Críticas

“Nuestra señora de París”

Nuestra señora de París

Edelvives reedita en formato híbrido (ilustración juvenil – edición anotada) una de las mejores obras de Victor Hugo: “Nuestra señora de París”. El acierto consiste en editar esta verdadera obra maestra sin la mancha con la que se han enfocado las narraciones juveniles en este mundo “post-walt-disney”.

“Victor Hugo”, me dijo mi profesor de literatura francesa, “es seguramente el escritor francés más completo y el que mejor dominio tiene de la lengua”. La técnica de Hugo posee como característica principal el estatismo. Este estatismo es un músculo bien ejercitado para la producción de belleza pero a cambio hostiga al lector con una resistencia poco común al avance. En Hugo hay muy poco de lo que se considera narración al uso, sus personajes, en el mejor de los casos, se desenvuelven en escenas que se expanden a través de cientos de páginas. Sus digresiones se suceden llenando el volumen de información. A cambio, Victor Hugo, al igual por ejemplo que Melville, dota a la narración de un simbolismo y de una capacidad expresiva muy por encima de la media. Son escritores que construyen un mundo en lugar de una historia, escritores poliédricos que gozan de un mundo infinito. La gran tragedia es que los mundos infinitos pierden todo su interés con la simplificación de sus estructuras.

El segundo aspecto de Victor Hugo y que brilla con intensidad es que ese mundo creado es ético hasta la médula. Es complicado no valorar la pasión y la ligereza con la que Hugo trabaja grandes temas del mundo occidental como el determinismo, la libertad humana, la teodicea o el mismo concepto de historia.

Con Notre Dame de Paris -también en el Frankenstein- aparece en el mundo de la literatura una variante del problema de la humanidad del monstruo. Durante miles de años en la cultura occidental los monstruos habían sido vistos como atentados contra la naturaleza -El leviatán, Grendel, Sinfjötli hijo de Sigmund-, signos de malos presagios e imposibles portadores de derechos. En Roma, su único derecho era el de ser ahogados en el Tiber poco después de nacer. Si fue durante la ilustración que la humanidad de los bebés deformes fue empezando a ser admitida (al menos como portadora de derechos) no fue hasta el romanticismo que su humanidad emocional se descubrió.

Aquí queda plasmada una idea fundamental: el que antes no merecía ser humano es ahora quien posee más humanidad. El loco, el deforme, quien tiene una mejor naturaleza. Una inclinación hacia el bien y la libertad que nos dice que la transgresión es la única digna de humanidad mientras que la normalidad queda reducida a animalidad. No creo que a Victor Hugo le hubiera gustado en qué se ha transformado una idea que con tanta firmeza él apoyó: el valor de lo humano en todas sus formas (Notre Dame de Paris, L’Homme qui rit, etc.).

Cientos de detalles se han perdido a lo largo del tiempo en la divulgación de esta obra tanto en celuloide como en sus ediciones infantiles. Edelvives la rescata en una edición interesante. Por un lado una cuidada traducción del premio nacional C. R. de Dampierre, a la que se añade un trabajo simple pero suficientemente aclaratorio de notas, biografía y bibliografía del autor. Por otro lado la ilustración, más juvenil que infantil o adulta, del pujante ilustrador francés Benjamin Lacombe. En conjunto se obtiene una obra no perfectamente equilibrada ya que los dos extremos, precisión textual e ilustración, desencajan en ciertos momentos. Pero, por el contrario, debemos admirar una edición que puede atraer a un público más diverso: tanto al coleccionista de ediciones ilustradas como a un lector más avezado u otro más juvenil que desee picar ante el dulce anzuelo de este libro.

Recuperarla, además de ilustrada, en un formato completo, es ofrecerle de nuevo al lector a uno de los mejores escritores de la literatura universal. Uno con un técnica deslumbrante y un pensamiento que trata con justicia y cariño lo mejor y lo peor del fenómeno humano.


Nuestra señora de París

Nuestra señora de París
Autor: Victor Hugo
Editorial: Edelvives
Páginas: 244
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Redacción de Ámbito Cultural

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