Críticas

“Las crónicas de la Señorita Hempel” de Sarah Shun-lien Bynum

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Escrito por Gonzalo Izquierdo

Todos guardamos en algún compartimento de la memoria la figura de un profesor que marcó nuestra infancia y cuyo eco nos llega engrandecido por la tendencia a idealizar cualquier tiempo pretérito.

La evocación nostálgica del maestro, eje en torno al que se tejen los episodios que conforman la novela de Sarah Shun-lien Bynum (Houston, 1972), es un tema recurrente en la literatura contemporánea que, entre otras muchas, ha dejado obras comoAdiós, Mr. Chips (Good-bye, Mr. Chips, 1934) de James Hilton, La plenitud de la Señorita Brodie (The Prime of Miss Jean Brodie, 1961) de Muriel Spark, Historia de una maestra (1990) de Josefina Aldecoa, el relato La lengua de las mariposas (1996) de Manuel Rivas, Mal de escuela (Chagrin d’Ecole, 2007) de Daniel Pennac,Martes con mi viejo profesor (Tuesdays with Morrie, 1997) de Mitch Albom o El profesor (Teacher Man, 2005) de Frank McCourt.

Mientras la ficción literaria ha aprovechado de manera ocasional el potencial dramático de estos personajes, en el cine se podría hablar de un auténtico subgénero que explota la vertiente más lacrimógena del asunto. En esta línea se hallarían las populares adaptaciones de las obras de Hilton y Sparks, Rebelión en las aulas, El club de los poetas muertos, Profesor Holland, Mentes peligrosas, Música del corazón, Los chicos del coro, Descubriendo a Forrester, La sonrisa de Mona Lisa y un largo etcétera. También cargadas de emotividad pero menos estridentes: las francesas Hoy empieza todo y Ser y tener o la china Ni uno menos.

Las crónicas de la Señorita Hempel, que fue finalista en los PEN/ Faulkner Awards, se situaría a medio camino entre ambas vertientes gracias a una dosis de ironía que contrarresta los posibles excesos sentimentales que parecen inherentes a cualquier mirada sobre ese momento vital en el que “podías tener un talento infinito y ser una promesa (…) hasta que un buen día te dabas cuenta de que no había nada que se te diera realmente bien”. La protagonista, Beatrice Hempel, es una joven recién licenciada que, a pesar de no ser -en sus propias palabras- una gran profesora, pone todo su empeño en resultar cercana a los estudiantes, consciente de lo difícil que resulta “saber captar la atención de sus alumnos, emplear el castigo de manera adecuada y lograr que te quisieran peso a todo”.

La Señorita Hempel es, como afirma una de sus compañeras, una profesora “afable” dotada de un ambicioso plan para ampliar el vocabulario de sus alumnos mediante el uso de palabras largas que, no obstante, prefiere los exámenes tipo test porque los puede corregir delante de la televisión. Considera una enorme responsabilidad escribir los informes destinados a los padres en los que detalla la progresión de sus hijos, ya que su pretensión es la de“hacer unas miniaturas certeras pero cariñosas de los niños que estaban en su clase”. Pero no se engaña acerca de su profesión y pronto descubre que “la enseñanza era un método de extorsión. Te pasabas la vida intentando sacar a tus alumnos una serie de cosas que ellos se negaban a darte: su atención, su trabajo, su confianza”.

Comparte con los padres su maravilla ante el impacto que tiene la lectura de El guardián entre el centeno, que deja a los chavales como “si metieran el dedo en el enchufe y se les pusiera el pelo de punta”. Les manda leer Vida de este chico de Tobias Wolff, despertando reacciones entusiastas a pesar del uso de palabras malsonantes (por las que Hempel siente predilección). A lo largo de ocho capítulos, la autora hace avanzar la narración acumulando las pequeñas anécdotas que tienen lugar entre las paredes del colegio, esbozando un luminoso retrato de ese microcosmos que conforma la suma de los anhelos de los estudiantes y las frustraciones de los profesores.

La escritora se ocupa de manera paralela de la vida privada de Beatrice, sobre la que planea la sombra de su padre muerto hace dos años. La relación entre ambos constituye uno de los hallazgos de la novela; la descripción que hace de cómo la esperaba en el coche cuando la dejaba en casa después de traerla de las clases de música, apagando y encendiendo los faros en señal de despedida, es un ejemplo del talento de la escritora para tocar la fibra del lector sin cargar las tintas. En comparación al padre, los personajes de la madre, la hermana y el novio de la protagonista quedan un tanto desdibujados.

Aunque la equiparación con Salinger y los elogios de Jonathan Franzen puedan resultar desmesurados, Shun-lien Bynum tiene algo que cada vez es más difícil de encontrar: una voz propia, que en Las crónicas de la Señorita Hempel puede enganchar a algunos lectores por su sentido del humor y su falta de pretensiones.


Las crónicas de la Señorita Hempel

Las crónicas de la Señorita Hempel
Autor: Sarah Shun-lien Bynum
Editorial: Libros del Asteroide
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