Críticas

“Norteamérica profunda”, de Juan Carlos Márquez

"Norteamérica profunda", de Juan Carlos Márquez
Sonia Aldama
Escrito por Sonia Aldama

La editorial Salto de Página recupera los relatos de Juan Carlos Márquez. Una “Norteamérica profunda” de parajes inhóspitos que nos desvelan la vida de personajes perdidos.

 Juan Carlos Márquez, ganador del premio Euskadi de literatura 2012 por Tangram, obtuvo en 2003 y 2005 los premios Unión Latina y Rafael González Castell respectivamente por su libroNorteamérica Profunda. La editorial Salto de Página recupera los cinco relatos que integraron aquel libro para brindarlo hoy a un público más mayoritario.

Se trata de cinco historias enmarcadas en un paisaje norteamericano que dejan claro que el bilbaíno tiene una visión propia de lo que quiere contar: un modo de tratar a los personajes que tiene que ver con su manera de entender el mundo, universo interior que en Norteamérica Profunda se concreta en parajes inhóspitos o ciudades deshabitadas que, con un humor a veces hiriente, nos desvelan la vida de personajes perdidos y desarraigados.

Memphis quizá sea uno de los relatos más amargos del volumen, está cubierto de grises, de olor a lluvia sucia y dinamita; es la única historia que Márquez narra en tercera persona, como si pusiera distancia a la crudeza de, por ejemplo, esa escena en un tren en el que un obrero negro se ve humillado. El final de esta historia, como todos los finales del libro, sorprende al mismo tiempo que deja una tristeza dulce, explicada en la cita de Leonard Cohen con la que se abre Norteamérica Profunda: “No hay que ser pesimista ni tener esperanza”. Una cita recreada enBloomington, relato que nos cuenta un adolescente que ve cómo su madre viuda empieza a intimar con un hombre. Las aventuras del joven y las descripciones hilarantes de sus compañeros de pupitre, hacen de Bloomington un artefacto deliciosamente contado, sin excesos de pesimismo y que nos habla de la pérdida de la confianza. En el relato Churchill, el personaje femenino toma protagonismo. Hasta ahora, aunque algunas mujeres aparecen en el libro, había una tendencia a apropiarse del universo masculino en la escritura del autor: guiños que retratan experiencias adolescentes en las que cualquier hombre puede identificarse, pero Churchill se detiene en la fortaleza de una mujer a la que le quedan pocos meses de vida y decide hacer un último viaje para descubrir la aurora boreal. De nuevo nos encontramos ante la resistencia al pesimismo que con el tono austero del escritor llega sin resaca, al desaliento.

Juan Carlos Márquez hace visible lo que hay detrás de las historias. Lo que se encuentra tras cada paisaje. Lo que habita dentro de estos personajes que viven atrapados en su obstinación y desasosiego; recuerdos de la infancia y la adolescencia que se graban en los relatos. El libro termina y uno siente el deseo de quedarse al lado de Jill fumando un cigarrillo o con Linda en la litera, y de escuchar, por ejemplo, ese silencio contagioso con el que finaliza Delaware, en donde el autor nos cuenta la historia de un niño que observa cómo sus padres colonizan una tierra usurpada a los indios, un calmo canto al paisaje y a la desesperanza.

La contundencia narrativa de Juan Carlos Márquez, convierte este libro en un ejemplo de elegancia en la escritura que se mezcla, sutil, con la rudeza de alguno de sus personajes. El autor escribe sin titubeos, despojado de ésas virutas que ciegan al que sólo se fija en la figura de madera que talla. Márquez utiliza la sorna y la ironía en sus relatos, pero no puede camuflar la delicadeza y la precisión con la que pule las palabras, y esa dualidad de registros es lo que nos recuerda que aquí, enNorteamérica profunda, también está la vida.


Norteamérica profunda

Norteamérica profunda
Autor: Juan Carlos Márquez
Editorial: Salto de Página
Páginas: 104
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