Críticas

“Años lentos”, de Fernando Aramburu

Los años lentos
Avatar

Terrorismo y literatura en “Años Lentos”, la última novela de Aramburu y VII Premio Tusquets de Narrativa: una completa pintura de una época y de una tensa situación social: el País Vasco en el momento del nacimiento de la banda terrorista ETA.”

 Al contrario de lo que su título pueda sugerir, Años lentos no es una novela cansada o agónica: el ritmo de este drama realista ambientado en el San Sebastián de finales de los 60 es intenso, engañosamente amable, con el ritmo que impone la prosa elaborada de Aramburu y unos diálogos que resultan directos como balas.

El juego que plantea la novela, el aspecto clave pero también el más sospechoso, tiene una doble perspectiva: el narrador envía unas cartas en las que relata su niñez al propio Aramburu y así el escritor realiza anotaciones para lo que será su nueva novela, basada en esos recuerdos. De este modo la novela se balancea entre la historia principal y esos detalles adicionales que añade el escritor: conversaciones que no han ocurrido, escenas que nunca se pudieron ver. Se trata de una completa pintura de una época y de una tensa situación social: el País Vasco en el momento del nacimiento de la banda terrorista ETA. Pero también de cómo se vuelca una vivencia real en una novela, qué aspectos son interesantes para el escritor, cuáles superfluos, qué información considera necesario ampliar y cuál dejar en la sombra.

A través de las cartas y de sus apuntes, Aramburu dibuja un fresco palpitante de una familia de la época y de cómo el terrorismo deja una huella imborrable en cada uno de sus miembros. Enfrentarse con este tema entraña un peligro: la sensación de andar en la cuerda floja en cuanto al tópico, no ya por el uso de cierto aire costumbrista, sino por no permitir que el tema coja vuelo, se desplace de la realidad a otros techos matafóricos. La sospecha se eleva desde las primeras apariciones de algunos símbolos (el cura, las banderas, las menciones a lo “no vasco”). Sin estos símbolos la historia se hubiera podido encuadrar en cualquier otra época, hubiera perdido su esencia, esto es, plasmar las inquietudes y los nubarrones de una familia en un escenario político y social muy definido. Quizá demasiadodefinido. Aquí se espera que los apuntes retuerzan las expectativas, les hagan un lavado de cara para pasar por encima de la obviedad del terror en sí; pero esto parece ir en contra de los propósitos del autor (¿Aramburu? ¿El autor-personaje? No importa; nos lleva hacia una única orilla): la novela será corta, o no será, vemos escrito en uno de los capítulos.

Por eso, el tema del terrorismo, aunque vital por su importancia histórica palidece frente al resto de las historias. Algunas realmente brutales, sacadas del realismo mágico de García Márquez, aunque en ellas los diálogos no entiendan de secretos y las zonas oscuras no lo sean tanto. Estas historias se mueven en un terreno resbaladizo pero muy fértil, frente a la vacuidad (por extendida) del tema de ETA. La duda llega cuando sentimos que estos pasajes hubieran funcionado igual en otra novela: son lienzos que se podrían haber encuadrado en diferentes marcos, lo que juega en contra del equilibrio de la obra.

Aún y todo, no hay que olvidar que el autor retrata un momento y una situación muy concretos y que la novela funciona muy bien como paradigma de esos años, utilizando una prosa que se balancea entre la crudeza de lo familiar y la elegancia de los detalles cuidadosamente elegidos, más estilizada de lo que a primera vista puede parecer. De esta forma es como las desgracias, los momentos de ternura, todo en la novela se encadena sin perder de vista el eje principal: el núcleo familiar y su descomposición.

Así la ambientación y la trama funcionan pero el juego literario que plantean los apuntes del escritor se disuelve. El equilibrio se rompe: es verdad que los apuntes añaden detalles; que crean un ejercicio de metaficción que nos permite recorrer el camino del escritor; y que hace que seamos conscientes del vacío (y de cómo se llena) entre lo real y lo inventado. Lo que ocurre es que se limitan a rascar la superficie. La historia se bloquea entre dos paredes cuando podría haberse desbordado de forma deliciosa. Una cosa está clara: si el objetivo que pretende Aramburu es mostrar que la realidad (esa realidad del pueblo vasco) supera a la ficción, estamos ante un ejercicio magistral; si el objetivo fue que la literatura trascendiera ese terror, nos quedamos a medio camino, pero en cualquiera de los dos casos, la lectura de Años lentos plantea preguntas y es muy capaz de no dejar a ningún lector indiferente.


Años lentos

Años lentos
Autor: Fernando Aramburu
Editorial: Tusquets
Páginas: 224
Comprar

 

Valora la calidad de este artículo

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (Ninguna valoración todavía)
Loading...

Sobre el autor

Avatar

Mikel Rey Fernández

Escribe tu comentario

Send this to a friend