Críticas

Operación Dulce: la última manipulación

Operación Dulce
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Es difícil hablar de la novela de McEwan sin revelar nada. Como la propia trama, todo discurre entre secretos y engaños. Las coordenadas que se pueden mencionar para situarla son estas: es 1972, estamos en plena Guerra Fría, la guerra silenciosa en la que las ideas sustituyen a las bombas, y la joven Serena Frome es reclutada por el MI5 y asignada a una misteriosa misión. Nombre en clave: Operación Dulce. El objetivo: utilizar a los auténticos creadores de historias de ficción, los escritores, para fines políticos, en este caso anticomunistas. Con un telón de fondo de estas características, no es de extrañar que la novela trace un recorrido por el mapa del engaño, tanto burocrático como amoroso, en el que se ven envueltos la protagonista y todos los personajes relacionados con esta oscura misión.

En su aclamada novela Expiación, Ian McEwan ya dibujó la fisonomía de la traición y sus consecuencias, con un telón histórico muy concreto de fondo, al igual que en esta Operación Dulce, unos actos inocentes (o guiados por el amor, que en apariencia los vuelve inocentes) traen unas consecuencias desastrosas. Pero ahora, el autor inglés va un paso más allá y obliga al propio lector a replantearse su manera de relacionarse con la ficción misma, con la historia que tiene entre manos. Como un perverso juego de historias dentro de historias, de cuentos que habitan dentro de otras estructuras más ambiciosas, McEwan presenta una pieza que se disfruta como un thriller y se posa en la mente como la observación sobre el papel que juegan las historias de ficción en nuestras vidas. ¿Cómo nos engañan? ¿Hasta qué punto nos arrastran y dónde nos dejan caer? ¿Dónde está el límite de la manipulación? Para McEwan no existe. Él quiere que descubramos el nivel del engaño desde dentro, y para ello no duda en actuar con crueldad. Una crueldad que, en su caso, resulta iluminadora.

En Operación Dulce todas las tramas y niveles son símbolos del mismo juego: el uso del arte en beneficio del engaño. A un nivel global, la instrumentalización de escritores por parte de oscuras organizaciones secretas. A un nivel íntimo, a cómo afecta esto a las historias de amor y a las lealtades que surgen a la sombra de las mentiras. McEwan, como los personajes de su novela, actúa como un agente doble. Su técnica es discurrir utilizando una voz dulce y apasionada para crear una estructura suave, precisa, hasta llegar a un punto en el que no hay escapatoria posible. La destreza del autor obliga a mirar hacia otro lado y, con la dulzura que le caracteriza, el zarpazo llega desde el flanco menos protegido. No se trata de trampas, todo tiene una lógica enfermiza en la literatura del autor inglés, desde las escenas de sexo más descarnadas hasta los gestos y los pasajes en apariencia inofensivos, como ese melancólico retorno al hogar en el que ya profundizó su novela Niños en el tiempo.

Aquí, como en gran parte de sus obras, la culpa acecha a todos los personajes. El libro es una gran expiación y una venganza. Y también una enorme revelación sobre el poder de las mentiras.Operación Dulce es una de las novelas en apariencia más suaves de McEwan porque lo macabro queda oculto: el auténtico horror se amontona de forma silenciosa para dirigir las vidas desde despachos en edificios anodinos o pisos diminutos en el centro de alguna ciudad inglesa cubierta de nubes.

Y es esa tela de araña de información oculta y textos manipulados conduce a una claridad absoluta. Permite observar desde dentro cómo se desarrollan las historias de ficción, cómo se retuercen para conseguir el efecto deseado. La misión de McEwan, al igual que la de Serena Frome, es arriesgada: cuestionar los mecanismos que relacionan al autor con su obra y los que conectan la propia obra con su destinatario.

El lector es mejor lector después de asistir al despliegue de la Operación Dulce y a su amargo final, porque es consciente del engaño. Y ahí está la última manipulación de todas: McEwan ha conseguido que del manejo de información privilegiada y de la sed de venganza surja una nueva forma de revelación, una cualidad perfeccionada capaz de transformar tanto al emisor como al receptor del mensaje.


Operación Dulce

Operación Dulce
Autor: Ian McEwan
Editorial: Anagrama
Páginas: 400
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Mikel Rey Fernández

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