Críticas

Cuando el horror se hace carne

Bloodborne

Bloodborne, lo último de FromSoftware, exclusivo para Playstation 4, ha hecho correr mucha tinta. Y todos los medios y jugadores parecen coincidir en lo mismo: ha llegado el motivo para saltar de generación de consolas y Sony es una gran opción gracias a este juego. ¿Pero qué tiene la última obra de Hidetaka Miyazaki?

Lo hemos jugado.
Y lo hemos comprendido.

Bloodborne nos pone en la piel de un “cazador”, sin comprender realmente qué significa pertenecer a este gremio, y nos lanza a la aventura sin más explicaciones que unas visiones terroríficas junto a la cama del hospital en que despertamos. La oscuridad invade la habitación: reconocemos una de esas clínicas del siglo XIX que asusta con solo estar en ella. Con nuestras manos desnudas, avanzamos por un escenario lleno de polvo, abandonado, iluminado por tenues resplandores. Y nos encontramos con una bestia gigante que se come a un ser humano tendido en el suelo. Y no tenemos más que nuestras manos para combatirla.

Aquí, moriremos por primera vez.

Pero tranquilos, no será la última.

Analizar este juego no es baladí. Así que vayamos por partes. La historia de Bloodborne está plagada de monstruos, de misterios, de nombres rocambolescos y de horror. Mucho horror. Cuando parece que la imaginación de los desarrolladores ya no da para más, nos sorprenden con una nueva criatura. Si bien el modo de narrarnos es lo que mejor funciona: a través de la acción pura y dura, de elegir un camino u otro, de hablar con un personaje en determinado momento del día y de estar atento se nos irá revelando una historia que se cuenta en movimiento, sin cortes, sin escenas de vídeo. El juego tiene lugar en Yharnam, una ciudad donde una plaga se ha extendido y sus habitantes han enloquecido, el mal ha invadido sus calles y los pocos que han tenido tiempo de encerrarse en sus casas no te abrirán la puerta. Te has quedado fuera, “cazador”. Sobrevive como puedas. Extraños cultos, antediluvianas criaturas y una ambientación que sería el sueño de Lovecraft. Y es que Bloodborne, pese a disponer de identidad propia y un guión trabajado, parece una adaptación directa de los escritos de H.P. Lovecraft. De hecho, adaptar el tenebroso mundo del escritor americano sería deporte de riesgo desde que este videojuego salió al mercado.

Tenemos que hacer mención al apartado de diseño, pues en sí mismo ya es una obra artística. Si bien empezamos en Yharnam, después nos abriremos a otros territorios. Cada escenario está pensado para que sea un gran círculo con accesos cerrados que deberemos ir abriendo, ¿Por qué este diseño? Porque morir es fácil en Bloodborne, y cada vez que morimos regresaremos a la lámpara más cercana (el checkpoint). Abrir atajos más cercanos a la lámpara es esencial, pues el final del escenario y el principio pueden conectarse por una simple puerta que deberemos abrir desde el otro lado. Y para ello, sufriremos.

El apartado técnico apabulla. La recreación victoriana y la obsesión por el detalle dotan a cada escenario de alma, a cada objeto de una identidad propia. Incluso la propia ciudad nos narra su historia a través de inscripciones que pasan desapercibidas si no estás atento a lo que te rodea. Tiene algo de barroco, de horror vacui, que aporta alguno de los mejores complejos digitales que se han visto en lo que va de generación. El arte de Bloodborne merece un sobresaliente por sí mismo y ayuda a la inmersión total del jugador como pocos juegos lo logran.

La banda sonora, a cargo de un gran equipo de compositores encabezado por Ryan Amon, juega a lo clásico, a la gran orquesta que desquicia con sus movimientos elegantes y tenebrosos. Coros magníficos de más de sesenta y cinco músicos que dotan al conjunto de un carácter clásico que hace pensar en los penny dreadful llevados al extremo.

Y entre tanta alabanza, ¿tiene algo negativo? Lo cierto es que los jugadores menos experimentados y más impacientes quizás se desesperen al principio. La curva de aprendizaje y dificultad está muy bien lograda, pero hay que tener temple y sangre fría: moriremos muchas veces, pero iremos aprendiendo, evolucionando, creciendo con el juego. Al final, puede que acabemos siendo más monstruosos que los monstruos mismos.

En definitiva, una pieza maestra. FromSoftware se supera con cada juego y Bloodborne es un antes y un después en la nueva generación de consolas.


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Sobre el autor

Francisco Miguel Espinosa

Francisco Miguel Espinosa

de madre suiza y adoptado por Madrid, es autor de las novelas Encerrado (Lektu), XXI (Ediciones B), Cabeza de Ciervo (Dolmen Editorial) Infernorama (Dolmen Editorial) y Reyes del Cielo (Dolmen Editorial). Ha publicado relatos en antologías tales como Una utopía, por favor (Salto de Página), Retrofuturismos (Nevsky Prospects), Ignota (Palabras de Agua) y The Best of Spanish Steampunk (Marian & James Womack Edition). Combina su creación literaria con la labor periodística en El Pais, Zona Negativa y Ambito Cultural, además de en el sector videojuegos como lead writer en Bytecore y de profesor en Hotel Kafka.

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