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Sanitarios que merecen también un aplauso… por su literatura, por José A. Redondo

José Antonio Redondo

Es frecuente pensar que los escritores son gentes fundamentalmente de letras, pero en realidad las palancas que mueven a alguien a escribir nacen a veces de profesiones que nos hacen ver la vida desde un ángulo muy especial, ya citamos el caso de los pilotos de avión que cambiaron la literatura desde el aire. Llevamos varios días aplaudiendo a médicos, enfermeras y personal sanitario en general y creo que es ocasión de darnos un argumento más: muchos de ellos escriben o han escrito de un modo magistral, no sólo han mejorado la vida de sus semejantes a través de la salud, sino a través de sus historias, de su literatura. La nómina es extensa y sorprende porque en algunos casos incluye a autores profundamente admirados, tanto que a veces se olvida que también y sobre todo, dedicaron su vida al antiquísimo oficio de la medicina.

Imhotep

Es uno de los primeros médicos de la Historia, el primero documentado como tal, un hombre de inmenso talento, un polímata que además fue poeta, arquitecto, escultor, matemático y astrónomo. Vivió hace 4.700 años en el antiguo Egipto, donde llegó a ser Canciller del Faraón y sumo sacerdote de Ra en Heliópolis. Aunque no he sido capaz de encontrar un texto suyo, es citado en el Canto del Arpista, 600 años después donde se dice “He oído las palabras de Imhotep y de Hardedef que se citan en proverbios y han sobrevivido a todo.” Se le atribuye como arquitecto la pirámide escalonada de Saqqara, “la más sagrada” y fue uno de los contados plebeyos que acabó venerado como dios. Se ha especulado con que fue el autor original del Papiro Edwin Smith, una obra maestra de la medicina egipcia, pero no se ha podido probar. El nombre ha llegado a la cultura popular no tanto por su faceta de poeta o arquitecto, sino por dar nombre al sacerdote que encarna el gran Boris Karloff en La Momia (1932). Si queremos conocerle un poco más podemos acercarnos a un libro de Christian Jacq: Imhotep. El Inventor de la Eternidad.

San Lucas

Este médico griego de Antioquía y uno de los primeros cristianos es autor del evangelio más extenso del Nuevo Testamento y también escribió el libro llamado Hechos de los Apóstoles. Sin duda uno de los autores más leídos de la historia. Aunque se puede argumentar que la intención de estos textos no es literaria, no cabe duda de que ha influido sobre ilustres escritores como los místicos españoles, por otro lado de su propio prólogo se deduce que estamos ante un narrador de historias con un propósito moral: “después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido”. En su texto encontramos aportaciones que no están en los otros evangelios, como la parábola del buen samaritano, donde utiliza un narrador enmarcado, el propio Jesús.

Avicena

El persa Abū ‘Alī al-Husayn ibn ‘Abd Allāh ibn Sĩnã, más conocido por su nombre latinizado, Avicena, fue médico, filósofo y científico. Es autor de El libro de la curación y El canon de medicina. Vivió a caballo de los siglos X y XI y fue considerado como el tercer Maestro (después de Aristóteles y Al-Farabi). Su poema de la medicina contiene una de las más famosas definiciones de esta disciplina:

«La medicina es el arte de conservar la salud y eventualmente de curar la enfermedad ocurrida en el cuerpo».

Maimónides

Este judío sefardí cordobés, Moisés ben Maimón, fue médico, filósofo, astrónomo y rabino en Al-Ándalus, Marruecos y Egipto. Escribió poemas religiosos, textos sobre medicina, textos talmúdicos y una obra de alcance filosófico que cuenta con diversas ediciones: La guía de los perplejos. En esta última nos deja claro que la medicina no sólo es necesaria para el hombre enfermo sino también cuando está sano, apostando por la medicina preventiva:

“Has de saber que la medicina es ciencia sumamente necesaria al hombre en todo lugar y en toda época; no solamente en caso de enfermedad sino también en estado de salud”.

