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Así fue: “Gloria Fuertes: cuando amas aprendes poesía”: Taller de poesía #LDeLírica

«No son poemas, son palomas lo que saco de mi sombrero asombrado»

 

Un globo, dos globos, tres globos… Gloria Fuertes no es un globo que se nos escapó, menos mal. Le costó muchísimo trabajo hacerse un hueco en el mundo de las letras. Lo tenía todo en contra: ser mujer, su condición sexual, su condición vital y la pobreza de su familia… pero supo llegar al corazón de todos y se quedó con nosotros para siempre.

Gonzalo Escarpa arranca este Taller de Poesía con la sala virtual llena –como ya es costumbre– y con una foto potentísima que va mucho más allá de “La cometa blanca”. Su ropa amplia, su corbata, su sonrisa permanente y… un extraño dolor en la mirada. Perteneció a la Generación del 50 y, dentro de este, a un subgrupo marginal: el postismo, donde hablaban de la palabra inventada frente a la inventariada.

Su paso por los programas infantiles en la televisión durante los años 70/80 le jugó una doble vertiente. Por un lado supuso una fuente económica importante, pero con el peligro de que el público olvidara que era una gran poeta de adultos también. Muy, muy avanzada para su época, se le asocia con tres palabras: igualdad, pacifismo y ecologismo. Gonzalo nos va desgranando vida, obra y curiosidades des esta interesantísima mujer. Apreciada y estudiada en el extranjero  – en EEUU hay doce estudiosos de su figura–  y unas aerolíneas noruegas llevan una foto suya dándole nombre a un avión de su flota. Otro dato curioso es que es la única mujer, junto a Gabriela Mistral que está incluida en la Antología Norton, que recoge a 100 poetas en lengua castellana. Hasta el mismo Gil de Biedma –que tan mal se portó con Juan Ramón Jiménez–, la apoyó, defendió y publicó uno de sus libros. También será gran amiga del gran Miguel Gila.

Todo en Gloria es “mucho”, nos cuenta Escarpa. Nació en Lavapiés y fue una chica muy solitaria, muy feminista, muy religiosa y muy fumadora. Desde los cinco años escribía cuentos y los ilustraba, pero siempre con la familia en contra: «cuando mi madre me veía con un libro, me pegaba No tengo nada que agradecer a mi familia. Pero cuando se quiere una cosa, aunque tu familia no te ayude, se consigue». Con catorce años, sus intereses empiezan a ser muy adultos. Deja la escuela y empieza a escribir. Y entramos ya en su poesía. Escarpa nos pone para analizar “Niñez, juventud, vejez”, de esta época, donde se percibía, por supuesto, su voluntad de juego, pero con una conciencia de la tristeza muy clara, ya.

Empiezan sus recitales en Radio Madrid y con 17 años escribe el libro Isla dorada, que se publicará 15 años después. Ella se definía como autodidacta, como «poéticamente desescolarizada». Capacidad intuitiva tremenda. Comienza también su trabajo en la revista “Maravillas”, suplemento de la revista infantil “Flechas y Pelayos”. Continúa con colaboraciones en otras publicaciones incluso con una sección de consultorio sentimental. La anécdota de todo este recorrido es que estando ella como redactora en Maravillas, Carlos Edmundo de Ory envía un poema. No sólo se lo publican, sino que Gloria y él acaban siendo novios. «Es de Ory el apellido/ y es de Ory el corazón», le escribiría Gloria en un increíble intercambio intelectual. El amor dura hasta que él acaba enamorándose de la prima de ella. Surrealista, como mucho de lo que les rodeaba.

Gloria continuará escribiendo sobre este amor, ya desengañada: «No, hija, si no era un pájaro, / si era un beso grande./ -¿Sí?… ¡Sí! Que sabía a primero, / a distinto y a sangre». Pasa el tiempo y estudia biblioteconomía  e inglés en el Instituto Internacional de Madrid, donde conoce a la hispanista estadounidense Phyllis Thumbul, con la que mantuvo una relación durante quince años.

Gloria, toda ella fantástica, original, repleta su obra de una polisemia absoluta. Nos dice Gonzalo que toda su poesía es una defensa de la libertad a través de las imágenes y también del humor. Y continuamos analizando poemas tan potentes como “Pienso mesa y digo silla” o “Lo confieso” y recomendando obras como Aconsejo beber hilo.

Grande hasta el final, a pesar de la austeridad que llevó en vida, al morir, legó toda su fortuna al orfanato Ciudad de los Muchachos.

«Lo primero, / la bondad. / Lo segundo/ el talento. /  Y aquí termina/ el cuento». Pero no finaliza aquí nuestro cuento. Gonzalo nos tiene preparada una sorpresa final: la conexión en directo con el genial actor Juan Portillo para recitarnos a esta poeta de corazón inmenso.

Sobre el autor

Mila Valcárcel

Mila Valcárcel

Milagros Valcárcel es coordinadora de la sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Callao.

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