Entrevistas

“Siberia”

Juan Soto Ivars - Siberia

Conozco a Juan Soto desde hace ya un par de años, agitador social en las redes, desvergonzado, cínico y tierno dependiendo de si le pilles sólo o acompañado, a sus veintiséis años es ya autor de dos novelas publicadas, La Conjetura de Perelmán (Ediciones B) y ésta que se lanza ahora: Siberia (El Olivo Azul).

–          Tú, si quieres envíame una Siberia y hacemos algo en Ámbito.

–          Ahí te va Siberia, al Kafka, a ver si te gusta.

–          Creo que lo mejor es hacer una entrevista y así la regamos. ¿Te parece?

Le parece pero después de quedar nos pasamos de regarla, se nos hace tarde y hablamos de todo menos de la novela.

–          Oye, tú. ¿Cuándo vuelves a Madrid para acabar de hacer esto?

–          Querrás decir para empezar. Volveré un poco tarde.

Da la casualidad de que antes bajo yo a Barcelona. Nos vemos. Hablamos de Siberia pero de una manera que no se puede transcribir en una entrevista, mezclándolo todo con esto de aquí y aquello de más allá. Pierdo un autobús. Tengo resaca.

–          En serio, Juan. ¿Haremos alguna vez ésta entrevista?

–          ¿Y si me la mandas por mail?

–          ¿Y si nos vemos en la feria y cerramos?

–          Nos vemos en la feria pero para las cosas importantes, para contarnos que tal y como estamos.

Así es Juan. Ante nuestra marcada imposibilidad por resultar serios acepto el trato. La entrevista vuela por la red. No existe vuelta atrás.

Guillermo Aguirre: Siberia es tu primera novela aunque se edite tras La Conjetura de Perelmán. A diferencia de ésta última (con una más marcada prioridad narrativa) Siberacartografía un estado de ánimo, una imposibilidad sentimental. Siberia: ¿Una novela confesional? ¿Una narración climática?

Juan Soto: Los escritores sólo tenemos una ventaja respecto a otras personas: podemos aspirar a convertir el dolor íntimo en una obra de arte. El tiempo en el que escribí Siberia era doloroso: había mandado al cuerno una relación de pareja muy bonita y mis textos eran bastante mediocres como para llamar la atención de nadie. Trabajaba en una oficina. En ese tiempo yo era un troll, un jovencito furioso que se consideraba muy por encima de los mediocres que publicaban sus mierdas. De los presumidos escritores, a los que por supuesto no leía. La idea de que alguien publicase antes que yo me quitaba el sueño. Estaba idiota. Empecé a escribir la novela borracho de frustración sin saber a dónde iba. Como una purga. Quería aislar la peor parte de mí y convertir al personaje en un monstruo absoluto, era una necesidad imperiosa para pasar al siguiente nivel. Después… después me ha costado tres años convertir aquella energía destructiva en un texto que merezca ser leído por alguien que no sea mi psiquiatra.

G.A.: “Los escritores tenemos una ventaja respecto a otras personas”, dices. Eso implica que inevitablemente debemos de tener también alguna desventaja…

J.S.: A parte de ser unos egocéntricos convencidos de que albergamos grandiosas ideas en la cabeza y que nos deprimimos cuando tenemos trabajo fijo, no se me ocurre ninguna desventaja.

G.A.: Generalmente uno desarrolla una querencia mayor por su primera novela que por trabajos posteriores. ¿A quién quieres más, Juan? ¿Perelmán o Jonás?

J.S.: La escritura de La conjetura de Perelmán fue divertida y muy estimulante. Tenía un contrato, un buen anticipo y la promesa de una difusión bastante grande. La historia central del libro me divertía, escribir era como ver una película y para colmo mi abuela me cuidaba mientras duró aquello. Además vivía muy tranquilo. Ya te he dicho cómo escribí Siberia. Mientras escribía Perelmán, Siberia estaba en un cajón. Me gustaría no haber escrito Siberia, pero algunos amigos la leyeron y casi me obligaron a mandarla a editoriales. A ellos les gustaba más que Perelmán. Ahora miro los dos libros y me siento totalmente desconectado. No le tengo especial cariño a ninguno de los dos. Son de los lectores.

G.A.: Tu abuela Pepita Moreno. Un trending topic en el universo Facebook.  ¿Hubieras deseado poder escribir Siberia junto a sus cuidados? ¿Podrás escribir cuando (Dios nos libre) Pepita ya no esté para brindarte su apoyo?