François Rabelais

Este benedictino secularizado, formado en medicina en Montpelier, se instaló como médico del hospital de Notre-Dame de la Pitié du Pont-du-Rhône en 1532. Ese mismo año publica bajo el pseudónimo de Alcofribas Nasier su primer libro de la serie Gargantúa y Pantagruel. Publicó un segundo libro en 1534 bajo el mismo pseudónimo y poco después fue condenado junto con el anterior por la Sorbona. En realidad, estos libros llenos de carga humorística habían sido concebidos para ayudar a los pacientes afectados de melancolía. No pudo volver a publicar hasta once años después, para entonces ejercía como médico del cardenal du Bellay. El estudioso Mijaíl Bajtín coloca a este autor, no sin razón, como el equivalente francés a Cervantes y Shakespeare. No sabemos mucho de sus aportaciones como médico, pero por su calidad literaria estamos ante un autor mayor y por sus textos sabemos que tanto en su obra como en su actividad médica perseguía la salud y la alegría como objetivo vital:

Sin salud, la vida no es vida: es un estado de tristeza y de imagen de la muerte.

Oliver Goldsmith

Este médico irlandés fue también escritor. Es conocido fundamentalmente por su novela El vicario de Wakefield. Fue protegido por el Dr. Samuel Johnson, quien precisamente consiguió hacerle prosperar como escritor al conseguir vender por 70 libras los derechos de publicación de esa novela. Es además antepasado del poeta Cecil Day-Lewis y del hijo de éste, el actor Daniel Day-Lewis. Pocas obras aparecen tan mencionadas en otras grandes obras, tiene el honor de haberse asomado a las páginas de Las penas del Joven Werther, de Goethe, a Historia de dos ciudades y David Coperfield, de Dickens, Frankenstein de Mary Shelley o Emma de Jane Austen.

John William Polidori

Conocido por ser el médico personal de Lord Byron. Escribió sin mucho éxito teatro y poesía. Formó parte del pequeño círculo de amistades que compartió la Villa Diodati con Percy B. Shelley y Byron, en aquel año sin verano. Fue allí y entonces cuando nacieron el inmortal Frankenstein de Mary Shelley, y también El vampiro, la única obra de Polidori que ha pasado a la posteridad. Un texto tremendamente influyente del que derivan obras capitales como Carmilla o Drácula. Polidori fue también tío carnal del poeta y pintor Dante Gabriel Rossetti. Acabó con su vida en 1821 tomando un veneno: ácido prúsico.

John Keats

John Keats solo vivió hasta los 25 años, pero en ese corto tiempo logró convertirse en un farmacéutico/ cirujano con licencia y en uno de los poetas románticos más famosos. Keats asistió como médico en formación al Guy’s Hospital (que más tarde pasó a formar parte como hospital universitario del King’s College de Londres). En este lugar, famoso por protagonizar la primera transfusión de sangre humana, Keats desempeñó la posición de asistente de cirujano (un puesto reservado para estudiantes que mostraron un talento prometedor). Sin embargo, mientras estaba en la escuela de medicina, también comenzó a escribir sonetos y, una vez que recibió su licencia de farmacéutico, eligió dedicarse a la poesía en lugar de seguir su carrera de medicina. Aunque parecía tener una prometedora carrera en el sector sanitario, su excepcional conocimiento de la literatura clásica y contemporánea y su inmenso talento le convirtieron en uno de los mejores poetas del romanticismo inglés pese a su corta vida. El año anterior al de su muerte había realizado obras tan notables e influyentes como Lamia, o sus seis grandes odas.

“la belleza es la verdad, la verdad belleza; esto es todo
lo que sabes de la tierra, y todo lo que saber necesitas.”

Arthur Conan Doyle

Se licenció en medicina en la Universidad de Edimburgo en 1880 y se doctoró en 1885. Cursó estudios avanzados en Viena y París para convertirse en oftalmólogo. Abrió consulta en Londres en 1891, pero tenía bastante tiempo libre que utilizaba para escribir. Aquel verano empezó a publicar en The Strand Magazine unos relatos protagonizados por un personaje llamado Sherlock Holmes. Como autor su obra abarca muchos más géneros y libros, pero la fama de su personaje es inmensa. Es curioso, pero sí hubo una persona que conoció el escritor con unas capacidades deductivas asombrosas y que le inspiraron para crear a Holmes; su profesor y médico forense Joseph Bell. El nombre del detective proviene de otro médico escritor, filósofo y poeta que admiraba Doyle: Oliver Wendell Holmes, que perteneció al grupo de nominado «El club de los metafísicos».

