Críticas

“Jinetes en la tormenta”, de Diego A. Manrique.

Juan J. Gómez
Escrito por Juan J. Gómez

Haga la prueba. Escuche, por ejemplo, Soul Serenade, de Willie Mitchell. ¿Despierta algo especial? ¿No? Es igual. Pruebe entonces Contra-Indications, de Durutti Column. ¿Ahora sí? ¿Todavía nada? De acuerdo, último intento: Sookie Sookie, por Grant Green. ¿Ya? ¿Verdad que sí? Tranquilo, si la audición no le ha reducido a la nostalgia, puede que esté libre de ser un fanático de la música de calidad. De lo contrario, seguro que ahora quiere recobrar alguna tarde particular de cuando escuchaba El Ambigú, el programa en Radio 3 (RNE) del periodista musical Diego A. Manrique (Burgos, 1950), aquel que hablaba a las “personas que saben lo que les gusta”, ese que prometía con cada entrega “cien razones más para vivir”.

El Ambigú nos acompañó durante 18 años, hasta 2010, cuando, forzado por la dirección de la emisora, dejó de cambiar de horario para echar el cierre. Sus decenas de personales cortinillas, como las mencionadas al inicio, siguen emocionando a quienes aprendieron de su mano a escuchar mucho mejor, sin mostrar respeto alguno por prejuicios de género musical, cronología o variopinta pertinencia. Aquellas cómplices “turbulencias sonoras” ya solo se escuchan en la memoria de sus fieles oyentes, pero la voz del periodista aún puede sentirse en sus artículos, reseñas, obituarios, críticas o entrevistas para el diario El País —también en sus blogs, chats y podcasts—.

Una buena colección de todo ello, 90 artículos recientes, introducidos por acotaciones inéditas, se recoge ahora en un libro —el futuro digital es de papel, se siente—, Jinetes en la tormenta (Espasa). Con aquel espíritu de bazar que tenía el espacio radiofónico, el libro ofrece múltiples niveles de lectura, por supuesto, todas válidas: la lineal, la aleatoria, la ocasional, la fanática, la cotilla…

La sabiduría de Manrique se despliega editada en seis compartimentos desiguales: música negra, los malditos, las leyendas, rock en español, sonidos latinos y caribeños, más el denominado La Sacristía, dedicado casi por entero a los integrantes de los Beatles y los Stones. Los textos están jalonados de anécdotas personales del cronista, todo un lujo bajo el imperio común del conocimiento googleliano. Su sello es también su gusto: el ochenta por ciento de los textos se consagra a artistas anglosajones, lo que no sorprenderá a la audiencia más familiarizada con las debilidades del autor.

Un recuento de las citas por artista lo confirma: The Beatles obtiene 39 menciones (sus miembros, por separado, suman ¡56 más!); The Rolling Stones, 36 (más ¡50!); Bob Dylan, 28; Elvis Presley, 23. Además, The Doors suma 11 (más 14 de sus miembros); Led Zeppelin, 9 (25); y The Police, 7 (19). Por encima de 10 referencias aparecen Michael Jackson (16), Lou Reed (16), Jimi Hendrix (13), David Bowie (13), Bruce Springsteen (12) y Patti Smith (11). Es tentador tomarlo como un ranking artístico, aunque la estadística esconde sus advertencias: Yoko Ono aparece 12 veces.

Leído del tirón, Jinetes en la tormenta deja un regusto como a fragmentos de una posible enciclopedia mutilada, aunque con esa riqueza de algunos cuentos de Borges o de Poe, que hace sentir que si bien lo ausente no es accesorio, lo leído alcanza para conocer el meollo de la historia.

En este caso, nada menos que una historia de la música popular desde mediados del siglo pasado.

La lectura modo picoteo se prevé más frecuente: saltar de un capítulo a otro siguiendo una pista, abrir por cualquier página, atender primero a las afinidades personales —incluidas, claro, las fobias predilectas—. El libro lo favorece con sus 15 páginas de índice onomástico y 8 de títulos. Tiene encanto o tiene morbo saltar del apego por Rimbaud de Patti Smith a la antipatía que despierta Bebe, de la bonhomía de Coldplay a los traumas infantiles de los Jackson 5, de los sablazos al periodista de Kiko Veneno a las multas a sus músicos de James Brown, etcétera.

En una entrevista de 2006, Chrissie Hynde confesó al periodista: “Pertenezco a una generación que vivía el rock & roll y el pop como una pasión verdaderamente secreta, el lenguaje exclusivo de una secta que debía afanarse por buscar la música y la información. Ahora te lo dan todo en un paquete diminuto y es como si acudieras a la farmacia a comprar un medicamento genérico”. Es un lamento compartido por quienes han pasado, en pocos años, de contar el dinero para comprar discos, a no encontrar tiempo para escucharlo todo. Los guías serios, como Manrique, entonces necesarios para atisbar el horizonte, hoy son imprescindibles para tomar contacto con el suelo.

“Por lo que respecta al rock, siento visceralmente que —cada pocos años— es necesario volver a contar las grandes historias. Las historias ejemplares de artistas, movimientos, productores, sellos”, aclara el crítico al introducir un artículo sobre los Grateful Dead. El Ambigú enganchaba precisamente porque contaba cada día un cuento nuevo sobre las historias de siempre. En los textos de Jinetes en la tormenta cambia el medio, pero se mantiene ese carácter, la intención, el narrador.

Lo que prima al final es el placer de la lectura. Escribir es conectar una impresora al cerebro, igual que hablar es enchufarle un altavoz. Si aquella radio ilustraba como un libro abierto, este libro suena de cabo a rabo como la mejor música. Suena a La Bikina por Esquivel, a King of the Beats de Mantronix, a Cubano Chant con Art Blakey. Suena por fin a aquella otra cortinilla de Jim Backus: “Mmm… delicious”.


Jinetes en la tormenta

Jinetes en la tormenta
Autor: Diego Manrique
Editorial: Espasa
Páginas: 336
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Sobre el autor

Juan J. Gómez

Juan J. Gómez

Juan J. Gómez nació en Santander (1970), se licenció en periodismo en Bilbao y vive en Madrid. Ha trabajado en medios (El País, Reuters, Público, entre otros) y como director de comunicación (en diferentes entidades públicas y privadas). Colabora de forma esporádica con diferentes publicaciones. En Ámbito Cultural escribe sobre libros relacionados con la música, una de sus principales aficiones.

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