Entrevistas

“Somnium”, de Kepler

La ilustración científica es importante porque es capaz de traducir datos científicos muy duros para que todos podamos acceder a ellos

Somnium

Me encuentro con Román García Mora al lado del Jardín Botánico de Madrid. En una cafetería de esas en la que cualquier cosa que no sea un café puede poner en peligro tu cartera. Román es ilustrador científico y hoy le entrevistamos con motivo de las ilustraciones que ha realizado para la edición de Somnium, de Johannes Kepler, que editó 120 pies. Román ha ganado premios como ilustrador de dinosaurios, trabaja como freelance para algunas de las revistas de divulgación científica más conocidas y además forma parte del proyecto FLORA IBERICA del Jardín Botánico. En él está terminando el catálogo de todas las plantas de la Península Ibérica, proyecto que se lleva desarrollando desde hace más de treinta años. Román ante todo parece feliz, una persona que ha logrado realizar un sueño y pasa por la vida consciente de lo difícil que es decir eso.

Isaac del Valle: ¿Cómo surgió el proyecto? Cuéntame un poco…

Román García Mora: Uno de mis amigos es David Botella. Él ha preparado junto con Debbie Martín la web y el diseño de alguna de las portadas de 120 pies. Cuando montaron la oficina les estuve ayudando. También vino Ángela Medina, que es una de las editoras, y nos comentó que necesitaban unas ilustraciones para un libro. Me habló del libro de Somnium y ahí empezó todo. El día que estuvimos en la oficina me hablaron del libro y me encantó la idea y entre los tres vimos que se podía preparar algo especial. Esto fue en abril del 2014.

I.d.V.: ¿Qué es lo que destacarías de Somnium? ¿Con qué te sientes más cercano?

R.G.M.: Yo he estudiado Biología y creo que todos los que nos hemos acercado a temas científicos hemos sentido lo mismo. Llega un punto en el que la realidad te da pie a soñar. A inventarte cosas ¡A volverte un poco loco! Yo me identifico mucho con Kepler, estudiando las órbitas y la luna y este tipo de cosas. Pero llega un momento en el que te dices a ti mismo: la realidad está muy bien pero es que yo me imagino aquí otro mundo ¡Otras cosas! Ese momento es genial: dejas volar la imaginación a partir de algo de la realidad, algo potente descrito con el método científico detrás ¡Buff! A mí me pasa con los dinosaurios. Esto es lo que tenemos: unos huesitos y poco más. La mayor parte de las veces no tienes ni un esqueleto completo. Pero de pronto empiezas a imaginarte cómo se movía, qué comía… las escenas de su vida. Esa manera de dejar volar la imaginación, lo que hizo Kepler en Somnium, es algo con lo que me siento muy identificado.

I.d.V.: El relato es un poco loco, ¿no?

R.G.M: Llega un momento en el que tanta realidad da pie a las alucinaciones. Además en la época de Kepler era distinto. Ahora el mundo es muy aburrido. Conocemos demasiadas cosas. Ya todo el mundo conoce lo que hay en los océanos, aunque sea de lo que menos conocemos, pero prácticamente está ya todo descubierto. En aquella época no se sabía nada de nada: se conocía Europa y las Américas un poquito. Fuera del planeta no te digo nada… Las vueltas que le pudo dar Kepler a la cabeza para tratar de imaginar qué había allá arriba. Ahora el mundo es más aburrido… lo conocemos demasiado bien.

I.d.V.: ¿Cómo te resultó el trabajo? La técnica es distinta a la que sueles utilizar, por ejemplo, para las revistas de divulgación científica.

R.G.M.: Gran parte de lo que me atrajo del proyecto fue esto. Que se podía hacer algo distinto, un trabajo más interpretativo y artístico. Sin todas las reglas y normas que hay que cumplir en la ilustración científica que a veces constriñen mucho a la hora de dibujar. Además me echaron una mano enorme Debbie y David en la dirección artística y en la elección del estilo. Buscábamos algo, ante todo, fresco.

I.d.V.: Eso te quería preguntar, la ilustración tiene un toque naíf muy atractivo. De hecho dan ganas de poder tenerlas en papel, ¿no? ¿Cómo ves el resultado del trabajo?

