Columnas

Las comparaciones

Ámbito Cultural

Si me dieran un duro cada vez que escucho que escribir una novela es como construir una casa, el banco de España no tendría cambio en euros. Y yo no sé si escribir una novela se parece o no a construir un edificio, ya que de niño todas mis casetas no pasaban de ser sueños y de mayor lo más que he levantado han sido dos palmos del suelo, pero lo que sí sé es que, estirando el símil, corregir una novela no se parece en nada a una reforma.

Para empezar, las novelas no suelen escribírtelas ni corregirlas otros (a no ser que te dediques a la literatura sin cimientos) y aunque puedan encargarse (-¿Con IVA o sin? -La quiero con vampiros), generalmente esto lo hacen las editoriales y no los autores, que sólo nos encargamos de nosotros mismos y de la humanidad, desconozco el orden. Por supuesto, el material literario no cuesta, y en una reforma uno lo paga todo. Un enchufe a 23€, un tabique a 232€. Con ese bajo coste las novelas se pueden corregir hasta que a uno le sangren los dedos pero en una reforma lo que se levanta más vale no tocarlo de nuevo, a riesgo de que te levanten a ti la cuenta corriente. Así que es normal que, saliendo tan baratas en costes de material, las novelas no se paguen ni aunque al autor le persiga el diablo y el autor tenga, sí o sí, que pagarse sus reformas en casa.

La frase no deja de ser recurrente, (“Escribir una novela es…”) pero con recurrencia suele ser apuntalada por sujetos que parecen no haber cambiado un enchufe en toda su santa vida. Y con eso yo no digo que los autores sólo sepamos de juntar letras y levantar la ceja. Recuerdo un libro que publicó Impedimienta (Trabajos forzados) que iba sobre el oficio de algunos escritores (Jack London el aventurillas, Gorki el ladrón y pícaro o Colette y sus amantes y cosméticos), pero no recuerdo en él a un sólo fontanero, que alguno habrá, me digo yo. Al final del asunto uno llega a la conclusión de que las comparaciones apestan. Que están muy bien en los libros, pero que enfrentadas al mundo real suelen darse de golpes con lo cierto y que, en resumidas cuentas, puedes esperar sentado si crees que alguna vez le escucharás a tu albañil decir que reformar una casa se parece a corregir una novela.

Cierto o no, lo que sí es verdad es que uno no puede vivir dentro de una novela y que para escribir se necesita de algún techado. Así que tú di que sí, por una vivienda digna, que las novelas, si son buenas, suelen ser indignas casi siempre.


Valora la calidad de este artículo

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (Ninguna valoración todavía)
Loading...

Sobre el autor

Avatar

Guillermo Aguirre (Hotel Kafka)

(Bilbao, 1984). Ganador del Premio Lengua de Trapo de Novela por "Electrónica para Clara" (2010) y autor de "Leonardo" (2013) ha trabajado en diversas editoriales y ha publicado sus relatos en diversas antologías. Actualmente es coordinador de cursos de Hotel Kafka. "El cielo que nos tienes prometido" es su tercera novela.

Escribe tu comentario

Send this to a friend