J.S.:
El apoyo de Pepita Moreno es tan infatigable y tan desinteresado que seguiría teniéndolo aunque ella no estuviera para dármelo. Ahora que has dicho esto me han dado ganas de ir a Águilas a verla. La clave de los cuidados de una abuela es la siguiente: puedes estar deprimido y cabreado, pero ante ella nunca podrás mostrarlo. La cocina de su casa es un horno de bondad que permite salir bien alimentado y con unas risas en el bolsillo. Lo amargado que estés el resto del día no es problema suyo. Por eso una abuela es infalible cuando uno necesita desconectar de sí mismo.

G.A.: A lo largo de la búsqueda de Jonás por un centro de gravedad imposible (el amor) el narrador se enfrenta y se acerca al personaje trazando un recorrido del Él al Yo, de la tercera a la primera persona, segunda mediante. Háblame de eso: ¿una ilusión de calor o cercanía en la chispa helada de la estepa?

J.S.: No todo el mundo percibe este zoom narrativo, me alegro de que te hayas dado cuenta. Intenté que este viaje fuera muy natural. La primera parte está escrita en tercera persona. Un narrador habla de Jonás con desprecio y genera un debate sobre qué es de verdad ser un escritor. Cuando Jonás viola a una chica, el narrador pasa a segunda persona, se convierte en un cara a cara en el que Jonás trata de ocultar su culpa, de escapar, mientras el narrador se le encara sin ninguna compasión. La tercera parte pasa a primera persona: es Jonás quien, desde su infierno, habla al lector sobre el proceso de curación dolorosa al que está sometido. Creo que la estructura de Siberia es una imitación de la forma en que conocemos a los demás. Al principio cuentan mucho más nuestras propias ideas sobre el otro, después viene el diálogo y finalmente escuchamos a quien tenemos delante.

G.A.: Estamos ante una novela de personaje, en este caso un escritor al que la escritura parece importarle de manera desmedida. Sabes (sé que lo sabes) que en el mundillo castellano existen ciertos pruritos en torno a escribir novelas con escritores como personajes. ¿No te pesó a la hora de tomar la determinación? y personalmente ¿qué opinión te merecen las novelas de escritores que hablan de escritores?

J.S.: Esto lo he pensado mucho después. Cuando la escribí me fascinaban las novelas sobre escritores porque yo quería ser uno. Tenía entendido que Vila-Matas era un buen escritor, leí algunos libros y me gustó. Para un escritor joven la literatura es a veces más importante que la vida y creo que hay un gran error en este punto de vista. Un escritor tiene que vivir antes de escribir. De nada servirá que la novela hable de la literatura sin no existe también la vivencia. Detesto la literatura snob, la literatura que mira a la literatura, que se mira el ombligo. Tiene su público, pero yo no soy parte de él. Si el escritor protagonista no está vivo, si no sangra, si no hay drama, ¿qué sentido tiene ofrecerlo a los lectores? Por eso mi novela habla de un escritor que comete una violación. A la carga literaria propia de la edad con la que la escribí se suma el sexo en su peor versión: la violenta. Sin la violación, supongo que mi novela no habría visto la luz. Un escritor que viola a una mujer ya no es solamente un personaje preocupado por sus pajas mentales.

G.A.: ¿Cuándo dices que sin la violación tu novela no hubiera visto la luz no quieres decir que tú violaras a nadie, no?

J.S.: Mi respuesta es y seguirá siendo ésta aunque me interrogues 48 horas seguidas: acabo de volver a verLa vida de los otros.

G.A.: ¿Crees en el escritor como la figura de un hombre condenado a ser incomprendido?

J.S.:
No sé, se supone que todo lo contrario, ¿no? El escritor se dedica al intento de hacerse comprender. Sí creo que el escritor tiene que sentirse mínimamente incomprendido para acometer la tediosa, dolorosa y difícil tarea de hacerse comprender. Un escritor incomprendido fue Melville, pero si la novela es buena el tiempo se encarga de ponerla en su sitio

G.A.: Al igual que el Jonás Bíblico, tu Jonás habita su propia ballena (Siberia), confunde su culpa con una tentación estética, rehúye el estado de las cosas y el universo social regresando a su pueblo natal y con frecuencia peca de sobreponer la imagen de sí mismo o su estado de ánimo a la imagen o el estado de ánimo de los demás. Se trata de un Romántico de psicoanalista, desencantado, sufridor, incapacitado, culpable y, a veces y por ello, malvado o iracundo. Jonás: ¿un perfil de actualidad? ¿Una edad?