R.G.M.: Nuestra idea era que aunque se hiciera en formato digital, las ilustraciones tuvieran un recorrido. Siempre hemos pensado que tenía que tener un aspecto muy poco digital, que pareciese que se habían hecho con planchas de xilografía antiguas. Darle ese toque de texturas y de material tradicional. Con la idea, además, de que en un futuro se pudiesen imprimir en papel e incluso sacar carteles.

I.d.V.: El relato es bastante corto. Tienes una primera parte en la que, creo yo, es más fácil hacer la ilustración. Tienes el soporte de los personajes. Luego hay una segunda parte, con la descripción de las características astronómicas de un mundo imaginado, más complicada, ¿no?

R.G.M.: Sí que ha sido la más difícil. Porque la primera parte era un relato muy visual, muy fácil de traducir a imágenes. Pero la parte de las descripciones astronómicas fue muy difícil. Sobre todo el diseñar imágenes que no resultasen aburridas. Lo que hicimos finalmente fue recurrir a iconografías antiguas de astronomía y darles una vuelta para que encajasen visualmente. Incluso nos atrevimos con formas abstractas. Pero realmente la base son iconografías tradicionales. Digamos que hay un trabajo de reinterpretación de grabados antiguos de astronomía de la época. Lo bueno de los científicos del siglo XVI y XVII es que ellos tenían que dibujar su propios diagramas para ilustrar sus descubrimientos. A través de este material logramos afrontar la visualización del libro.

I.d.V.: La segunda parte, la astronómica, es de difícil comprensión. Es difícil de seguir. Pero las ilustraciones ayudan mucho. Uno se dice: “Ah, a lo que se está refiriendo Kepler es a esto”. Tú has tenido que hacer el trabajo del lector común que se esfuerza, a veces en vano, en leer algo muy abstracto.

R.G.M.: Ése es mi trabajo. Estoy muy acostumbrado a realizarlo. Coger ciencia pura, que en crudo es muy difícil de entender, y transformarla en un lenguaje visual que todo el mundo puede leer con comodidad.

I.d.V.: ¿Tu trabajo es entonces una reinterpretación?

R.G.M.: Eso es. Reinterpreto el concepto científico y lo traslado al lenguaje visual que es el que todos entendemos. No hace falta saber de ciencia para entender un dibujo. Eso es lo más grande que tiene la ilustración. El problema es que es difícil de hacer. Conlleva un esfuerzo: hacer muchas pruebas, muchos bocetos. Probando las cosas desde distintos puntos de vista. Refrescar la mente es fundamental: en muchas ocasiones estamos muy marcados por la forma tradicional de representar el conocimiento que poseemos del mundo. A veces tan solo hace falta darle una vuelta a las imágenes y a los conceptos y de pronto ¡funciona! Los conceptos astronómicos son muy tridimensionales, esferas y órbitas, y si lo trasladas a un soporte en dos dimensiones surgen esas circunferencias y esos anillos que es la forma racional y natural de visualizarlo.

I.d.V.: Creo que en el libro esas formas racionales quedan algo distorsionadas, ¿puede ser?

R.G.M.: Eso formaba parte del estilo del libro. Una pequeña deformación de las proporciones naturales para obtener un resultado más fresco.

I.d.V.: En tu página web se puede acceder a tu trayectoria como ilustrador científico. En ella encontramos muchas ilustraciones de dinosaurios. Una parte importante de tu trabajo es imaginar cosas, diseñar imágenes de seres que no has visto. Cuéntanos algo sobre cómo haces esas ilustraciones y por qué.

R.G.M.: Llevo mucho tiempo ilustrando. Jugaba con mi primo, que ahora es paleontólogo, a dibujar dinosaurios de pequeño. Lo tengo absolutamente interiorizado: veo un hueso y automáticamente pienso cómo se puede reconstruir el animal completo. Hay una serie de reglas: fijarte en animales actuales es un procedimiento común. Te permite alcanzar un resultado que funcione. Hay otra parte muy relacionada con la creatividad. Por ejemplo, los colores de los dinosaurios no se conocen a ciencia cierta. Ahí es donde puedes dejar volar tu imaginación. Por lo demás son animales que vivieron en un universo físico, el mismo que nosotros, y tienen que funcionar igual. Los músculos tienen que cumplir reglas análogas. Se puede recurrir a los animales actuales para reconstruir ese animal extinto y del que no tenemos fotografías ni vídeos.

