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Un recuerdo para Antonio Sarabia.

El escritor mexicano afincado en Lisboa falleció el pasado 3 de junio.

Escrito por Fede Nogales

Conocí a Antonio Sarabia en casa de José Manuel Fajardo y Karla Suárez. Ese día habló poco y  lo hizo bajito. Vestía ropa oscura, un jersey negro de cuello alto. Era un caballero con clase y con ese toque de misticismo que impresionaba por el hecho de estar cerca de él. Fajardo, en un aparte, aumentando esa sensación, me dijo que era uno de los grandes. Una exageración debida a la amistad y al vino portugués, pensé. Me equivoqué.

Hace casi treinta años la gran Carmen Balcells recibió el manuscrito de una novela cuyo protagonista era Lope de Vega: se llamaba Amarilis. Para quien la ha leído, es fácil imaginar lo que debió de pensar y comprender cómo la agente literaria de escritores como Vargas Llosa, García Márquez o Rosa Montero (y básicamente todos los grandes escritores latinoamericanos desde el Boom) decidió acoger a este escritor mexicano cuyo bagaje literario era más bien escaso y a quien ya no se podía presentar como un autor joven.

En 1991 Amarilis veía la luz. Si en la ESO, llegado el momento de estudiar el Siglo de Oro, los jóvenes leyeran esta novela, el país correría un serio riesgo de quedarse sin científicos y ganar muchos adeptos a las humanidades. Para mí, que ya había dejado atrás los estudios hacía mucho, su lectura me regaló un nuevo (viejo) Madrid: el Madrid de un Lope de Vega sacerdote y enamorado, el Madrid de los corrales, las comedias, las intrigas callejeras o las más bajas, las palaciegas, y la genialidad de los escritores que en él habitaban. Después de Amarilis, pasear por Madrid nunca volverá a ser lo mismo.

Más tarde vendrán otras novelas como Los avatares del piojo, El retorno del paladín (la primera novela que escribió), El cielo a dentelladas, Troya al atardecer, Los convidados del volcán, Los dos espejos y, a punto de ser publicada en España, No tienes perdón de Dios, novela negra que ya ha visto la luz en Francia con bastante buena aceptación.

El género que más trabajó fue la novela histórica, con su estilo personal y un control del lenguaje y los tiempos que le permitía crear situaciones y personajes que iban más allá de la propia novela. También escribió El refugio del fuego, con el fotógrafo Daniel Mordzinski, y Primeras noticias de Noela Duarte a seis manos con José Ovejero y José Manuel Fajardo. Además, el libro de relatos Acuérdate de mis ojos donde no solo demuestra que podía manejarse con múltiples géneros literarios con maestría sino que también homenajea a amigos como Luis Sepúlveda o Rosa Montero.

Decía al principio que Antonio, siempre Antonio, era mexicano. De hecho, era muy mexicano, vestía ese patriotismo que calzan los que viven lejos de casa, sin accesorios ni alardes. Lo era, lo disfrutaba y lo disfrutábamos los demás. Era de esas personas que escuchaban más que hablaban, como esperando su turno, siempre caballero. En sus setenta y dos años (serían setenta y tres el 10 de junio) cabían muchas historias y muchas enseñanzas. Hablaba como escribía, no regalaba nada que no mereciese ser agradecido y, si grandes son sus libros, imperdibles eran sus conversaciones.

Fue un escritor genial y diferente por distintas razones. A las puertas de ese mundo donde, por fin, la buena literatura se une al best seller, casi por decisión propia se mantuvo en un segundo plano, más bien un plano paralelo donde uno puede decidir, después de años viviendo en París, emigrar al sur, a la ciudad de la saudade, Lisboa, donde el tiempo sigue pasando pero no se cuenta. Donde también llegaron otros de sus amigos escritores, de esos a los que llamar hermanos. Donde poder convertir cualquier viernes en un mariachi a dos voces y descubrir que lo mejor de Uruguay sigue teniendo apellido italiano.

Y es en Lisboa, en el Cementerio dos Prazeres, en el Panteón de los Escritores Portugueses II, junto a otro Antonio, Tabucchi, allí donde crece musguito en la piedra, donde se quedará para siempre Antonio Sarabia.

 

(Fotografía de Fede Nogales).


Amarilis

Amarilis
Autor: Antonio Sarabia
Editorial: Verticales Bolsillo
Páginas: 448
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Sobre el autor

Fede Nogales

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