Antón Chéjov

Antón Pávlovich Chéjov se formó como doctor en la Unversidad de Moscú y ejerció la medicina desde 1884. En 1887 empieza a tener los primeros síntomas de tuberculosis, la enfermedad que acabaría con su vida con tan solo 44 años de edad. No necesitó mucho más para convertirse en uno de los más admirables escritores, un maestro del relato corto, sólo comparable a Poe o Maupassant. Fue merecido ganador del Premio Pushkin. También fue un dramaturgo destacadísimo como creador de obras como La Gaviota, Tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos obras todas ellas representadas con éxito por la compañía Teatro de Arte de Moscú, del influyente Stanislavski. En una ocasión dijo que su esposa legítima era la medicina y la literatura su amante. Fue un médico vocacional; no sólo le costó la vida su profesión, sino que donaba sus servicios médicos y diversos fármacos a los campesinos que se encontraban a cierta distancia de su casa de campo en Mélijovo. También se encargó de organizar la ayuda para las víctimas de la hambruna y los brotes de cólera de 1892, construyó tres escuelas, una estación de bomberos y una clínica.

Arthur Schnitzler

Se doctoró como médico el 30 de mayo de 1885, después fue ayudante del psiquiatra Theodor Meynert, uno de los maestros de Freud. Ya escribía antes de comenzar a ejercer como médico. Destacó como dramaturgo y narrador con obras como Relato soñado, Apuesta al amanecer, El regreso de Casanova, La señorita Else, El destino del barón Von Leisenbohg, Morir, El teniente Gustl y su biografía Juventud en Viena. Su Relato soñado inspiró la última película de Kubrick: Eyes Wide Shut.

Alfred Döblin

Se formó como médico en Berlín, especializándose en psiquiatría, actividad que comenzaría a ejercer en 1906. Hacia 1910 comenzó a publicar artículos en la revista expresionista Der Sturm; en esa década entabló relación con numerosos intelectuales de esa corriente. En 1913 completó su tercera novela Los tres saltos de Wang-lun , que se publicaría tres años más tarde y ganaría el prestigioso Premio Fontane. Su gran éxito le llegó de forma tardía con la publicación en octubre de 1929 de su novela Berlin Alexanderplatz, que le otorgó fama mundial y el reconocimiento de grandes críticos como Walter Benjamin. Sus orígenes judíos y su filiación con los círculos intelectuales de izquierdas le hicieron huir del nazismo en 1933. Sus obras fueron elogiadas por autores de la importancia de Thomas Mann y Bertold Brecht. Fassbinder adaptó su principal obra en una excepcional serie de televisión.

Gottfried Benn

Otro escritor de primer orden. Benn es el poeta alemán más importante de la primera mitad del siglo XX, aunque también es autor de ensayo y narrativa. Cayó en desgracia por su vínculo con el expresionismo durante el régimen nazi, hasta 1948 no volvió a publicar y fue cuando empezó a ganar renombre en círculos más amplios. Su primer poemario lo había publicado en 1912, justo cuando se doctoró en medicina. Mordaz, melancólico, artístico y vanguardista fue un escritor único y diferente; el heredero poético de Nietzsche. Fue fuertemente rechazado por autores enemigos del nazismo, como el propio Döblin.

William Carlos Williams

Ejerció la medicina general y también como pediatra. Escribía de noche al acabar su jornada, dejó una extensa obra como poeta y prosista. Su frase «Un mundo nuevo no es más que un nuevo modo de pensar», define su vocación creativa. En la búsqueda de un lenguaje “verdadero” se convirtió en uno de los poetas más creativos e innovadores que ha habido. Es autor de Paterson, una extraordinaria combinación de poesía y prosa y uno de los pocos proyectos de envergadura comparable a los Cantos de Pound.