Digamos que se pueden hacer apuestas razonables. Nadie sabe exactamente cómo eran. Mirando los animales que tenemos hoy en día y estudiando los restos de los animales extintos, podemos hacer apuestas lógicas. Por ejemplo, si un animal, en la actualidad, tiene muchos dientes finos para comer pescado y encontramos ese mismo patrón en un animal extinto, nadie lo puede asegurar al 100%, pero es una apuesta razonable que ese animal comía pescado.

I.d.V.: ¿Por lo que no se dibujan dinosaurios rosas?

R.G.M.: Claro. Son improbables. No hay ningún animal rosa en la actualida. Perdona, sí los hay con partes pero asociados al display sexual. Cuando vemos un dinosaurio una estructura que puede servir para el display sexual, función reproductora o para la comunicación entre especies. Hay veces que entonces se dota a la ilustración con esos colores más llamativos.

I.d.V.: ¿Como un pavo real?

R.G.M.: Eso es.

I.d.V.: ¿En tus ilustraciones de dinosaurios hay partes que cumplen esa misma función?

R.G.M.: Sí. Por ejemplo algunos los dibujo con piel desnuda de plumas o plumas especiales para comunicarse con otros individuos de su especie. En esas partes puedes introducir colores llamativos si están presentes en parientes cercanos que han sobrevivido hasta ahora. Las aves, por ejemplo, son los representantes vivos más cercanos a los dinosaurios. Si ves un color de display sexual en las aves, lo puedes utilizar en un dinosaurio sin ningún problema. De todas formas, en la actualidad hay dinosaurios de los que sabemos exactamente su color. Han descubiertos ciertas células en los fósiles que permiten extraer información sobre el color del animal. Poco a poco se van llenando los huecos en el conocimiento de los dinosaurios. Cuanto más se conoce de los dinosaurios menos apuestas hay que hacer.

I.d.V.: ¿Cómo te ves a ti mismo: como un artista o como alguien comprometido con el avance científico?

R.G.M.: Para mí es un 50%-50%. Yo creo que para la ciencia es fundamental que haya divulgación científica. La mejor manera de hacer divulgación científica es, en mi opinión, con imágenes. Si muestras un hueso incrustado en una roca, aburres al espectador. Si haces una película con un Tyrannosaurus rex, todo el mundo queda encantado con tu dinosaurio. Consiguiendo que la gente se interese por un campo de la investigación científica, consigues que ese campo se desarrolle. Más gente entra en esa especialidad. Los niños que sueñan ahora con ser paleontólogos en el futuro acabarán trabajando en ese campo, aportando avances. Eso hace que la ciencia se desarrolle. Esto vale tanto para el campo de los dinosaurios como para cualquier otro.

I.d.V.: ¿La divulgación está, según me dices, para promover y también para hacer entender mejor? Hay que explicar el concepto.

R.G.M.: Eso es. Hay conceptos que si los explicas en un texto tienes que gastar páginas y páginas y no lo cuentas tan bien como con una imagen. El dicho “Una imagen vale más que mil palabras” en la divulgación científica es absolutamente cierto.

I.d.V.: Sobre la tradición en las representaciones científicas: pesa mucho, ¿no?

R.G.M.: Son herencias. Aunque a veces son un sesgo. Por ejemplo, la típica imagen de la evolución humana desde el monito hasta el ser humano. Va andando y poco a poco va evolucionando ¿Sabes cuál te digo? Pues es totalmente falsa. Con ella se tiene la sensación de que cada eslabón da lugar al siguiente. La evolución funciona de una forma totalmente distinta. En verdad somos hermanos, cada rama se ramifica y representa especies hermanas. Esa imagen que está tan anclada a la cultura popular hace que la gente entienda mal la evolución. Es muy difícil enseñar cómo funciona realmente la evolución porque esa imagen tiene una gran capacidad de permanecer en la cultura popular ¡Hasta aparece enLos Simpson! La imagen es potentísima al transmitir un conocimiento. Pero a la vez es un peligro porque a veces no trasmite fielmente el concepto . De ahí la importancia de que las ilustraciones científicas sean rigurosas para evitar los malentendidos.

I.d.V.: ¿Debe ser unívoca pero a la vez atractiva?

