cómo ha sido el proceso.»

En estos diez relatos de La Acústica de los iglús encontramos numerosos listados, una manera de intentar encontrar un orden dentro del caos que refleja la autora y que ofrecen un guiño cómplice al lector, como en Cualquier cosa viva: una manera de comprender la vida y la muerte del esqueleto Marvin desde un punto de vista, de nuevo, infantil.

Almudena Sánchez nos ofrece una colección de relatos que refleja una madurez literaria sorprendente en una primera obra. Bajo su prosa cuidada, lírica, sinfónica, encontramos el desencanto y el reflejo de una realidad que nos deja una sensación de soledad y nos hace reflexionar sobre el rumbo que toma la vida: «Sin mucho que contar, yo iba viviendo de inutilidad en inutilidad, esperando el gran momento de hacerme útil».


La acústica de los iglús

La acústica de los iglús
Autor: Almudena Sánchez
Editorial: Caballo de Troya
Páginas: 160
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Sobre el autor

Patricia Martín Matas

Patricia Martín Matas

Patricia Martín Matas es reseñista en Ámbito cultural desde 2012, después de terminar el Máster en Escritura Creativa Hotel Kafka. Ha publicado participado en las antologías Relatos de Mujeres 7 (Torremozas) y en Servicio de habitaciones (120Pies). También ha ganado dos premios de poesía del Certamen Literario Memorial Florencio Segura (segundo premio en 2013 y primero en 2014).

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