Críticas

“Despedida que no cesa”, de Wolfgang Hermann.

Una súplica de irrealidad –“Que no sea verdad, por favor, por favor, por favor”– imanta el nuevo libro de Wolfgang Hermann, Despedida que no cesa (Periférica, 2016). El prolífico autor vienés ha tardado diez años en encarar esta obra de no ficción, en un intento de asimilar a través de ella la muerte de su único hijo, Fabius, y la continuación de su propia vida sin él.

Y, aunque no nos toman ya por sorpresa los libros que narran la pérdida de un hijo –Mortal y rosa, de Francisco Umbral, o La hora violeta, de Sergio del Molino, entre tantos otros–, siempre es renovada la atmósfera asfixiante de la paternidad amputada. Despedida que no cesa rememora a grandes rasgos la vida y el carácter de Fabius “antes de que muriera el tiempo” con él: sociable y de gran corazón, mal estudiante, de natural jovialidad, obligado a asimilar la temprana separación de sus padres y capaz de compartir con ellos un entendimiento y una confianza enternecedoras. Al poco tiempo de instalarse con su padre, el joven muere durante el sueño, un sueño imposible de conciliar a partir de entonces para Wolfgang Hermann. En el monólogo interior que este desarrolla a lo largo de algunas de estas páginas, descubrimos la convivencia de la culpa, la incredulidad, la rabia, el miedo y un buen puñado de preguntas más constantes que la propia muerte. La única tarea de Hermann desde ese momento será la de un torpe demiurgo: construir su mundo de nuevo. Todo ello a través de un lenguaje sencillo, depurado y sobrio, en una narración tensa que solamente afloja el nervio en los flashbacks: “Vivo en un túnel de imágenes angustiosas e inmutables. Les opongo las otras, las imágenes del amor por mi hijo. Acuérdate, agárrate a la vida, solo en el recuerdo permanecemos”.

Despedida que no cesa es una reflexión sobre el tiempo y la asimilación de una imposibilidad, quizá la única: cambiar el pasado. Y así, atado a un acontecimiento tan espantoso como la muerte del hijo de 17 años, solo queda una casa silenciosa y oscura por la ausencia, con los cimientos inestables, llena de frío y un grito sordo que todo lo ocupa. Hermann, que llega a decir “No comprendo cómo puedo tener cuerpo”, sufre un ataque cardíaco precisamente cuando constata, sorprendido: “Aún estoy vivo”. Y continúa la búsqueda de la identidad perdida: “Sí, algo había. Ese algo, hacía poco, aún había sido yo. Ese algo estaba borrado y ahora caminaba por el bosque como algo distinto, como alguien diferente. […] Fuera quien fuese quien ahí estaba, tenía que ser alguien. Quizá yo fuera capaz de acostumbrarme a él”.

Este libro es, también, una historia de amor, de amores. El paterno-filial que, sin ser leve en la comunión con el mundo y el aprendizaje que le ofrecía, sale fortalecido del terrible trance. Otro amor, que es la amistad conmovedora y respetuosa con la novia y los amigos de Fabius. Y un último afecto, la posibilidad de recuperación del amor de su vida, que devolverá luz al hogar.

Lo importante, después de todo, es que el mundo continúe fuera de nosotros. Sea como sea. “Eran muchas las cosas que podía aprender con Fabius. Vivir en el presente, por ejemplo”. Y en la literatura.


Despedida que no cesa

Despedida que no cesa
Autor: Wolfgang Hermann
Editorial: Periférica
Páginas: 112
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Sobre el autor

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Oviedo, 1988) es licenciada en Filosofía y máster en Escritura Creativa. Autora del libro de aforismos Bajas presiones (Trea, 2016), trabaja como coordinadora de la escuela de literatura Hotel Kafka y de la web Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Escribe crítica literaria para distintos medios nacionales e imparte clases de escritura creativa y poesía.

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