Columnas

Larga vida al esqueleto Marvin

Ámbito Cultural

Mi querida Almudena acaba de ganar el primer Premio de Cuento Tres Rosas Amarillas, que le ha reportado la cantidad de 1.000€y la publicación de su relato Cualquier cosa viva. Por todo ello, mi querida Almudena ahora pasará a llamarse Almudena Sánchez. A mi siempre me ha hecho mucha gracia esto desde que lo descubrí cuando gané el Lengua de Trapo. Antes todo el mundo me llamaba Guille y, premio mediante, comenzaron a llamarme Guillermo Aguirre y, a veces, Guillermoaguirre (todojunto).

Bien por Almudena Sánchez que acaba de hacerse merecedora del apellido que su padre le legó. Bromas a parte yo conozco a Almudena desde que apareció por el Hotel Kafka. Ella vino de lejos, de fuera, de las islas esas que tenemos en el mediterráneo, con algo así como 24 añitos porque tenía claro que quería escribir.

Olé sus cojones.

Era tímida, había leído poco pero tenía intuición y olfato (por lo que decían sus profesores). Por otro lado tenía muchas ganas de escribir y de publicar (no sé que tiene el papel que los vuelve locos) y en todo ello me recordaba un poco a mí cuando llegué a Madrid hace ya diez años, con 18 tacos, porque también tenía claro que quería escribir y tenía muchas ganas de publicar (no sé que tiene el papel que nos vuelve locos). Aún así y como siempre digo este entorno lo que más educa es la paciencia y Almudena ha aprendido en paciencia los cuatro años que lleva en Madrid. Ha visto crecer a otros, los ha acompañado, ha preguntado e insistido, se ha preocupado, curioseado, apuntado lecturas y, entre tanto, no ha dejado de escribir ni de buscar la corrección.

Lo sé porque la he visto sufrir en Hotel Kafka, plantear dudas, darle a la mollera hasta el desgaste y volver locos a la mitad de sus profesores.

De este medio existen muchas cosas que me hacen gracia. No sólo está eso de que repentinamente te ganes un apellido que ya se te había dado al nacer. Está también esa otra cosa de que alguien en el otro lado del continente, en un pueblo llamado Prebostes (por ejemplo), cuando ganas un premio en la capital, olfatee tu pasado y comience con eso de “este sujeto conoce a no sé quién” o “este personaje está no-sé-dónde y así se entiende todo”. A mi me pasó y desconozco si así le ocurrirá a Almudena Sánchez (en cualquiera de los dos casos no importa demasiado porque los textos al final se defienden o se condenan solos), pero es de reseñar que aquel que realmente quiere escribir mueve su culo y lo planta en dónde hay otras personas que están escribiendo. Y eso se hace antes de publicar y no después. Y es que, nos guste o no, darle a la tecla no lo es todo. Si esto es bueno o malo no lo sé, menos aún si es democrático, pero en cualquier caso es un requisito necesario y no darse cuenta de ello es vivir en una realidad paralela de plumas y tintas varias.

Almudena (pondré su apellido, lo pondré) Almudena Sánchez, sabía que ambas cosas eran necesarias y no ha descuidado ninguna de las dos. Lo sé ahora que me he leído este relato suyo, ya que antes de publicar no me había leído nada de ella (y eso que he trabajado con ella y es colaboradora de esta página en la que escribo). Y es que esa es otra de las gracias de esto, que si no hay papel y publicación a uno le parece como que no hay por qué leerse un texto.

Y a veces ni con esas.

Cualquier cosa viva va de un esqueleto.

El esqueleto Marvin (…) las veces que lo he metido en los baños de los profesores, en el interior de la capilla ardiente, o al final de aquel sótano, frío, húmedo, dónde agoniza, todos los días, una máquina de refrescos descongelada“.

Va de una muchacha de instituto que se queda encerrada con uno de esos esqueletos didácticos (Marvin) que se agostan dentro del aula de biología. La alumna adormilada tras la clase en una de esas apabullantes tardes calurosas que anuncian el estío. Ella se sueña en el objeto y el objeto se sueña en ella, esqueleto y muchacha configuran así una realidad propia y si la muchacha insulfa vida al esqueleto Marvin, este, por el contrario, parece arrastrarla a ella hacía la muerte.

Desde que me quedé encerrada en el aula de biología junto al esqueleto Marvin, no dejo de imaginarlo fuera de la explicación de los huesos de la señorita Norma” y “Quizá la muerte sea esto, un esqueleto que me sueña muy profundo a altas horas de la noche, quizá la muerte sea un pupitre garabateado de estudiante de 4ºB“.

Así que pese a todo se trata de un relato iniciático. De una iniciación rara, oscura y perturbadora: que recoge ese momento arrasado por el calor y el tedio cuando las aulas se vacían. Ese instante de sopor y caída que no es más (ni menos) que una iniciación a la muerte (un entreverla) algo que a todo el mundo le ha ocurrido en las aburridas clases de 4ºB. Para todo ello Almudena Sánchez utiliza un lenguaje que es también lento, onírico, subordinado, de tonos que van del rojo al ocre y al negro, y que resulta capaz de dar al relato esa sensación de irrealidad, claustrofobia y abandono que necesita para llevarte a lomos hasta el final. Todo ello se une a una forma no lineal, flasheada, que es la manera en la que tienen las cosas de aparecerse cuando se acercan a hurtadillas al sueño.

Y es en ese lugar, en esa sensación de que te están contando algo de otro modo donde radican las mayores virtudes del texto: una voz y una mirada personales, las dos razones por las que se supone que uno le da a la tecla, y luego esa paciencia y esa preocupación por poner su culo donde también hay otros que escriben.

Razones que al final se premian.

El libro está recien editado por la Editorial Tres Rosas Amarillas y lleva por título 05 Relatos. Es de nombrar que Tres Rosas Amarillas es si no la única, de las pocas librerías especializadas en relato que tenemos y la labor de su propietario, José Luis Pereira, por publicar y dar a conocer a autores, se plantea casi como la labor de una ONG. Por ello es un premio a celebrar. Por supuesto tiene otros dos finalistas, Miguel Núñez por un relato titulado Uñas (500€ y publicación) y José Llorente por otro cuento titulado La aurora boreal(publicación a secas). Yo no me los he leído porque una de esas otras gracias que tiene todo esto (y tiene muchas) es que uno acaba por leerse sólo a sus amigos, pero no dudo de la calidad de ambos textos porque el jurado estuvo compuesto por Elena del Hoyo, Matías Candeira, Óscar Esquivias, Víctor García Antón y Eloy Tizón y eso es certificado seguro de calidad.

Larga vida a todos ellos.

Y por supuesto al esqueleto Marvin.


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Sobre el autor

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Guillermo Aguirre (Hotel Kafka)

(Bilbao, 1984). Ganador del Premio Lengua de Trapo de Novela por "Electrónica para Clara" (2010) y autor de "Leonardo" (2013) ha trabajado en diversas editoriales y ha publicado sus relatos en diversas antologías. Actualmente es coordinador de cursos de Hotel Kafka. "El cielo que nos tienes prometido" es su tercera novela.

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