Críticas

“Cuentos” de Isaac Bashevis Singer

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Escrito por Rafael Urrutia

Isaac Bashevis Singer (Radzymin, 1904 – Miami, 1991) es polaco y escribe en yiddish. Es coetáneo de autores como Roth o Mann o Kafka, autores que escribían en alemán. Al descomponerse su mundo con el desmembramiento del imperio austrohúngaro el tema de la identidad tanto colectiva como personal impregna la literatura.

Singer emigra a Estados Unidos cuando la fiebre antisemita empieza a presionar pero sigue manteniendo siempre el yiddish como primera opción de lengua. Una opción política y radical. El yiddish es durante la primera mitad del siglo XX la lengua de los judíos no sionistas que reivindican una cultura judía centroeuropea independiente. En su discurso de aceptación del premio nobel de literatura en 1978 explica que escribe en una lengua semimuerta porque cree en la resurrección de los muertos a la vuelta del Mesías y porque sabe que en cuanto resuciten los hablantes de yiddish reclamaran lo más reciente escrito en su lengua.

Esta selección de 46 cuentos de unos 150 que escribió hasta 1981 no parece obedecer más que a su criterio personal. Lo que tienen en común es un estilo directo casi oral, una ironía trágica, una mezcla de modernidad y clasicismo, unas historias exóticas con un tratamiento literario moderno huyendo del amaneramiento esteticista. Igualmentees interesantelo que no encontramos: ninguna referencia directa al nazismo o al exterminio o a los campos de concentración. Aparecen supervivientes, gente que perdió todo, pero sus experiencias en relación con la matanza no son nunca lo más relevante para el relato. Singer fue criticado por antihumanista, por no utilizar su pluma para combatir los excesos de los nazis, por no transmitir los horrores a las siguientes generaciones, por no preocuparse de la evolución de la humanidad. El guardar silencio sobre los campos de exterminio y escribir en yiddish es una opción tan radical como la de guardar silencio absoluto o escribir solamente sobre el exterminio. Es una forma de trascender sin colocarse por encima, una forma de reclamar para la literatura otra posición: la de medio para olvidar el desastre humano.

En todos los relatos algo sobrenatural irrumpe en la vida normal. Por clasificarlos de alguna manera, habría cuentos que se desarrollan en un pueblo de la Polonia más rural, otros en Varsovia generalmente protagonizados por un escritor en ciernes y otros donde un escritor ya maduro se enfrenta a sus fantasmas y observa el mundo con unaprofunda autoironía. Del mismo modo, podríamos hacer dos grupos de relatos atendiendo única y exclusivamente a la aparición o no del demonio encarnado presenta en la mitad de los relatos.

Los más conseguidos son los que narra en primera persona un escritor sino consagrado por lo menos profesional. Los personajes parecen desplazarse por el mundo con un profundo conocimiento de que es lo que los mueve: el amor, la venganza, el desconcierto de una muerte anunciada, saber que amamos para siempre y que la muerte no existe. Es decir, tienen una certeza del destino trágico que les espera, pero aun así disfrutan de su existencia.

La comicidad llega por la exageración del carácter de los personajes y la irrupción de lo imprevisible e inexplicable en un contexto trivial. Los rabinos siempre tienen alguna cosa física exagerada: la nariz, las cejas pobladas o la nuez muy pronunciada, todos los personajes quedan fijados inmediatamente en el hipotálamo del lector. Un poco a la manera de los personajes de Albert Cohen pero sin llegar a ser tan excesivos como el “Comeclavos” que vestía siempre chistera y cuyos inmensos pies sobresalían entre la suela y la cubierta de los zapatos (Comeclavos 1938). Singer puede describir una vida en dos líneas y como Dickens consigue que esas existencias sean inconfundibles entre sí. A veces Singer nos acostumbra a una situación, a un escenario, ya sea Frempolo Miami, un pueblecito anclado en el medievo de ninguna parte o una ciudad vacacional para que judíos jubilados se oreen, cuando algo exótico trastorna el orden establecido: aparece el demonio para pervertir a los más devotos como si fuera una especie de primera parte de El Maestro y Margarita de Bulgakov (1961); Dios atiende en Miami a las plegarias de un anciano provocando un accidente cósmico hilarante (Solo) o después de las primeras horas luminosas de un idilio otoñal alguien se arroja al vacío (Amor tardío).

Temas clásicos como dios, la muerte, la fe, la distinción entre realidad y ficción y el poder de la palabra son enfrentados con pragmatismo y economía de palabras. Lo desconocido no se explica y aparecen personajes que no saben porque hacen lo que hacen, a los que la realidad les provoca un extrañamiento. La compasión, tema recurrente en los cuentos, se presenta a veces como “la forma de amor más pura“o se describe como un peligro porque “en el amor no se hacen favores“. El tratamiento de estos temas es moderno en el sentido de que aparecen tratados de formas diferentes en cada relato, propuestos en forma de diálogos, defendidos y atacados por igual, sin ofrecer soluciones finales. No pretende ofrecer respuestas ni análisis complejos sobre ellos aunque si hay sugerencias brillantes e intervalos en los que, como lectores, nos alejamos aunque sea un instante del sufrimiento humano.

Por otro lado, algunos de los temas son más modernos como la homosexualidad o el travestismo en “Yentle” o el de los derechos de los animales. Singer afirmaba que él era vegetariano no por su salud, sino por la de los animales. Hay cuatro relatos donde un matarife judío se vuelve loco por el dolor que tiene que infringira los animales. En otros cuentos que se sitúan ya en estados unidos o en Israel o incluso en un viaje por España en autobús y el protagonista es un alter ego de Singerel vegetarianismo aparece como una incomodidad del personaje. Es decir, tiene problemas gástricos por la ingesta masiva de vegetales o no encuentra en España platos vegetarianos. Los personajes viven su”judeidad” como un castigo divino: por ser el pueblo elegido tienen que sufrir persecucióny el papel de testigos sin capacidad de intervención incomoda a muchos de los personajes de Singer. La opción del vegetarianismo de alguno de los personajes añade carga dramática a esa pena no deseada pero asumida.

La mezcla de los temas clásicos con tratamiento moderno, la profunda autoironía y las historias que cuenta consiguen que las excentricidades de un Rabino polaco de un pueblo minúsculo perdido en el tiempo nos hagan reír, llorar y nos entretengan un rato. Incluso a un ateo occidental que jamás ha pisado una sinagoga.

En la nota a la edición el autor afirma que “El arte, en su cima más alta, no puede ser más que un medio para olvidar durante unos instantes el desastre humano”. En estas novecientas páginas hay muchos instantes de regocijo queayudaran al lector a despistar la angustia.


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Rafael Urrutia

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