Críticas

“Relatos de mujeres”, de Ediciones Torremozas

relatos de mujeres
Sonia Aldama
Escrito por Sonia Aldama

Ediciones Torremozas presenta su séptimo libro de Relatos de mujeres, una colección que recoge las palabras de ocho mujeres que se arman de literatura para caminar con paso firme por el laberinto de la escritura. Ocho escritoras que reivindican con sus relatos una voz propia, una voz que ya no representa una manera de hacer visible su género, sino que supone identificar el lugar en el que se sitúan para contar historias, un espacio necesario para entender que el lenguaje necesita una revisión de conceptos, de experiencias y de modelos. Aunque reivindicar no es más que reclamar lo que nos pertenece y la pertenencia es una de las claves de los relatos que conviven en esta colección.

Patricia Figuero, con Refugios infinitesimales abre el libro con una escritura elegante y a partir de una imagen nos acerca a una escena cargada de desasosiego: la historia sobrecogedora de una pareja que huye del miedo para afrontarlo, una casa, termitas y sensaciones. Continúa Ana Gómez con Lepidópteros, un relato de vuelos y poesía “a veces, los ojos pasan mucho tiempo en silencio”. Una historia que nos obliga a leer despacio, párrafos cortos que se deslizan en la mirada. Y entre termitas y lepidópteros llegamos al relato de Patricia Martín Matas,Trabajo, sofá y vinilos. Una narración estructurada en bloques más largos, con el gato Lando como protagonista, reflejo de un “no ser” que busca encontrar su identidad, la de una joven que se ve en la chica de enfrente en el vagón del metro, en otros ojos: escena de angustia vital, de desencuentros y lugares desde los que, de nuevo, reclamar una pertenencia.

Sara Medina nos trae Una mujer más que hermosa, una pieza que se ajusta con las anteriores (porque cada relato va encajando con el siguiente para llegar a esas certezas necesarias para comprender por qué estos relatos hablan de mujeres): su protagonista entra en la peluquería, y en un delirante monólogo interior nos va mostrando la transformación de la fealdad en otra cosa. Un relato sensorial, en el que el monólogo interior se ordena con la escritura precisa de Sara Medina.

Volamos a Rusia con Ana Ortiz en su Capitalismo salvaje. La historia de Nicolai Petrovich en un escenario cargado de dudas para afrontar la realidad política, y lo hace contándonos un dolor de muelas para llegar a otro sitio, a ése del que hablamos desde el principio, y que hay que saber contar.

Lita Pérez en El cuarto de la pasión comienza con una precisión narrativa que pronto desemboca en lirismo: “Hacíamos el amor en los altos del viejo mercado, en una habitación grande, sombreada, con persianas rotas y un cielo raso de tela donde unos querubines desteñidos nos espiaban”. Es el preludio de un estallido de violencia en las calles, mientras que la habitación simboliza un refugio inverso al que nos narraba Patricia Figuero al comienzo del libro. Un cuarto que ya no es “personaje” hostil sino salvación ante tanta incertidumbre.

El penúltimo relato del libro pertenece a Nuria Pradilla, una narración con tintes de comedia negra: historia de intriga que rompe la estructura del libro, ya que es un hombre el que nos cuenta la historia de una doble identidad, tal vez el objeto protagonista, un sombrero, es lo que identificamos con los otros relatos: objetos y animales que conviven en los cuentos y que son fetiches para sus protagonistas.

Cierra el libro Tere Susmozas y su Naufragio hacia un fondo de peces inquietos, y lo abre con una cita de Vicente Huidobro: “los veleros que parten a repartir mi alma por el mundo volverán convertidos en pájaros”. El título, la cita y todo el relato se deshacen en la boca, las sílabas ya no están descalzas, no hay nada que pueda impedir llegar al final de una lectura gozosa, difícil encontrar una frase para resaltar la belleza de esta historia, de este tic tac literario de relojes que nunca se paran, ése extrañamiento de una autora que se ha empapado de la mejor literatura para hacerla, rehacerla y no naufragar.

Relatos de mujeres reúne ocho miradas alejadas unas de otras pero que se encuentran para caminar, sin miedo, por pasadizos donde a veces las mujeres descubren fango, piedras o escorpiones, pero los relatos son lluvia, fluyen, y donde resbala el barro, las palabras se aferran.


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