R.G.M.: Por ejemplo, a mí no me gustan algunas representaciones que se hacen habitualmente de los dinosaurios. Esos escorzos muy forzados, casi mirando a la cámara o al lector ¡Parece que te va a morder! Con esa perspectiva no se percibe cómo es el dinosaurio. La mejor forma de representarlo es de perfil. Si trabajas con una perspectiva tan espectacular estás perdiendo la descripción fiel de las proporciones del animal. Hay que buscar un equilibrio entre lo que es atractivo para el público y lo que es fiel a la información científica que hay detrás.

I.d.V.: Otra parcela distinta de tu trabajo es la representación fiel de un espécimen que sí está ahí. Que lo puedes ver y tocar sin necesitar de hipótesis. Es el trabajo que haces en el botánico. ¿Cómo es esta otra faceta?

R.G.M.: Es muy distinta. Primero, la ilustración está hecha para un público totalmente distinto: la comunidad científica. No lo ve el público general. Eso implica que hay información presupuesta, que no necesito mostrar, y otra información relevante que tengo que representar. Pero con un problema añadido: con los dinosaurios nadie me puede decir nada porque nadie sabe cómo eran realmente, podemos discutir sobre ello, pero con una planta que ilustro para el botánico me pueden demostrar que me he equivocado porque podemos acudir al ejemplar. Lo puedes comparar. Hay que ser mucho más riguroso. El tipo de ilustración que realizamos, con línea y puntos, es complicada: los puntos se pueden confundir con pelos. Hay que distinguir el espécimen con pelo y sin pelo. Esto es solo un ejemplo. Hay cientos de problemas por el estilo. Este trabajo te obliga a ser mucho más riguroso.

I.d.V.: De nuevo la tradición. ¿Es un código que el científico entiende? Porque la estructura de esas láminas se parece mucho a la ilustración del siglo XVIII.

R.G.M.: La gente que conoce el código recibe una información muy rica que un lego no distinguiría. Hay una tradición botánica de doscientos años. Si funciona y se ha mantenido hasta ahora es que es eficaz. Hay que respetarlo. Por ejemplo: los elementos de una flor se colocan de fuera hacia dentro. El hábito, que es la representación de la planta en general que ilustramos, te recuerda inmediatamente a las láminas del siglo XVIII ¿Por qué? Porque tienen que servir al mismo propósito: que los investigadores de cualquier punto del globo las entiendan. Es un lenguaje, una gramática visual. Todos los científicos en todas las partes del mundo lo van a entender de la misma forma.

I.d.V.: ¿Por qué con los medios actuales se sigue trabajando con una ilustración tradicional y no se escanea y se digitaliza o se le hacen mil fotografías alrededor?

R.G.M.: Muy fácil. Para empezar, las plantas que utilizamos son plantas que están normalizadas. Llevan un código y están registradas en la colección. Para conservarlas están prensadas y deshidratadas. Al prensar y secar una planta tridimensional se pierde su estructura tridimensional. Por lo que hay que reconstruir esa estructura tridimensional. Volvemos a lo mismo. ¡Se parece a lo que dijimos de los dinosaurios! Si tengo una rosa, por ejemplo, la aplasto y la seco pues deja de parecerse a una rosa fresca y con su estructura. Parte de mi trabajo es coger esos pliegos de plantas secas y reconstruir su estructura. Eso con una foto no se puede hacer. Hay, por lo tanto, una parte creativa.

Pero además hay otro factor importante: en estos dibujos estamos intentando representar la especie. Una foto representa solo una planta de esa especie. En estos dibujos tratamos de ilustrar una planta que no es ninguna de las que estamos dibujando sino todas en conjunto. Posee unos caracteres que deben representar los de esa especie y no los de ese individuo concreto.

I.d.V.: ¿Hay una idealización, entonces?

R.G.M.: Claro. No podemos hacer un retrato de un humano para representar a la especie. Hacemos otra cosa diferente, cogemos los rasgos de la especie humana completa y los dibujamos. No estamos dibujando un individuo en concreto sino la especie. La foto capta solo la información de un individuo.

I.d.V.: Ya que no hay una persona detrás que pueda abstraer los defectos, por ejemplo, ¿no?

R.G.M.: En parte esa también es mi función. Me dan de la misma especie, por ejemplo, tres pliegos diferentes. Con esos tres pliegos y la descripción en texto de la planta, yo tengo que entender y comprender la planta y montarla en mi cabeza, ya que debo pasarla al papel con toda la información, no con la de una sola planta. Hay veces que una de las plantas tiene partes destruidas. Entonces tengo que juntar una parte de una con otra parte de otra. Necesito hacer una traducción de esos pliegos, de la colección, a algo visual.

