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Así fue: Machado, “El poeta de las tardes solitarias” Taller de poesía #LDeLírica

«Poesía: «la palabra esencial en el tiempo»

Resulta tan exótico y atractivo comenzar un Taller de Poesía con asistentes desde puntos geográficos tan dispares… Medellín, Huelva, Las Rozas, Valencia, México… Italia. Si Gonzalo Escarpa es capaz de convocar a este escenario virtual un sábado por la mañana para hablar de poesía, ¡esto promete!

Antes de meternos de lleno en la figura de Antonio Machado, nos detenemos unos minutos para citar, poco más, a las mujeres que se quedaron pendientes de aparecer en ese marco de poesía volcánica mexicana. Brevemente, Concha Urquiza, Rosario Castellanos, de la que nos recomienda la película “Los adioses”, Elena Garro –que vivió y escribió contra su ex marido Octavio Paz–, Guadalupe Amor y el poema atribuido a Frida Kahlo “Mereces un amor que te quiera despeinada”.

Y ahora sí, ahora entramos en la imagen del poeta que nos concierne, Antonio Machado.  Se le conoce como perteneciente a la Generación del 98. Absolutamente modernista, tendrá muchos rasgos del Romanticismo tardío y van a coincidir con él simbolismo y parnasianismo. De Antonio Machado decían que era capaz de hablar en verso. Sus influencias máximas: Bécquer y Rosalía de Castro. Después depurará su estilo hasta acercarse a la sobriedad de su expresión.

Junto a su hermano Manuel, se entregará a la vida bohemia madrileña. Machado invita a desconfiar de sus propias definiciones y Gonzalo nos invita a no perdernos su Juan de Mairena. Nos hablará de su propia poesía: «es la palabra esencial en el tiempo». La poesía moderna buscará en el absoluto pero sabiendo que el tiempo se termina: esencialidad y temporalidad. Su idea será siempre estar a la altura de las circunstancias.

En 1903 aparece Soledades. Lo que irá haciendo es incorporar poemas a sus libros ya publicados. Y compartimos pantalla con los primeros poemas que nos trae Gonzalo: “La plaza y los recuerdos encendidos” (que nos pone en contacto con los universales del sentimiento) o el famosísimo “Retrato” (Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla), donde nos hablará de la poética de la época. Con el libro de Soledades hablará del tiempo, la muerte, el problema de Dios… la vida entendida como algo doliente y azaroso. No tratará mucho el tema del amor, lo entenderá como algo platónico (“galán de amor soñado, fingido”). La soledad entendida como los franceses, el hastío ante la monotonía… el “spleen”. El paisaje para Machado será un estado de ánimo.

Gonzalo nos va dejando diferentes poemas, como este sobre el hecho de pensar, una preciosa forma de hablar sobre la forma del creador:

Cabeza meditadora,
¡qué lejos se oye el zumbido
de la abeja libadora!
Echaste un velo de sombra sobre
el bello mundo, y vas
creyendo ver porque mides
la sombra con un compás.
[…]

Y nos vamos a Campos de Castilla. Una edición maravillosa, ilustradísima, aparece en nuestras pantallas. 1912. Época muy difícil para Machado porque ha fallecido Leonor Izquierdo (la que fuera su esposa y musa). El énfasis se pone en lo de fuera, en lo que contempla, en el propio país… y es que a Leonor la conocería cuando ella apenas tenía 13 años, se casaron a los dos años siguientes y cuando cumple los 18, muere. Triste, desolado… intentará quedarse con la belleza de la naturaleza:

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
[…]

Fusión alma/paisaje… la visión lírica de la naturaleza y el amor y  a su vez la visión crítica (dolorosa y triste de la ignorancia, de los dolores de España). Se irá a Baeza como profesor. Después a Segovia donde escribirá sonetos complejos. Aquí será otro Machado más.

Y la anécdota 1927: elegido miembro de la Real Academia de la Lengua, pero nunca tomará asiento, lo rechaza. En 1928, aparece Pilar de Valderrama, conocida como Guiomar, quien le pide amistad sincera. Octubre 1931, la República le concede la cátedra de francés. Alberti y León Felipe le dicen que se tiene que ir de Madrid, que no debería quedarse. Acabará en Colliure, Francia. Machado muere allí y su madre junto a él. Antes de enterrarlo, encuentran una nota pequeña en su gabán: «Estos días azules y este sol de la infancia», pensaba en Sevilla, infancia, cielo… En su tumba, se ha convertido en costumbre que los visitantes le dejen cartas que después se catalogan en la Casa de Machado.

Y decimos una vez más “adiós” a Machado, no sin antes comentarnos saber algo maravilloso: si escribimos una carta, y escribimos en el sobre “Antonio Machado, Colliure”, esa carta la depositan en el buzón de la tumba de Machado, ¡qué mejor homenaje!

Sobre el autor

Mila Valcárcel

Mila Valcárcel

Milagros Valcárcel es coordinadora de la sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Callao.

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