Críticas

“Servicio de habitaciones”, antología de relatos de varios autores.

Un proyecto común entre profesores y alumnos de la escuela de escritura Hotel Kafka.

Leticia Garcia
Escrito por Leticia Garcia

Quizá  Sofía Coppola no lo sabía pero cuando en el 2003 la ingenua Scarlett  murmuró a Murray en un hotel de Tokyo : “Does it get easier?” (“¿Se vuelve más fácil?”) estaba leyendo muchas de nuestras mentes. Y, aunque no queda del todo claro si ella le pregunta sobre verter en la palma de la mano todo el champú contenido en los minúsculos botes del hotel lo hace más fácil, queda patente que alojados lejos de la vida cotidiana, todo puede ser aún mucho más complicado. Creo que en este punto estarían de acuerdo los quince autores y autoras que han reunido recientemente sus relatos en Servicio de habitaciones, de la editorial 120pies. El denominador común de todos estos relatos es el hotel y por ende la vida o parte de la misma, esas pequeñas historias que se desarrollan en un reducto íntimo pero a la vez ajeno al individuo: una pequeña habitación prestada.

Concebido como un proyecto común entre profesores y alumnos de la escuela de escritura Hotel Kafka, Servicio de habitaciones agrada por la disparidad de las voces y la frescura de todos los autores: algunos de ellos profesionales y otros noveles. Uno de los retos asumidos por el relato es que en un espacio reducido de texto ha de generar una tensión narrativa que ate al lector y que, cuando este llegue a finalizarlo, sienta la satisfacción de que la narración está completa, de que le han contado una historia mucho más larga que las diez páginas que acaba de leer. Con un lenguaje cuidado y un estilo sencillo los autores aquí reunidos consiguen cerrar todos sus relatos y, apoyados en la heterogeneidad de estilos y géneros, conforman cada vez una voz distinta a la anterior. Cada relato esgrime así su propia razón de ser, su propia técnica narrativa y su propia localización geográfica, aun cuando el espacio quede siempre acotado en un hotel.

Constituyen un desafío al estilo del relato convencional Hoteles caninos de América, de Guillermo Aguirre, que transforma el texto en un reality show americano con sus cuitas diarias y El Excelsior de Pablo Chul, escrito de manera epistolar y que narra la relación de extraña amistad que mantiene por correspondencia una pomposa clienta del Excelsior y el director de este lujoso hotel. Lourdes Castro opera en el territorio de la no ficción y en Hotel Florida relata algo de lo que debió ser la histórica estancia de Marta Gellhorn y Ernest Hemingway como corresponsales de guerra en el Hotel Florida de Madrid. Todo ello bajo los bombardeos, de los que recibió hasta treinta durante la Guerra Civil Española. Ángela Medina en Ese olor raro habla de estados de aislamiento y sometimiento en un hotel rural regentado por un hombre cuya ¿anodina? inquilina supone un atisbo de aventura. América tiene una mención especial en Horsesshoe Bend Hotel, un relato negro de David Moreno donde tras una noche de fiesta y a causa de una confusión de identidades, el personaje principal emprende un peligroso road trip hacia un hotel rural de Virginia donde es más fácil tener un arma en una caja que una pizza en el horno. En Jessica, de F. M. Espinosa, nos sumergimos en la vida de un escritor sin suerte ni inspiración: ¿encontrará las palabras que le faltan en la piel de una inquilina del Hotel Chelsea? Quizá no conozcas a nadie que haya decidido vivir en un hotel, yo sí, y siempre me he preguntado qué le lleva a un sujeto a vivir en un lugar tan imperiosamente público. Gonzalo Izquierdo se atreve en Souvenir a explorar el carácter de aquel que, obsesionado por el orden y la rutina, escogió esa vida por su menor probabilidad de introducir un elemento sorpresa, pero debe de ser que el caos de la vida es a imagen y semejanza de un fluido y siempre termina adquiriendo la forma que más le conviene. Sonia Aldama escribe Yebel Musa, un  relato de temática social que nos envuelve en muchas camas de hotel entre Gibraltar y Ceuta, frente al monte Abyla o Yebel Musa, o lo que es lo mismo, “mujer muerta”. Un texto que trata muchas relaciones exprés y que cuenta cómo es la sexualidad en diversas culturas y cómo esa sexualidad ahoga a la mujer. Existen hoteles con fama de embrujados o en los que parece que un mal destino persiga a los que en él se alojan, ya ocurrió, por ejemplo en Colombia con el Hotel el Salto, muy cerca de las cataratas Tequendama preferidas por los suicidas. Patricia Matas  toma el relevo en Miércoles Noche y echa mano del humor negro para narrar los desvelos y las andanzas de su protagonista, el cual trata de adivinar qué día de la semana morirá uno de sus inquilinos; el problema es que todos se alojan en un hotel avalado por una larga tradición mortuoria. Azahara Alonso da una vuelta de tuerca a la sucesión de relatos con Pick up all the Pieces and make and Island y no habla del durante si no del después, ya que de un hotel una se puede llevar algo, y puede que aquellas personas a las que conoció allí por casualidad permanezcan después en la vida de manera persistente, quizá perturbándola a una silenciosa gran escala. La vida en un hotel también puede ser un estado emocional de preparación para el nefasto futuro que nos espera: desaparecer. Vida de Hotel: manual de preparación para tiempos peores de Mikel Rey, emula al texto científico y recoge las pautas y  los resultados del estudio psicológico al que se someten los sujetos que deseen alcanzar dicho “limbo ético, filosófico y moral”. Si por el contrario esperas una apertura del corazón, en un paisaje helado, un trozo del camino compartido con un extraño, abre el capítulo titulado Aurora Boreal, de Bárbara Aranguren. Si quieres aprender a vivir y también a huir entre la adolescencia y la madurez, en un viaje a través de culturas y habitaciones de Europa y Marruecos, no dudes en consultar Seis Estelas, de Noemí Pájaro Luna. ¿Podrían arreglarse problemas matrimoniales allá lejos del hogar, quizá en un hotel de carretera? Atrapados en medio del viaje eso intentan los personajes de Claudio Mazza, dos cuerpos que se evitan, se estrellan y se estrechan en plena crisis matrimonial en Dos Estrellas. Finalmente, en Hotel Uevo, de Javier González, el letrero del establecimiento, como la vida, se queda algo a medias, y demuestra que volver al lugar del dolor, al fin y al cabo, no tiene por qué ser una buena idea.

Se esgrime pues que sobre todas las cosas la vida de hotel es cuanto menos azarosa, tiene cierta dosis de dramatismo, de vez en cuando divierte, pero sobre todo es un interrogante pasajero cuyas dimensiones son a menudo mucho mayores que las de un pequeño lugar con jabones de mano de olores delicados y duchas cuadriculadas. Tengo la impresión de que estos quince autores lejos de desear arrojar alguna luz, solo quieres dejar registro de ese lugar de paso, evidenciando de nuevo lo que dijo Hawking sobre que “Dios juega a los dados”.


Servicio de habitaciones.

Servicio de habitaciones.
Autor: Varios autores.
Editorial: 120PIES
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Sobre el autor

Leticia Garcia

Leticia Garcia

Leticia García (Madrid, 1987) se licenció en Ciencias Físicas pero su curiosidad aún no se siente satisfecha y quizá por eso perdura su amor por la literatura.

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