Críticas

“Siete casas vacías”, de Samanta Schweblin

Siete casas vacías

Las casas vacías me atraen en la misma medida en que me aterran. Nunca están tan desiertas como en la imaginación, cuando uno las libera de la presencia ominosa de los cuerpos y puede verlas libres de su cometido aunque plenas.

Samanta Schweblin las puebla de personajes en su nuevo libro de relatos Siete casas vacías, galardonado con el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero y publicado por la editorial Páginas de Espuma. Siete cuentos como siete espacios en los que la cordura es solo un débil haz de luz que ilumina a duras penas el ambiente. En todos ellos asistimos, silenciosos e inquietos, al relato de una historia que parece cotidiana pero en la que se respira una cierta incomodidad onírica que nos hace pensar en cualquier cosa terrible a punto de suceder.

Los protagonistas, que en seis de las siete ocasiones nos dirigen en primera persona por su historia a través de una voz auténtica, son seres de los que, en un primer momento, nada haría sospechar acerca de una inestabilidad -e incluso locura en algunos casos- latente, que se va desarrollando a lo largo del relato. Se convierten en excéntricos con los que uno empatiza porque al cabo son humanos, tal vez demasiado humanos. Gentes tristes y cansadas, personajes que viven aislados en esa casa que es actante y es concepto.

Schweblin distribuye en cada relato ciertas zonas oscuras a las que queremos acceder, pero al fin comprendemos: ¿qué nos aportaría conocer algo más acerca de la anciana desmemoriada y suspicaz que hace la vida imposible a marido y vecinos?, ¿o sobre lo que hacían desnudos los padres y los hijos de aquel personaje vapuleado? ¿De qué valdría saber lo que debía decir la mujer que sale en bata y con el pelo mojado a pasear de noche con un desconocido? Poco o nada quedaría resuelto en ese caso, porque Schweblin solo quiere dejarnos la desazón del vacío, esa manera de buscar en el relato como en la casa, habitación tras habitación, abriendo las puertas con miedo sin encontrar nada suficiente para provocarlo. No son finales abiertos, pero sí extraños, que nos dejan un regusto a esa inquietud de la cortazariana Casa tomada.

Y si la casa está vacía es porque algo se ha perdido: los hijos, los objetos, la prudencia o cosas tan grandilocuentes como la esperanza. Siete casas vacías es la sensación de algo que extraviamos y que dilata entonces el espacio que habitamos; espacio que, como bien dice una de las protagonistas, en realidad es solo de “cuarenta centímetros cuadrados”, el que uno ocupa al sentarse. El de la introspección, porque al final estamos solos y la soledad resuena en las paredes. Solos y con la puerta cerrada.


Siete casas vacías

Siete casas vacías
Autor: Samanta Schweblin
Editorial: Páginas de Espuma
Páginas: 128
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Sobre el autor

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Oviedo, 1988) es licenciada en Filosofía y máster en Escritura Creativa. Autora del libro de aforismos Bajas presiones (Trea, 2016), trabaja como coordinadora de la escuela de literatura Hotel Kafka y de la web Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Escribe crítica literaria para distintos medios nacionales e imparte clases de escritura creativa y poesía.

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