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El libro póstumo de Ana María Matute

Ana María Matute nos abandonó el pasado 25 de junio, y al dolor de su pérdida solo pudimos contraponerle el consuelo de su legado: una obra literaria de primer orden. “Escribir, para mí, no es una profesión, ni siquiera una vocación. Es una manera de estar en el mundo, de ser, no se puede hacer otra cosa. Se es escritor. Bueno o malo, ya es otra cuestión”, llegó a decir en alguna ocasión.A esa obra se le añade ahora, como un regalo póstumo, Demonios familiares, la última novela de Matute que Destino publica hoy. La escritora catalana dedicó el trabajo de sus últimos meses a este libro, para el que ella misma eligió el título incluso antes de haberlo terminado. Su editor, Rosales, define Demonios familiares como un libro “puro estilo Matute”, en el que no falta “un alto halo poético y a la vez cierta dureza”, un complicado equilibrio al que la novelista nos tenía acostumbrados y que le ha servido para transmitir un cierto realismo lírico muy propio de su literatura.

Demonios familiares desarrolla en sus casi doscientas páginas una historia ambientada en una pequeña ciudad interior española durante el año 1936, historia en la que una carismática protagonista femenina crece y conoce paso a paso el doble filo de la vida adulta: amor y felicidad intermitente, pero también traición y sinsabores históricos. A través de su tradicional sencillez, Matute logra relatar la complejidad y profundidad de algo insondable en lo que, al final, todo lector se reconoce.

A continuación compartimos las primeras líneas de Demonios familiares: “Algunas noches el Coronel oía llorar a un niño en la oscuridad. Al principio se preguntaba quién sería, puesto que hacía muchos años que en la casa no vivía ningún niño. Solo quedaba, en la mesilla de noche de Madre, una fotografía sepia, una sonrisa transparente y errática -quién sabía ya si de Madre o del niño-, flotando en la noche, como una luciérnaga alada. Ahora sus recuerdos, incluso los tenebrosos fantasmas de la campaña de África, se parecían cada día más a desperdicios, lo que queda, migas de pan en el mantel, de un antiguo festín”.


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Redacción de Ámbito Cultural

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