Columnas

La noche de los cristales rotos

Gilbert Martin

Hace unas semanas, y casi por casualidad, cayó en mis manos el libro “La noche de los cristales rotos”, de Martin Gilbert, en una cuidada edición del sello editorial Siglo XXI. Gilbert es uno de los más reputados historiadores británicos actuales, y compagina la condición de profesor de la Universidad de Oxford con su trabajo de investigador. Bien conocido por su tarea como biógrafo de Winston Churchill, el profesor Gilbert es una autoridad en estudios sobre la Primera y Segunda Guerra Mundial. Había oído hablar de este libro y de su autor, y mi interés por el tema del Holocausto hizo el resto, así que decidí pasar un fin de semana en compañía de “La noche de los cristales rotos”.

Como me ocurre siempre, la lectura de las diez primeras páginas me hizo caer en la cuenta de mi profunda ignorancia. Porque, aunque creía saber los datos esenciales sobre los tremendos días de noviembre en los que el gobierno nazi provocó y consintió que se desatase una irracional furia popular sobre los judíos alemanes, sólo ahora supe que los incendios de las sinagogas, los destrozos en las tiendas propiedad de judíos y las innumerables agresiones de las que fueron objeto honrados ciudadanos cuyo único crimen era el de no ser gentiles, se desencadenaron a partir de un hecho concreto. El 3 de noviembre de 1939, un joven estudiante judío que vivía en París recibió un angustioso telegrama de su hermana mayor en la que ésta le contaba que ella y los padres de ambos habían sido expulsados de Hannover, y que se encontraban en la frontera con Polonia sin dinero, recursos ni ayuda de ningún tipo. Los judíos alemanes residentes en el extranjero sabían que el 18 de octubre de 1939 Hitler había ordenado echar de Alemania a 12.000 judíos de origen polaco, pero Herschel Grynszpan nunca pensó que la deportación pudiese tocar a su propia familia. Desesperado, indefenso, confundido por los acontecimientos, incapaz de contactar con los suyos, Grynzspan hizo una estupidez: compró un revolver y, tras dirigirse a la embajada alemana en París, tiroteó al tercer secretario, Ernst Von Rahm, que murió unos días después.

Aquel atentado era exactamente lo que los nazis necesitaban para probar que los judíos merecían ser aniquilados. El ocho de noviembre, el gobierno de Hitler anunciaba las primeras medidas en contra del colectivo judío. Fue la mecha que encendió el gigantesco cartucho de dinamita de la barbarie, del odio sin explicación, de la locura colectiva que marcó el principio del Holocausto, la primera piedra de la Solución Final, el pistoletazo de salida de una de las más grandes ignominias de la historia. Sin saberlo, un pobre estudiante desolado se convirtió en catalizador de algo que ni siquiera la mente más retorcida hubiese podido aventurar.

Martin Gilbert hace en su libro una brillante evaluación de los acontecimientos que precedieron y sucedieron a la Kristallnacht. La profundidad del análisis que ofrece se completa con decenas de testimonios de testigos que vivieron en primera persona los acontecimientos de aquellas jornadas infaustas, de forma que esta publicación tiene un notable interés desde el punto de vista periodístico. Gilbert es un historiador brillante, pero también un buen narrador que se apoya en los mejores recursos del reporterismo para apuntalar los hechos.

Si les interesa la historia, no se pierdan este libro. Y si creen que no les interesa, léanlo también. Quizá encuentren un motivo para cambiar de idea.


Valora la calidad de este artículo

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (Ninguna valoración todavía)
Loading...

Sobre el autor

Avatar

Marta Rivera de la Cruz

Escribe tu comentario

Send this to a friend