J.S.:
Yo creo que es un perfil de escritor inédito o con muy poca repercusión. En un ámbito más amplio, olvidando la parafernalia literaria, el perfil de un tipo presumido que fracasa cuando quiere llamar la atención. En nuestra época no parece que haya nada más apremiante que llamar la atención. Quien no escribe, pinta. Otro hace cuadros y quiere que vayamos a verlos. Otro toca en un grupo de música. Escuché una reflexión que se me ha quedado dentro: ¿no te parece que ahora casi todo el mundo considera que su trabajo es un arte? Esta perversión del trabajo tan propia de nuestra época sí convierte a Jonás en un personaje de actualidad.

G.A.: ¿De quién era la reflexión? ¿Alguien que conozca o que pueda conocer el lector?

J.S.: La reflexión es de la película This Must Be The Place, que fui a ver el otro día al cine porque soy un fanático de David Byrne. La película tiene sus cosas, es rara. No me encantó pero tiene algunas frases como ésta para ir masticando despacio a la salida del cine.

G.A.: ¿Vivimos un retorno al Romanticismo? ¿Desearías un retorno al Romanticismo?

J.S.: A eso nos referíamos con el Nuevo Drama, con el movimiento que Internet vapuleó y que nadie parecía defender con mucho aplomo. Pero el romanticismo hoy no es una sucesión de metáforas sobre acantilados y lluvia, y tampoco es volarse la cabeza por amor. Es dar un paso más. Creo en una literatura que sangre, que brote de las vivencias y no del estudio, que pueda servir de espejo para las personas que viven de verdad, que no se conforman con la realidad aséptica de los libros y desean encontrar en los libros emoción humana de verdad, sin traducir. Hay una frase en Siberia que explica mi punto de vista: “el escritor da de beber a la palabra la sangre de su propia herida”.

G.A.: Yo pensé que lo del Nuevo Drama fue un alquitrán que te montaste para allanarte el camino de la promo de Perelmán: un poco de ruido para que al publicar persistiera el eco.

J.S.: No, para nada. El Nuevo Drama es una llamada a la escritura desde la vivencia y desde el sentimiento, o lo que es lo mismo: un alegato a favor de la destrucción del hígado de los escritores. Manuel Astur va a publicar su poemario Y encima es mi cumpleaños en pocas semanas, él será quien coja el relevo para seguir hablando del tema.

G.A.:
Existe en toda la novela una intención constante de evadir el lenguaje reflexivo, el correlato largo o teórico a cambio de la sucesión de imágenes efectivas y concretas. Los elementos que mueven la veta narrativa son todos ellos inmediatos y rojos (tinta, tristeza, carne, dolor, gasolina, piedad, piedras) y, sin embargo, el resultado final es, si no frío, hermético, distante como Siberia. Elección del estilo y tensión del lenguaje: ¿caminamos hacía una poética personal de extensión a futuros trabajos o se trata de una resolución práctica para marcar el sentido puntual de ésta novela?

J.S.: Cuando me dejo llevar me salen este tipo de textos atropellados. Me dijo un lector que le había sido imposible frenar la lectura, que echaba de menos algún área de servicio en el texto para descansar. Pero yo quería una novela de aceleración y me dejé llevar. En Perelmán tenía que sostener las riendas para que no se convirtiera en pura velocidad, en esa sucesión, en esa pornografía sentimental de montaje rápido. Mi estilo es Siberia, esto lo tengo claro. Pero no porque lo intente, sino porque no lo puedo evitar. Dependiendo de lo que pidan futuros textos tendré que sostener las riendas del lenguaje con más o menos fuerza.

G.A.: La violación que comete Jonás (el detonante) y que recuerda a aquel disparo de El extranjero, ¿es un final sin serlo? ¿Pudiera ser el principio? La culpa en Siberia.

J.S.: La violación es el punto en el que Jonás deja de preocuparse por la absurda literatura. La vida le pone un escollo mortal que eclipsa su absurda pretensión de convertirse en un escritor, aunque el camino a lo largo de Siberia depare una terrorífica sorpresa para él. Como sabes, la novela acaba con la consecuencia de la violación. Las consecuencias acaban alcanzándole a uno.

