Críticas

“Extinciones”, de Alfonso Fernández Burgos

Extinciones
Almudena Sánchez
Escrito por Almudena Sánchez

Debería comenzar desde el principio. En el año 2010, Alfonso Fernández Burgos fue mi profesor, mientras yo cogía un avión desde Mallorca y otro y otro, incansablemente, para acudir a sus clases de escritura. Me enseñó mucho de lo que ahora sé, a base de equivocaciones. Lo suyo fue una enseñanza beckettiana: “inténtalo de nuevo, fracasa otra vez, fracasa mejor”. En una de sus clases, debí fracasar un poco porque me llegó a coger cierto cariño.

Ahora soy yo la que estoy escribiendo sobre un libro suyo, desde Madrid (los aviones se quedaron aparte y las primeras equivocaciones también). Y escribo esta crítica con el orgullo y el aplauso que merece un libro como Extinciones, que se ha mantenido en secreto durante años, guardado en un cajón o un archivo word, quién sabe, hasta su esperada publicación. Alfonso Fernández Burgos trabaja mañana y tarde, se desvive por sus hijos (un artista y un científico) y por su pareja, a la que se le dan bien tanto las ciencias como las letras.

Y por sus amigos tertulianos. Y por los que no son tertulianos, pero le aportan, por lo menos, un momento proustiano a la semana.

Las extinciones sobre las que Fernández Burgos escribe no tienen nada que ver con la ciencia ficción, ni con el Apocalipsis mundial. Son desapariciones pequeñas, casi imperceptibles: un camisón, un canasto de higos chumbos, un reloj, un muñeco de peluche, una japonesa o un Westinghouse, le sirven de excusa para hablar sobre el vacío y la ausencia, sus dos grandes temas, su fuerza literaria. Menos mal que existe, entre relato y relato, una página en blanco que nos permite coger aire para adentrarnos en su próxima historia. Algo totalmente necesario en un libro de naturaleza intensa, de intimidades cotidianas, de tanto fuego en la cocina.

En todos sus relatos se observa una clara debilidad por el lenguaje. Es un libro delicado, que roza la suavidad de la seda, pero también es un libro crudo, que se asoma a las alcantarillas, a las habitaciones vacías, a los matrimonios heridos y a sus niños con insomnio. Quizá su título, Extinciones, tenga que ver con los adioses para siempre. Quizá los libros sean simplemente eso: un adiós infinito.

De cualquier forma, Fernández Burgos consigue emocionarnos. Hay una nostalgia inclasificable en sus palabras, un fantasma absurdo que se pasea a través de sus páginas con cara de pena, en forma de personaje, de escenario, de acción o de duda. Siempre aparece una persona, un gesto, que desaparece y no vuelve. La vida es así: hay que empezar desde cero continuamente. Desde la última extinción.

Hablo de esas evasiones fugaces que se parecen a la muerte: un coche de bomberos o un diluvio repentino. Y de un libro original que rebosa contemporaneidad por todos lados y que da gusto conservar en un lugar privilegiado de la estantería, para volver a releer:

Y entonces se quedó quieto sintiendo el equilibro de las palabras en las frases capicúas que anestesian los miedos” «Bien, campeón, bien».


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Sobre el autor

Almudena Sánchez

Almudena Sánchez

(Palma de Mallorca, 1985) es licenciada en periodismo. Colabora habitualmente en medios culturales realizando reseñas y entrevistas. En 2013, fue seleccionada en Bajo treinta. Antología de nueva narrativa española. (Salto de Página). La acústica de los iglús (Caballo de Troya, 2016) es su primer libro.

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