Mijaíl Bulgákov

Se formó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Kiev y ejerció como médico en el hospital militar de esa ciudad. Fue médico voluntario de la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial, siendo herido gravemente por dos veces, lo que le dejó secuelas, entre otras un dolor abdominal crónico, que inicialmente palió con morfina. Tras graduarse en 1916 dirigió un pequeño hospital público, una experiencia que se refleja en su Diario de un joven médico. En 1919 dejaría la medicina por su vocación más fuerte: la literatura. Bulgákov fue conocido en vida por su faceta de dramaturgo, gracias a las obras con las que contribuyó al Teatro de Arte de Moscú de Konstantín Stanislavski. Bulgákov nunca apoyó el régimen soviético, por lo que su carrera fue haciéndose cada vez más complicada; hacia 1929  el gobierno había censurado y prohibido la publicación de cualquiera de sus trabajos y la puesta en escena de cualquiera de sus obras. Llegó a pensar en suicidarse y echó a las llamas el manuscrito de El maestro y Margarita. El 18 de abril de 1930, dos días después del suicidio de Maiakovski, Bulgákov, con el revolver preparado en el cajón de su despacho, recibe la llamada del mismísimo Stalin, para responderle por una carta que el escritor le había remitido pidiéndole emigrar. Convienen que es mejor que no se aleje de su patria y se le permite una cierta actividad teatral, aunque su situación no cambia prácticamente en nada, supervisado por la NVKD que llega a detenerle en varias ocasiones. El maestro y Margarita vio la luz muchos años después de su muerte, entre 1966 y 1967 en una versión censurada. Esta novela fáustica y radicalmente moderna había sido reescrita de memoria, como se dice en la novela repetidas veces «los manuscritos no arden». Bulgákov escribió varias novelas más, entre las que destaca la estremecedora Morfina así como relatos breves emparentados con el enfoque literario de William Carlos Williams.

Pío Baroja

Baroja acabó los estudios de Medicina, que cursó en Madrid y Valencia y remató su trayectoria académica con una tesis titulada El dolor, estudio de psicofísica. Tras ello ejerció como “médico de espuela” (médico rural que atendía varios pueblos). Abandonó la medicina, para la que no tenía una gran vocación y decidió volver a Madrid, donde inicialmente regenta la tahona del negocio familiar, Viena Capellanes, «Es un escritor de mucha miga, Baroja», dijo irónicamente de él Rubén Darío. En 1900 publicaba su primera obra, Vidas sombrías, una colección de cuentos que empezó a darlo a conocer y que recibió los elogios de reputados autores, como Unamuno y Benito Pérez Galdós. Su obra es muy amplia y cuenta con algunos títulos conocidos como El árbol de la ciencia, Zalacaín el Aventurero, Las inquietudes de Shanti Andía y Las memorias de un hombre de acción, la gran obra de su vida, que cuenta con 22 volúmenes.

Louis-Ferdinand Céline

Louis-Ferdinand Destouches, que adoptó el pseudónimo por el que sería mundialmente conocido Céline, es el autor de una novela revolucionaria: Viaje al fin de la noche. Por su número de traducciones e impacto es un escritor clave en el siglo XX, a quien quizás sólo ha superado Marcel Proust. Fue un escritor tardío, ya que tras haber ejercido como soldado de caballería en la Primera Guerra Mundial acabó su carrera de medicina y presentó su tesis doctoral el 1 de marzo de 1924, La vie et l’œuvre de Philippe Ignace Semmelweis 1818-65, un texto pasó a ser considerado su primera obra literaria. En su faceta de médico trabajó en temas que hoy se han vuelto de gran actualidad, la prevención de infecciones y epidemias. Semmelweis al que se conoce como “el médico que se lavaba las manos”, observó en De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal, publicado en 1861, la enorme diferencia de mortalidad en los partos que eran atendidos por parturientas que los que eran atendidos por médicos expertos, los cuales lo hacían sin haberse lavado las manos; fue esta preocupación y este personaje los que centraron su tesis, una obra de sorprendente intención literaria. Céline reingresó en el ejército como oficial de los cuerpos sanitarios. Especializado como epidemiólogo, recorrió gran parte de África, Canadá y los Estados Unidos de América por cuenta de la Sociedad de Naciones en el ejercicio de su profesión. Regresó a su país para trabajar en una modesta clínica de los suburbios de París. Tras publicar la también notable Muerte a crédito, comenzó una extraña producción de panfletos carcomidos de odio antisemita, se aproximó al nazismo y acabó exiliado en Dinamarca. Descarriado como persona y desorientado como escritor se convirtió en un autor admirado por su obra y repudiado por sus tremendos errores, de los que nunca se arrepintió.

