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A favor de la teoría

Ámbito Cultural
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Escrito por Rafael Reig

Otros, como Antonio Orejudo, han visto con claridad que esto no es más que el aperitivo de lo que nos espera con el plan Bolonia: “un curso tan indecente como éste es el resultado de aplicar el liberalismo económico al competitivo mercado de los cursos de verano”.

A mí, como he señalado ya en otro lugar, lo que me asusta es la credulidad supersticiosa que sostiene estas barbaridades. Vienen protegidas por esos conceptos que hoy en día actúan como un escapulario, bloqueando toda crítica. Basta con la coraza de una de estas imágenes sagradas para alejar al Maligno y disipar cualquier tentación de pensamiento: la universidad debe abrirse a la sociedad, democratización, participación, etc.

Entre estos dogmas de fe está el descrédito de la teoría y la adoración de la práctica. Un curso sobre corrupción con verdaderos corruptos como profesores no es otra cosa que, como es obligatorio en la actualidad, una enseñanza “eminentemente práctica”.

Sólo importa lo práctico y se rechaza lo teórico. La teoría es, según parece, puro humo, algo alejado de la realidad, inservible y engañoso. La práctica, en cambio, es lo único que cuenta.

A mí esto me parece alarmante. Es indudable que no se aprende a nadar sin tirarse en algún momento al agua. Sin embargo, la forma de aprender a nadar no es coger a alguien y lanzarle por la borda sin más: sin duda se ahogará.

Renunciar a la teoría es someterse por propia voluntad a la esclavitud. Saber cómo utilizar algo, a pesar de no entender qué es, para qué sirve o a quién beneficia, no es más que convertirse en carne de explotación. El lenguaje popular lo ve con claridad: si alguien te dice “hay que ser prácticos”, ¿no está diciendo que dejes a un lado tus principios y busques el beneficio? Seamos prácticos: éste es el lema del depredador exento de valor moral.

Creo que era Aldous Huxley quien advertía que enfrentarse a algo desconocido sin ningún prejuicio es la actitud típica de un simio. Los prejuicios, es decir, una teoría previa, son indispensables para el conocimiento, como lo es el elaborar una hipótesis que pueda someterse a prueba y permita corroborar o desechar la teoría. No otra cosa es la ciencia y el conocimiento humano. Todo lo demás, la renuncia a la teoría y la exaltación de la práctica, sólo conduce a la servidumbre.

En este caso, además: servidumbre voluntaria.

La cultura, la universidad, servían antaño para hacer más libres a las personas. Ahora ya no estoy tan seguro, puesto que nos arrodillamos ante pamplinas como lo práctico, lo europeo, lo participativo, lo abierto a la sociedad, etc.

Una universidad que, en teoría, está abierta a la sociedad, centrada en lo práctico, dirigida a la utilidad real, una universidad Bolonizada, tiene que desembocar, en la práctica, en la docencia a cargo de chorizos como Julián Muñoz.


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Rafael Reig

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