I.d.V.: ¿Haces un monstruo? Cachitos, si lo quieres así… ¿una manta con retales?

R.G.M.: Exactamente.

I.d.V.: En relación con la gente que le gusta la ciencia pero que se le va un poco: ¿haces ilustraciones de extraterrestres?

R.G.M.: Alguna cosa he hecho. Siempre estoy buscando nuevos campos… Lo primero, para comer. Hay que ser generalista dentro de la ilustración científica para encontrar más trabajo. Yo lo he hecho aunque más como diversión o para probar nuevas técnicas. El problema de los extraterrestres es que poseemos el mismo desconocimiento que Kepler con lo que tenemos más lejos. Ahora soñamos con el espacio lejano cuando Kepler soñaba con lo que tenemos al ladito, un poco más allá de la luna. Yo, como biólogo, creo que es imposible que seamos el único planeta con vida. Además ¡es muy divertido pensar qué en lo que puede haber! Incluso aplicando lo que sabemos de lo que hay aquí: viendo lo que tenemos aquí cómo podría ser lo que hay por allí. Es, en cierta forma, lo mismo que hablamos con los dinosaurios.

I.d.V.: Otro tema que no sé si has tocado es el asunto de las fotografías de galaxias lejanas, de las nebulosas. La información que recibe el astrónomo no es ésa: son más bien tiras de datos en modo texto. Pero que hay un equipo de ilustradores detrás transformando esa información en atractiva ¡coloreándola!

R.G.M.: Es una manera de hacer legibles esos datos que el científico recibe. El científico, como está metido en su mundo, es capaz de ver el código que hay detrás. Es capaz de ver en un amasijo de plantas secas o de bits la información trascendente que hay detrás. Hace falta que alguien traduzca esto a un lenguaje visual de andar por casa. Por eso es importante la ilustración científica. Porque es capaz de traducir esos datos científicos muy duros de entender para que todos podamos acceder a ellos. Aunque se tomen licencias. Obviamente, los colores que tú decías no tienen que ser así exactamente, quizá no haya ni colores que dibujar, pero hacen que la gente entienda cómo funciona el cielo.

I.d.V.: ¿Y le resulte bello?

R.G.M.: Le resulte bello, interesante, etcétera. Es algo que se retroalimenta.

I.d.V.: Creo que hablas de que hay que llegar a un compromiso ¿limitar la fidelidad para hacerlo atractivo?

R.G.M.: Hay un trayecto. El camino va de la mente del científico, que está embebido en el asunto que él trabaja. Solo en ese tema. No le hables de otra parte de la ciencia porque se pierde. El otro extremo del camino es la gente normal. Hay que quedarse entremedias. Hay que conseguir realizar un punto de conexión. El científico debe quedar contento pero la gran masa debe llegar a entender los resultados. Además de entenderlo le ha de resultar interesante.

I.d.V.: Trabajas mucho en formato digital. Por ejemplo en el Sominum. Pero tu trabajo en el Botánico parece más tradicional ¿no?

R.G.M.: No exactamente. Mi trabajo en el Botánico es el compendio de cómo trabajo yo. En el jardín yo empiezo en el herbario con un cuaderno de bocetos con un lápiz y un borrador. Ese trabajo de bocetos me lo llevo a casa y lo escaneo. Ahí empiezo a trabajar en digital, donde entra la manipulación con photoshop o la pintura digital para corregir cosas que no he podido reflejar en el boceto. Incluso puedo llegar a montar pequeñas estructuras con herramientas 3D para reconstruir las información tridimensional que se han perdido en el prensado de la muestra. En el Jardín Botánico toco todos los palos, desde un boceto de toda la vida hasta pintura digital y la fotomanipulación, así como renders, iluminación y modelado en 3D. Al final, la lámina que yo entrego y que se escanea para ser pasada al herbario, antes ha de ser pasada a tinta. Esto es porque el proyecto del herbario empezó en el año 80 y desde el principio las láminas son de papel poliéster con tinta china. El formato debe permanecer. Éste es el trabajo ideal para mí. Paso por todo el proceso. Me gusta trabajar así, combinando todo. Otra cosa es que por el tiempo o los requerimientos del proyecto no llegue a trabajar como he descrito. Pero yo intento recorrer, en la medida de lo posible, todo el proceso. Intento combinar todas las herramientas, principalmente porque ninguna es 100% eficaz. Siempre hay alguna cosa que me resulta más fácil hacer de otra manera.