A.J. Cronin

El escocés Archibald Joseph Cronin trabajó en diversos hospitales y fue cirujano de la Royal Navy durante la Primera Guerra Mundial. Es conocido por ser el autor de La ciudadela (The Citadel) y Las llaves del reino (The Keys of the Kingdom). La primera, protagonizada por un médico que trata a los mineros de Gales, fue lleva al cine por King Vidor, recibiendo 4 nominaciones de Óscar; la segunda de John M. Stahl fue protagonizada por Gregory Peck y recibió también otras cuatro nominaciones al Oscar.

Luis Martín-Santos

Luis Martín-Santos Ribera se licenció en medicina con premio extraordinario y se doctoró con una tesis dirigida por Pedro Laín Entralgo. Fue un reputado psiquiatra. A lo largo de su vida publicó escritos médicos, ensayos y creación literaria. En esta última faceta sorprendió con la novela que le haría célebre: Tiempo de silencio, una obra revolucionaria para su época que además de estar excelentemente escrita utilizaba muchos recursos narrativos que hasta entonces no se habían utilizado en el realismo social propio de aquella época.

Oliver Sacks

Oliver Wolf Sacks se licenció en fisiología y biología y se especializó como cirujano. Intentó ser piloto de las fuerzas aéreas canadienses, pero fue rechazado. Hacia 1965 comienza a ejercer como neurólogo en Nueva York. Su libro más famoso es Despertares, en él se basa la película homónima de 1990, donde describe sus experiencias con el uso de la nueva droga L-Dopa en pacientes postencefalíticos del hospital Bet Abraham. Sacks describe en sus obras la enorme capacidad adaptativa de la humanidad, incluso ante casos calificados como incurables. Su última obra fue Alucinaciones, esta obra trata de luchar contra los prejuicios y la estigmatización: «Las alucinaciones no pertenecen en su totalidad a la locura. Mucho más comúnmente, están vinculadas con la privación sensorial, la intoxicación, la enfermedad o el prejuicio».

¿Por qué tantos médicos han hecho escritos de tanta altura literaria? Quizás porque su profesión no es más que una defensa de la vida y de la felicidad, tal y como lo vieron Rabelais, Maimónides o Oliver Saks, entre otros. Algo que es la raíz de la literatura, tal y como lo expresó Aristóteles en su Poética:

La tragedia es en esencia una imitación no de las personas, sino de la acción y la vida, de la felicidad y la desdicha.


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Sobre el autor

José Antonio Redondo

José Antonio Redondo

José Antonio Redondo ha desarrollado su actividad profesional entre los ámbitos de Internet, la formación y la cultura. Es cofundador de Hotel Kafka. Ha trabajado más de 20 años en el campo del eLearning como consultor y directivo y lleva más de 25 liderando proyectos en el ámbito digital y escribiendo libros y manuales sobre estas materias y sobre management. Actualmente es director de estrategia digital e infraestructura web de IMF Business School; siendo también director de ambitocultural.es, la web de cultura de El Corte Inglés. Fue vocal desde su fundación de la Comisión de Innovación y Nuevas Tecnologías de CEIM (Confederación de Empresarial de Madrid - CEOE) y de la Comisión de eLearning de la Asociación Nacional de Empresas de Internet (ANEI). Es autor también de varios libros, artículos y manuales relacionados con la gestión de calidad en empresas de servicios, Internet y comercio electrónico. Tras estudiar Ciencias Químicas y Matemáticas en la UCM, se especializó en dirección de empresas y en gestión de producción y tecnología en la Universidad Politécnica de Madrid así como en todos los aspectos relacionados con Internet. Cursó Piano en la Escuela de Música Creativa y es Máster en Creación Literaria por la Escuela de Letras de Madrid.

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