Críticas

“Lost In Music. Una odisea pop”, de Giles Smith.

Juan J. Gómez
Escrito por Juan J. Gómez

Las estrellas del pop mienten cuando dicen que siguen siendo los mismos, que sus amigos son los de siempre, que la fama y el dinero no les han cambiado. Nadie dice esas cosas salvo cuando el éxito le ha doblegado. Pruebe, si no, el lector a decir en alto: “Soy el mismo de siempre, mi gente lo sabe, soy uno más”. Da risa, ¿verdad?. Sí, da mucha vergüenza hablar así. Salvo cuando eres de verdad una estrella del pop.

En su libro de recuerdos Lost in music. Una odisea pop, el británico Giles Smith (Colchester, 1962), ex componente del grupo ochentero CleanersFrom Venus, logra convencernos de que el éxito como estrella del pop jamás le cambió, pero porque nunca lo tuvo. Smith,hoy columnista deportivo en The Times,grabó un único disco con la banda. Lo publicó RCA en Alemania, donde dieron algunos conciertos. Y si bien la grabación no fue apreciada en su tiempo, años después tampoco se hizo de culto.

Y de eso va este entretenidísimo libro,publicado hace 20 años y recuperado por fin en España gracias a la editorial Contra. Lo común en la bibliografía del rock es la hagiografía de grupos, solistas y géneros;el elogio complaciente del malditismo y, en definitiva, la gravedad.Lejos de todo eso, Smith relata su carrera frustrada -ni siquiera truncada-con saludable naturalidad. Escribe con ese tono directo y ligero de las mejores canciones pop. Como en este diálogo tras un concierto entresu compañero de banda, Martin Newell, y una adolescente:

—¿En qué grupo estás?—preguntó.

—En los CleanersFrom Venus —le respondió.

—Acabo de llegar. ¿Qué tal ha sido?

—Pues no sé… bien. Creo que no ha estado mal—dijo Newell.

—Seguro que ha sido una mierda —concluyó la chica antes de alejarse.

Es lo más parecido a una groupie que aparece en todo el libro.

Con idéntica honradez,el autor despliega la otra gran historia que cuenta Lost in music, su relación con el pop como fan, tan entregada como arbitraria. “He pasado más tiempo escuchando a Whitney Houston que a Bob Dylan”, cuenta, pero no confiesa.

Cada uno de los 50 capítulos–en total, 300 páginas, la brevedad denota pulso de columnista-se vincula a un recuerdo personal y está encabezado por nombres de artistas de la época.Un repaso al índice es otra exhibición impropia de honestidad. Ajeno a toda ostentación melómana, aparecen The Beatles, T.Rex, StevieWonder oAretha Franklin, pero también NikKershaw, Paul Carrack, ScrittiPolittio Phil Collins. “Mis compras de discos no tienen nada que ver con la música o, en cualquier caso, la música es solo una parte lejana y casi olvidada de lo que las motivó”, aclara a propósito de su bizarra obsesión por los discos de 10cc.

Smith se parodia a sí mismo sin miramientos. Provoca la sonrisa constante y a menudo, la carcajada. Sus manías de fan son lo másdivertido.Es fácil identificarse –o eso nos parece- con sus tics de coleccionista: aquel buscar en las tiendas los discos que ya se tenían -o los que se sabía que no existían, pero por si acaso-, y jamás preguntar nada al dependiente; el pavor a mezclarlos vinilos propios con los de las novias;la incapacidad para revender, intercambiar o regalar discos propios; el privilegio de tener hermanos mayores; las compras que se hacían solo por lealtad a una banda; las amistades forjadas en torno a un álbum -o por eso mismo, lasfobias-; el juzgar a las personas por su colección de discos -y esconder a las visitas las adquisiciones vergonzantes-; las crisis existenciales que provocaron las sucesivas apariciones del casete, el CD, el MP3… “¿Y qué decir del orden alfabético? No creo que haga falta decir nada sobre el orden alfabético”.

El niño que imitaba a Marc Bolan y el adolescente que quiso serStingmaduraron para comprender que “se puede ser músico o se puede ser fan de la música”, y que “aunque ambas cosas comparten numerosos rasgos distintivos y confluyen en ciertos puntos prometedoramente parecidos, en última instancia son cosas completamente distintas”, como resume el autor en el oportuno epílogo, escrito para la edición española.Smith descubrió al final en qué lado de la línea estaba y aprendió a vivir con ello. No es poca sabiduría, suficiente para desenfundar aforismos: “Los hombres ingleses blancos de clase media deberían tener la entrada prohibida a cualquier pista de baile”, o disparar advertencias: “Invitas al pop a pasarse por tu casa y, sin darte cuenta, te está diciendo qué ponerte y eligiendo a tus amigos”.

Leer Lost in Musices una forma de recordar un tiempo, antediluviano para quien mida su discoteca en bits, anteayer para quienes frecuentaron las caras B, en que la relación que se tenía con la música era muy especial. Pero es mejor que lo diga Giles Smith: “En ese momento el pop no era la banda sonora de tu vida, era tu vida”.


Lost in music

Lost in music
Autor: Giles Smith
Editorial: Editorial Contra
Páginas: 312
Comprar

 

Valora la calidad de este artículo

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (Ninguna valoración todavía)
Loading...

Sobre el autor

Juan J. Gómez

Juan J. Gómez

Juan J. Gómez nació en Santander (1970), se licenció en periodismo en Bilbao y vive en Madrid. Ha trabajado en medios (El País, Reuters, Público, entre otros) y como director de comunicación (en diferentes entidades públicas y privadas). Colabora de forma esporádica con diferentes publicaciones. En Ámbito Cultural escribe sobre libros relacionados con la música, una de sus principales aficiones.

Escribe tu comentario

Send this to a friend