Escrito por Relatos de verano

La piscina, relato de Pita Sopena

Pita Sopena
Escrito por Pita Sopena

Pásamelo. ¿Qué, el tenedor? Sí. Por favor. El pastel de berenjena está buenísimo. ¿Quieres más? Sí, cojo otro trozo.

 

Mientras él se levanta, ella se tira a la piscina. No, no de cabeza, que es lo que había estado practicando a lo largo de años y años en su infancia.  La cabeza más hacia abajo, intenta estirar más las piernas, con tensión, lejos, tienes que conseguir ganar ventaja ya desde el pistoletazo de salida. Esta vez, salta de palillo. Con los brazos inmóviles unidos a su cuerpo. Escuálido desde los últimos meses, un cuerpo siempre menudo, que mantiene retrato de músculos, un bikini que baila quizá ya más de una talla.

 

Un, dos, tres…ocho, nueve, diez… encogida bajo el agua, se agarra con fuerza a sus rodillas,  varios mechones tapan sus ojos sin orden.  Recuerda el verano en el que se conocieron, unas vacaciones de inmersión literaria. No sabía bien por qué había llegado allí, una recomendación de una amiga. Cinco días en un paraje inolvidable, le había anunciado, playa, piscina, hablar de literatura, escribir.

 

Él sí conocía a otros participantes, pero enseguida conversaron. Sí, he publicado alguna cosa y ando preparando una nueva novela. No, yo suelo escribir poesía, poco, ya sabes, el tiempo…

 

…catorce, quince, dieciséis….

 

Cuando el sol enmudecía bajo nubes que tanteaban futuro y ansiaban soñar, y el grupo andaba de duchas y cervezas, ellos buscaban su momento en la piscina ¿un último baño? En esos ratos él le contó su divorcio, ella cómo le afectó el de sus padres, él su pelea por los niños, ella sus idas y venidas de trabajo, él pinceladas de su nuevo libro, ella su admiración por Nicanor, él su próximo viaje a la India, ella su sueño de vivir al lado del mar… ¿cuánto crees que somos capaces de aguantar bajo el agua? ¿veinte segundos?… se sumergieron, se cogieron de la mano… diecisiete, dieciocho, diecinueve…. veinte…ella le empujó hacia arriba. Perdona, no podía más. Él simplemente la besó.  Volvieron a intentarlo al día siguiente. Esta vez él le apretó las dos manos, con fuerza delicada, sonreían… veintiuno, veintidós, veintitrés…

…………………………………………………………

 

Sale y simplemente se estira en el bordillo en el que aún calienta un sol cansado. Un rayo parte la piscina en dos azules, uno aún nítido, el otro de voz tensa. Él se mantiene quieto, mueve los labios pero… sigue únicamente observándola.  A lo lejos.

¿Cuánto has aguantado?

Sólo dieciséis.

 

Él empieza a recoger la mesa.

Voy dentro a seguir escribiendo. ¿Te dejo más pastel? Sí, por favor.

¿Te dejo mi tenedor? No, gracias. No lo necesito.  


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Sobre el autor

Pita Sopena

Pita Sopena

No sé con cuántos años me aficioné a la lectura, pero recuerdo leer los cómics de Esther y a los Hollisters y todos los libros de Enid Blyton. Salté a la literatura española y catalana de BUP y COU, y desde entonces no he dejado de comprar libros que huelen y de leer periódicos en papel. Lo de escribir nace de un aburrido máster, en el que originamos otra forma de ver el mundo y me encontré con unos amigos que, de tanto que les contaba por email, me empujaron a un taller que no sé si me ha hecho escritora, pero desde luego alta lectora y una más amplia persona.Hace más de cinco años fundé La Tienda de las Palabras, cuyo embrión nació en Buenos Aires, en un viaje en 2007, donde entre tangos y alfajores, entre Palermo Soho y San Telmo, me chocaba una y otra vez con librerías en las que entraba y de las que no quería salir. Semanas más tarde me replanteé qué quería hacer con mi vida, y tuve claro que sería algo cerca y acerca de los libros. La Tienda de las Palabras nace de una ilusión que, poco a poco, se ha ido haciendo real, que evoluciona y que desconozco hasta dónde va a llegar. Desde hace dos años, Ámbito Cultural me ha dado la inesperada oportunidad de disfrutar en mi día a día de la maravillosa labor de acercar la cultura a los ciudadanos. Debato aún sobre si es la manera de salvarnos, pero no tengo dudas de que estamos dando forma a un mejor mundo. Personalmente, hace ya tiempo que yo me nutro, con o sin consciencia, de cultura. Me decía hace poco alguien que eso es cosa de los incompletos, de los insatisfechos. Tal vez, es cierto. Bendigo, entonces, y para siempre, dicha infelicidad.

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