Críticas

“Django Reinhardt. Un gitano en París”, de Juan P. Jiménez y Emilie Durand.

Juan J. Gómez
Escrito por Juan J. Gómez

El lector ya sabe las cuatro cosas que hay que saber sobre Django Reinhardt (1910-1953). Lo necesario para tomar la palabra si su nombre se cuela en una conversación. Por ejemplo sabe, seguro que sabe, con mayor o menor detalle, pero sabe, que fue un guitarrista muy francés, nacido en Bélgica, que brilló en la era del Swing, en las décadas de 1930 y 1940, convirtiéndose en la primera estrella del jazz fuera de EEUU. Sabe también, porque el lector además le ha escuchado, en algún momento de su vida le escuchó con interés, que las mejores grabaciones de su interrumpida carrera las hizo junto al violinista Stéphane Grappelli; otro músico genial, que sólo tuvo la mala suerte de vivir 89 años, envejeciendo a la sombra de la leyenda incontenible del malogrado genio. Sabe el lector, asimismo, que aquel guitarrista gitano de bigote fino inspiró a Woody Allen para inventar a Emmet Ray, el adorable reprensible protagonista de su filme Acordes y desacuerdos (Sweet and Lowdown, 1999). Y por fin sabe el lector, y en esto no hay ninguna duda, porque esto lo sabe todo el mundo, que Django Reinhardt alcanzó el virtuosismo con la guitarra, inaugurando una escuela de abordar el mástil todavía hoy vigente, después de que un incendio en la caravana donde vivía, a los 18 años, le privara de movilidad en dos dedos de la mano izquierda. El lector sabe todo eso porque de otro modo no estaría leyendo esta columna. Nos interesa que nos recuerden lo que sabemos. Pero el lector quiere aprender más cosas sobre este artista fascinante y este personaje desmedido, cuyo poder de atracción nunca se agota. Por eso el lector sigue leyendo.

Django Reinhardt. Un gitano en Paris (Milenio), coescrito por el español Juan P. Jiménez y la francesa Emilie Durand, es capaz de colmar cualquier curiosidad, por insaciable que parezca. De hecho, si alguna pega se le puede poner a esta trabajada biografía, más necesaria incluso que atractiva, por ser la primera que se edita en castellano sobre el mayor talento conocido del jazz manouche, es que sus cerca de 400 páginas, con un cuerpo de letra incompatible con la hipermetropía, pueden echar para atrás a curiosos y aficionados que no aspiren a doctorarse en la vida y obra del músico. Quienes se animen a empezarla, no obstante, se verán recompensados. La exhaustividad documental, el mimo al detalle, el rigor con que se tratan las constantes historias apócrifas —recogidas con frecuente ligereza en biografías anteriores— conviven en este voluminoso acto de devoción al artista con las virtudes propias de una lectura amable, muy entretenida, trufada de generosos testimonios para la sorpresa, la sonrisa, la emoción.

El retrato que las infinitas anécdotas y citas del libro componen del músico y del hombre se resume en un mosaico de adjetivos: apasionado, rebelde, contradictorio, perezoso, ególatra, desprendido, generoso, desconfiado, imprevisible, universal, eterno. Procede recoger ejemplos de lectura.

Se recuerda casi, más que se imagina, el mal rato del infeliz, a los 24 años, cuando le cuelan en la habitación de hotel de su venerado Louis Armstrong y le empujan a improvisar, mortificado y sudoroso, unos acordes. Lo relata su mecenas y biógrafo, Henri Charles Delaunay: “Django acompañado por su hermano tocaba un coro tras otro, Armstrong preocupado por su atavío seguía deambulando por la habitación para encontrar una camisa o una corbata”.

Se participa en el final de juerga que convoca el famoso Quintette du Hot Club de France después de una primeriza grabación para el sello Ultraphone, narrada por el contrabajista, Louis Vola: “Nos fuimos al asentamiento de Saint Denis donde estaba la madre de Django. Llegamos a las seis y nos pusimos a tocar al aire libre. Las ventanas de las caravanas se fueron abriendo una a una y poco a poco la gente se fue reuniendo en torno a nosotros”.

Se lamenta no poder intervenir cuando los celos empiezan a distanciar a los dos grandes solistas del histórico quinteto, como cuentan los autores: “Sucedía que Grappelli en algunos conciertos podía estar improvisando durante veinte minutos pletórico de inspiración. Django, cansado de acompañarle durante tanto tiempo se levantaba y se iba al bar de enfrente a tomar algo. Por supuesto luego había que ir a buscarle porque no estaba pendiente de cuándo era de nuevo su turno”.

Capítulo aparte merece en el libro el artista argentino Oscar Alemán, otro guitarrista genial, acompañante de Josephine Baker y protagonista de una historia personal digna de una tragedia de Charles Chaplin. Las páginas que se le dedican son ejemplo de la facilidad y el gusto con que los autores se demoran en personajes (el propio Grappelli, el cantante Jean Sablon) o elementos (la guitarra Selmer, el sello Swing Records) durante capítulos enteros, en apariencia, accesorios. Pero todo ello, en conjunto, ubica perfectamente a Django Reinhardt en su mundo y en su tiempo. Mejor aún, ofrece una crónica deliciosa de ese París mítico de las primeras décadas del siglo XX, con sus cafés musicales de Montmartre, sus artistas bohemios y sus hermosos vencidos (como acuñó Leonard Cohen). El resultado es que a veces pasa una docena de páginas sin que el biografiado comparezca, lo que en cierto modo funciona como metáfora de su controvertido sentido de la responsabilidad. El libro describe, sin ahorrar ejemplos, cuánto agradecían los productores y sus compañeros músicos que Django Reinhardt llegara tarde o muy tarde a las sesiones de grabación. La única alternativa factible, no menos frecuente, era que no compareciese en absoluto.


Django Reinhardt. Un gitano en París.

Django Reinhardt. Un gitano en París.
Autor: Juan P. Jiménez y Emilie Durand.
Editorial: Milenio
Páginas: 350
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Sobre el autor

Juan J. Gómez

Juan J. Gómez

Juan J. Gómez nació en Santander (1970), se licenció en periodismo en Bilbao y vive en Madrid. Ha trabajado en medios (El País, Reuters, Público, entre otros) y como director de comunicación (en diferentes entidades públicas y privadas). Colabora de forma esporádica con diferentes publicaciones. En Ámbito Cultural escribe sobre libros relacionados con la música, una de sus principales aficiones.

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