Críticas

“Cabeza de ciervo”, de Francisco Miguel Espinosa

cabeza de ciervo

Francisco Miguel Espinosa posee una imaginación enferma. Eso para empezar. Idea en su cabecita una historia perversa, grotesca, retorcida y sórdida. Escribe rápido Espinosa, cada palabra un balazo, y en unos meses la tiene, la novela (soy testigo de ello). Pues bien, esta novela tiene una particularidad: esta novela se ve. Y también se huele. Incluso se palpa. Al leer Cabeza de Ciervo no puedes evitar visualizar cada espacio, oler cada escena, tocar cada muerto. Estás dentro. Y, como pasa con las películas de terror, a pesar de saber dónde te estás metiendo, no puedes dejar de mirar.
Tenemos un título evocador, Cabeza de ciervo. La imaginamos disecada, olemos el polvo sobre el cuero, sobre una piel seca y muerta exhibida como un trofeo. Nos preguntamos qué hay detrás, Daniel Expósito nos lo pone de frente. Es el responsable de la portada del libro, sencilla pero efectiva: bien podría ser un cartel de cine. Te abre el apetito de rojo. Más aún la advertencia de Bueso: Leer este libro es como despertarse desnudo y borracho en una morgue.

Cruzamos el umbral de la portada. Nos encontramos un informe de homicidio: el del sheriff Earl Hilliard. Le han dado puerta a mazazos. Al cadáver le faltan cabeza y ambos fémures. No hay testigos. La siguiente página muestra una carta de un peculiar tarot: representa un hombre joven entre colinas, sujeta un sombrero de paja en la mano derecha, en la izquierda una guadaña. Es El Jardinero. Debajo, una cita de Macbeth que ya nos pone sobre aviso: Nada en su vida fue tan oportuno como su salida de ella.

Y después el Gallo. El Gallo mayúsculo y en mayúscula. Un toque grotesco, una imagen que nos atrapa desde el primer momento, la única buena razón para visitar Abismo. El Gallo, corolario de la existencia de Abismo. Abismo: tenemos escenario. Un pueblo perdido en el culo del mundo. Con su cartel a la entrada, junto a la carretera, que reza: Bienvenido a Abismo. Con su calle principal, su tienda de licores y su cruce de caminos. Con su plaza y su ayuntamiento en ruinas, con su comisaría y sus calabozos. Con su bar con cartel de neón y máquina expendedora de Coca-Cola. Con su casa de huéspedes y su iglesia, con su cine al aire libre y su cementerio. Con sus casitas con porche y ranchera a la puerta, con su par de mansiones adosadas: la villa. Esto se parece más a un decorado que a un lugar real, nos lo dice el narrador, que de cuando en cuando opina, a veces como si pensara en voz alta, y otras para dar un toque en el hombro al lector poco espabilado. Queda dicho, dice. Mantente alerta, viene a decir.

Claro está, a cada escenario le corresponde un personaje. En la villa viven las ancianas viudas Charlotte Cooper, dueña del cine y Evolet Samson, peculiar consorte espiritual de Abismo. Una tercera viejita, Alyn O’Quinn, se encarga de regentar la casa de huéspedes “Happy”. ¿Qué sería del pueblo sin sus tres ancianitas más queridas? ¿Que sería del cementerio sin su decrépito enterrador o el bar de Lew sin Lew? ¿Qué sería del ayuntamiento sin alcalde, qué sería del alcalde sin consejo municipal? ¿Qué sería de la iglesia sin el reverendo Aldous Fibber y sus prodigiosas misas? ¿Qué sería de las flores del cementerio, de la iglesia o de la villa sin los cuidados del Jardinero Randall?

En Abismo cada uno tiene su papel y cumple su función. Así que, ¿Qué será de la oficina del sheriff sin sheriff? Por ahora, hasta que el consejo municipal decida a quién asigna ese papel, la investigación está en manos del ayudante del sheriff Robert Callaghan, un hombre alcohólico, gordo y fracasado, al que todos toman por imbécil. ¿Conseguirá Callaghan detener al asesino que amenaza con lanzar Abismo al abismo?

Cabeza de ciervo podría definirse como una novela intergenérica: se mueve entre la novela negra y el thriller, el realismo sucio y lo gore. Espinosa sabe cómo ponerte nervioso. Cómo producirte arcadas. Cómo engancharte a una historia aunque te huelas desde el primer momento que todo está podrido. Espinosa sabe, sí. Soy testigo de ello. Pero Espinosa es muy joven aún. Tenemos suspense: ¿qué diantres escribirá Espinosa en tres, cinco, diez años? Nos olemos la respuesta, solo queda esperar el próximo estreno.

Cabeza de Ciervo debería venir con un aviso como los de las películas de terror: esta novela contiene imágenes que pueden herir su sensibilidad. No apta para menores ni cardíacos. Pero no, en su lugar viene con esa portada que llamaría la atención de cualquier chaval, por ejemplo Luca, de 14 años. No le gusta leer a Luca, o eso dice: Cabeza de ciervo le duró tres noches. Le pregunté qué tal. Me dijo que le había encantado. Y luego añadió, demudado: Oye, pero tu amigo está un poco… enfermo, ¿no? Queda dicho.


Cabeza de ciervo

Cabeza de ciervo
Autor: Francisco Miguel Espinosa
Editorial: Línea Stoker
Páginas: 204
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Redacción de Ámbito Cultural

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