Críticas

“Cortázar de la A a la Z”.

Cortazar

Alfaguara celebra el 100º aniversario del nacimiento de Julio Cortázar con un libro que simula ser una agenda de teléfonos para convertirse en muchos libros.

Cortázar de la A a la Z es un diccionario biográfico ilustrado, una fotobiografía autocomentada afín al espíritu anticonvencional, antisolemne de Cortázar, como dice Carlos Garriga Álvarez en el texto que funciona como prólogo, justificación e invitación a jugar. Este libro simula ser una agenda de teléfonos, de esas que ya solo usan las abuelas y los nostálgicos. Una agenda con su abecedario descendente, de la A a la Z, donde no hay ningún número anotado: sí imágenes y textos, fotografías de todas las épocas, reproducciones de las portadas de las primeras ediciones de sus libros, de manuscritos y mecanuscritos originales, fotografías de objetos que le pertenecieron, una antología de fragmentos de textos, alguno de ellos inédito.

Cortázar de la A a la Z El contenido de cada una de las letras es más que jugoso, por lo que es entendible que Cortázar de la A a la Z se venda solo. Los materiales que lo componen se acomodan a esta fragmentariedad nuestra de tiempos posmodernos: se lee a gusto desordenado, saltando de una cosa a otra sin orden ni concierto, de la Abuela al Nacimiento, del Jazz a la Muerte.

Cortázar de la A a la Z salió a la venta el pasado 29 de enero (en pleno pico de la cuesta), lo que demuestra que Alfaguara tenía la seguridad de que iba a vender. El escritor argentino sigue siendo rentable 30 años después de su muerte, pero más aún cuando se encadena el 50º aniversario de Rayuela, celebrado el pasado año, con el centenario de su nacimiento, que celebramos este. Además, Alfaguara cumple medio siglo, otra razón más para tirar la casa por la ventana.

Alfaguara, sabiendo los tiempos que corren, ha abaratado la edición hasta hacerla asequible a bolsillos en crisis. Todo Cortázar publicado por Alfaguara es en tapa blanda, pero qué quieren que les diga, un centenario se merecía más. Al menos tener la delicadeza de no ampliar fotos hasta que se pixelen. Se nota demasiado el digital, lo que resta encanto al libro: Cortázar vivió en tiempos de cibernética, no de Photoshop. El libro sería encantador si fuese analógico. Pero lo entiendo. Es que el libro que se merece saldría por un pico. Y Cortázar de la A a la Z cuesta tan sólo 25 euritos.

Cortázar de la A a la Z Mención aparte merecen detalles que pueden parecer insignificantes pero que para alguien que ama a Cortázar no lo son. El olor, la textura de la página no remiten a un libro de recortes para la nostalgia, a un tomo polvoriento abandonado bajo la cama, vuelto a contemplar de tiempo en tiempo. El libro como unidad promete desmembrarse pronto si uno lo manosea, si uno efectivamente juega, lo abre y lo cierra y va de atrás adelante leyéndolo de cientos de formas distintas para que sea así muchos libros.

Cortázar de la A a la Z
Cortázar de la A a la Z es un juego al que le falta osadía, imaginación y mimo. La invitación a jugar merecería que uno se apropiase completamente de su imaginario, de su visión del mundo para hacer un libro que pudiese haber hecho él. Ahora el pero me lo pongo a mí misma: ¿habrías sabido hacerlo mejor?

La estantería del salón me responde. Al dejar Cortázar de la A a la Z entre mis libros de Cortázar encuentro un viejo ejemplar de Rayuela. Mi madre lo intentó leer a sus veinte años y no pudo con él: lo abandonó en la estantería, ahí donde lo encontraría mucho después, con las hojas amarilleadas por el tiempo, una adolescente ávida de lecturas.
RayuelaEra una edición barata y ya muy vieja, pero para mí fue un descubrimiento, el descubrimiento de un tesoro literario. El libro no tardó en desmembrarse de leerlo y releerlo, y yo lo compuse y lo recompuse varias veces, haciéndolo más y más mío cada vez que lo leía y lo armaba. Aunque hoy está completamente roto, sigue ahí, en la estantería, junto a la edición del 50º aniversario, nueva, que también amarilleará sus hojas con el tiempo. Y junto a Cortázar de la A a la Z, un libro que invita a que algún adolescente ávido de lecturas que ronda por casa continúe el juego.


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Redacción de Ámbito Cultural

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