Críticas

“Musketaquid”, de Henry David Thoreau

Musketaquid

Errata Naturae edita por primera vez en español “A week on the Concord and Merrimack rivers”, una nueva oportunidad de descubrir la escritura clara y brillante de H. D. Thoreau.

Construir un barco. Un barco de madera y echarse al mar. Y si no hay mar echarse al río. Con un barco hecho por uno mismo. Dice Thoreau “todo en un barco es arte salvo la madera”. Esa es la diana a la que apunta el dedo del autor: echarse al río, iniciar el viaje vinculados sólo por la hermandad y luego escribir un libro. Escribir un libro como se viaja. No como se viaja a través de la fantasía sino en la vida real. Porque lo más destacado del viaje, de cualquier viaje, son las horas muertas. Los segundos olvidados con mirada perdida. La cola de espera es la condición necesaria para vivir el viaje.

Thoreau utiliza con mucha sabiduría un arte literario tan viejo como el viaje. Que bebe de él como el mar hace con los ríos. Su libro no comparte nada ni con ni con la guía de viaje ni con los actuales relatos de viajes, repletos de momentos arrebatadores. Por el contrario lo comparte todo con la lentitud del viaje a través de la naturaleza -en el que una hora en llano son seis kilómetros y nunca nada más-. La descripción y el pensamiento se engarzan con suavidad y calma. Porque todo en este libro es pausado, se recorre en ausencia de rápidos. Las descripciones se muestran bien hiladas gracias a un lenguaje claro y preciso. El pensamiento se halla en el texto como las migas de pan de Hänsel y Gretel. Algo mínimo que a lo sumo indica una dirección. Las fuentes de Thoreau provienen del mundo clásico. Un mundo clásico que con frecuencia despierta extrañeza. Thoreau por lo tanto es un escritor que se disfruta por la pasta de la que está hecho, por la calidad del trigo. No por su salsa. No hay nada en él superfluo porque todo es superfluo. Si bien no es divertida su escritura se bebe con alegría. Esa alegría mana de un pozo profundo: humana hermandad y mutua comprensión.

Thoreau es más un pensador que un narrador. Aunque en ocasiones narre con gran maestría: historias ante todo verídicas que siempre quedan inconclusas. Pequeños fragmentos de hechos casi olvidados. Además, por muchas razones, es un filósofo destacable. Quizá no por un pensamiento elevadísimo sino por su sinceridad, su ironía y, sobre todo, por su prosa. A Thoreau se le entiende con facilidad meridiana. Su pensamiento se muestra ante nosotros sin elementos superfluos que lo corrompan. Jamás totaliza pero tampoco minimiza. Sus obsesiones son fieles a él mismo: el panteísmo, la naturaleza y su pérdida irremediable. Posee el valor del pensador que obra en consecuencia a su pensamiento. De ahí es de donde irradia el respeto y de éste el valor de su obra.

Leer Musketaquid es recorrer páginas humildes. En ellas el hombre y la naturaleza se colocan juntos y todo juicio sobre el primero se entreteje con la segunda. Es el autor un hombre en perpetua búsqueda de una vida más sencilla y salvaje. Continuamente criticando lo que ya es imposible perder, nuestro divorcio con la naturaleza, si no es con la extinción de nuestra raza y semilla. Como él mismo dijo: “Puede que haya un exceso de cultura, hasta el punto de que la civilización se vuelva patética, hasta llegar a un hombre extraordinariamente cultivado, ¡cuyos huesos todos puedan doblarse, cuyas nobles virtudes no sean más que buenas maneras!”. Es por lo tanto la lectura de Thoreau un acto antiquísimo y contradictorio: buscar una lectura que no cultive, que tan sólo muestre y señale.


Musketaquid

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Autor: Henry David Thoreau
Editorial: Errata Naturae
Páginas: 368
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Redacción de Ámbito Cultural

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