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Mavis Gallant

Mavis Gallant

No había leído a Mavis Gallant hasta que la editorial Lumen tuvo la gentileza de enviarme una compilación de sus cuentos. Tampoco sabía nada de esta autora canadiense, a la sazón venerable octogenaria radicada en París, donde ha aguardado, ignoro si con esperanza o sin ella, que la Academia Sueca tomara en consideración su candidatura al Premio Nobel de Literatura. Asidua colaboradora del New Yorker – prodigioso vivero de los mejores cuentistas del siglo XX – Mavis Gallant empezó una carrera como periodista para abandonarla cuando frisaba la treintena con la intención de dedicarse a la narrativa. Como lectora, puedo decir que aplaudo el momento en que Gallart tomó semejante decisión, pues al lanzarse en brazos de la narrativa tras dar calabazas al reporterismo estaba empezando a hacer un valioso regalo a quienes disfrutamos del arte de la ficción.

Mavis Gallant solía decir que uno no puede leer una colección de cuentos como quien lee una novela, pretendiendo devorar una página tras otra para llegar a la tierra prometida de un final redondo. Los cuentos, y no puedo sino asentir, hay que leerlos como piezas únicas, separándolas no sólo del resto de la producción literaria de su autor, sino especialmente de sus otros relatos. Inconscientemente, uno espera en un cuento la continuación del otro, pero, como escribe la propia Gallart, “los relatos no son capítulos de novela (…) Hay que leer uno. Luego cerrar el libro. Leer otra cosa.Volver más tarde. Los relatos pueden esperar”.

Y eso fue lo que hice yo con este volumen: leerlo a saltos. Un cuento aquí, otro allá, uno un lunes, otro un miércoles. Todos eran espléndidos, todos eran distintos. Hay, como no, el aura intangible que deja el estilo personalísimo de la autora – a quienes algunos compararon con el mismísimo Henry James – y una cierta distancia común a todas las historias: quizá porque su escuela fue el periodismo, Gallart es capaz de situarse fuera de la escena, tratar a los personajes desde un ángulo ajeno. Desde una perspectiva particular e independiente, a veces incluso desapasionada. No hay juicios. No hay moraleja. Pocos autores son tan capaces de no interferir en la conclusión del lector.

Es imposible trazar una línea que sirva para clasificar los cuentos de Gallart, no siquiera con el propósito de ordenarlos. Sus editores españoles han optado por presentarlos cronológicamente, lo que sirve al lector para comprobar que el talento de la autora se encontraba ya en estado puro en los cuentos que escribió cuando acababa de cumplir veinte años.

De los treinta y cinco cuentos que componen el volumen editado en España por Lumen me quedo con dos: “El verano de un hombre soltero”, en el que un solterón ve trastocada la paz de su verano cuando la familia de su hermana invade su casa del sur de Francia, y “El otro París”, que cuenta la decepción de una joven que se instala en la capital francesa y busca en vano la ciudad idealizada por las fotografías y el cine. “El otro París” es uno de los cuentos más sólidamente construidos que he leído en los últimos cinco años: un verdadero prodigio de inteligencia, agudeza y capacidad descriptiva, un reto absoluto, tal vez porque es mucho más fácil plasmar el entusiasmo que la desilusión, mucho más sencillo retratar el París luminoso y alegre que sueña la protagonista de la historia que la ciudad cenicienta y aburrida en la que está obligada a vivir. Hablar de la belleza puede ser sencillo. Definir la vulgaridad no lo es tanto. Pero Mavis Gallant parece haber elegido fijarse, simplemente, en los mundos que existen, igual que ha elegido como protagonistas a personas de carne y hueso, a las que retrata sin hacer concesiones a la piedad.

No se pierdan a esta autora. Quizá, en un día no lejano, escuchemos su nombre junto al sonido inmortal del premio de los suecos, y entonces entrará a la fuerza en nuestras vidas con la presión de los medios y la tabarra de los críticos. Abrámosle, pues, motu proprio las puertas de nuestro tiempo y nuestra capacidad para el disfrute, antes de que hacerlo con la conciencia de estar siguiendo la triste corriente de las modas literarias.


Los cuentos

Los cuentos
Autor: Mavis Gallant
Editorial: Lumen
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Marta Rivera de la Cruz

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