I.d.V.: El tema tan manido del mundo digital, ¿no?

R.G.M.: Exacto. Yo intento no tener complejos en ese sentido. Si el proyecto lo permite porque al final se puede sacar el arte final de esta manera, yo intento mezclar fotografía con dibujo, con pintura digital, con renders en 3D. Todo me viene bien. La idea es hacer una cosa en que, con el menor tiempo y el mejor resultado, encajen todos los distintos métodos de trabajo.

I.d.V.: Aparte de estudiar Biología, ¿cómo te has formado? ¿Cómo se convierte uno en ilustrador científico?

R.G.M.: De pequeño siempre jugué a dibujar. Además a dibujar animales. Siempre animales o temas de naturaleza. Cuando estudié la carrera, en paralelo dibujaba lo que estaba aprendiendo. Hay además una tradición de ilustración científica, pero esa tradición siempre ha funcionado de forma autodidacta. Empiezas copiando cosas, lo que ha hecho la gente. Después te dices: “¡así se podría hacer mejor de otra manera!”. Y vas probando.

I.d.V.: No hay un máster en ilustración científica. ¿La formación es autodidacta?

R.G.M.: No existe otra forma. Hace un año gané un concurso de ilustración científica y me hicieron una entrevista. La colgaron con el enlace a mi perfil de Facebook para que la gente me preguntase. ¡No sé cuántos mails he recibido este año! Parte de esa gente me preguntan dónde se puede estudiar ilustración científica. No existe ese sitio, porque combina dos cosas que son muy difíciles que se den en la misma persona. Yo soy un chalado y me ha dado por ahí. Tienes que saber dibujar. Eso es toda una rama del aprendizaje que yo hice desde pequeño pero que he tenido que continuar con el tema del 3D y la ilustración digital. Porque yo veía las películas que se hacían y sabía que lo habían hecho digitalmente…

I.d.V.: ¿Jurassic Park?

R.G.M.: Por supuesto. Me digo ¡Tienes que poder hacer eso! Pero es muy difícil tener acceso a ese conocimiento. Al final, en Internet están los tutoriales y el material que necesitas. Te toca eso: horas y horas de buscar en Internet ¡en la época del módem! En dibujo tradicional complementé lo que sabía con algunas clases en mi pueblo. El caso de la biología, eso te lo tienen que enseñar en la universidad. Es muy difícil aprender por tu cuenta. Al final tengo esa mezcla de esos dos mundos tan diferentes. Luego, por supuesto, me quedan muchas cosas por aprender. Llevo un año en el Botánico y de la primera lámina que hice a la que hago ahora hay una gran diferencia.

I.d.V.: Al final, de un hobby, el dibujo, y de una carrera universitaria, has conseguido desarrollar una profesión muy peculiar y muy especializada porque ¿cuántos sois en España? ¿Cuatro o cinco?

R.G.M.: Pasa una cosa muy curiosa. En España hay mucha gente que hace ilustración científica. Gente muy buena. Por ejemplo, de los diez mejores paleoilustradores del mundo, ilustradores de paleontología, dos son españoles. El mejor ilustrador de dinosaurios que hay ahora mismo es español. El mejor ilustrador de homínidos, de fósiles del linaje humano, es también español. La gente que hace las infografías para National Geographic es casi toda española. No sé por qué es, pero en la ilustración científica funcionamos bien. Hay poca gente pero de gran nivel. Por suerte o por desgracia estoy aquí, pegándome con los mejores. Pero eso también me beneficia. Esto es como en la naturaleza: la competencia te hace mejor.


Román García Mora

En 2000 comenzó la carrera de biología en la que trabajó la acuarela y el dibujo realizando dibujos científicos, a la vez que compaginaba sus estudios con la pintura artística. A finales de marzo realizó su primera exposición individual, del 27 de marzo al 11 de abril en la Fundación Egido de Pinto, que se estrenó también como galerista. En total 37 obras con distintas técnicas: óleo, acuarelas, tinta china, lápices y pintura digital.

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Redacción de Ámbito Cultural

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