G.A.: ¿No me digas? Y las mujeres suelen tener que ver con las consecuencias. A eso vamos: las mujeres en la literatura escrita por hombres. ¿La eterna figura de la condenación o de la salvación? Las mujeres en Siberia

J.S.: En Siberia hay tres tipos de mujeres: está la primera Irene, que convierte a Jonás en un pagafantas. Un hombre sensible podrá convertirse en pagafantas si da con la mujer adecuada. Son esas amigas a las que uno desearía follarse, con las que uno querría casarse o morir con ellas o matarlas. Yo viví esa situación antes de escribir el texto. La amaba y no había nada que hacer. La frustración me lanzó a convertirme en una especie de gigoló torpe, pensaba que las demás mujeres serían el agua para apagar el fuego de mi obsesión. Estas son las mujeres del segundo tipo: chicas encantadoras dispuestas a acostarse contigo, que de ninguna forma aceptarás. No son la que quieres. La tercera mujer importante es la segunda Irene. Para todo pagafantas llega el momento de encontrar a la mujer que le salvará. El problema de Jonás es que cuando la encuentra es demasiado tarde. Ya le persiguen. Ya tiene que pagar la deuda de su asquerosa violación.

G.A.: A mi no me resultó tan asquerosa…

J.S.: Porque también hay belleza en una mujer que sufre.

G.A.: Escribes con una pasmosa naturalidad y libertad. No te importa nombrar las cosas tal y como las sientes (o Jonás las siente). ¿Piensas en el lector que se situará al otro lado? ¿Cuál es tu lector ideal? No me digas que es una mujer ni el tipo de piernas que tiene, por favor.

J.S.: Yo te puedo decir cuáles han sido los lectores más entusiastas de este libro. Curiosamente, las mujeres. Yo pensaba que me apalearían por haberme puesto en la piel de un violador, pero ha ocurrido todo lo contrario. Las mujeres tienen, por lo que parece, una disposición innata a creer las palabras de un hombre que sufre. Creo que eso es lo que genera más problemas a las mujeres.

G.A.: Posiblemente eso y que los hombres que “dicen sufrir” no siempre están siendo sinceros. Tu Jonás lo parece ¿pero qué se guarda para sí? 

J.S.: Lo que no dice Jonás se encarga de decirlo el primer narrador. Jonás sólo quiere reconocimiento, y follar es una forma de obtenerlo. También una novela con muchos lectores, o un premio. Tener un blog y hacerse una paja son dos formas habituales de adulterar el reconocimiento verdadero.

G.A.: ¿Nuevos horizontes más allá de Siberia?

J.S: Estoy metido en un montón de líos. Tengo casi acabada una novela coral que se llamará Los crímenes del futuro y está inspirada en una frase de Knut Hamsun. Saltos hacia adelante en el tiempo para conocer los crímenes que se cometerán en el futuro. Otro proyecto es algo que me han propuesto y me parece estimulante: una novela de crowfounding en la que los lectores, previo pago, propondrán los temas sobre los que escribiré. Y lo que más me apetece, lo que estoy escribiendo ahora con más alegría, es literatura infantil. Resucito las cosas que me interesaban cuando era un niño y he descubierto en esto una versión productiva del síndrome de Peter Pan.

Tras Siberia el País de Nunca Jamás. Creo que es la tercera a la derecha. Abróchense los cinturones


Juan Soto Ivars

(1985, Águilas). Es autor de "La Conjetura de Perelmán" (Ediciones B) y "Siberia" (El Olivo Azul). Además de escritor desempeña la labor de la crítica literaria, reportajes y entrevistas culturales para diversas revistas entre las que cabe destacar la revista "Tiempo" o la revista online "Primera Línea".

Siberia

Siberia
Autor: Juan Soto Ivars
Editorial: El Olivo Azúl
Páginas: 125
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Sobre el autor

Guillermo Aguirre (Hotel Kafka)

(Bilbao, 1984). Ganador del Premio Lengua de Trapo de Novela por "Electrónica para Clara" (2010) y autor de "Leonardo" (2013) ha trabajado en diversas editoriales y ha publicado sus relatos en diversas antologías. Actualmente es coordinador de cursos de Hotel Kafka. "El cielo que nos tienes prometido" es su tercera novela.

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