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Mirar con Ellas: Soledad Sevilla

“No he dejado de pintar ni un solo día de mi vida”, dice la artista que ganó el Premio Velázquez de Artes Plásticas en 2020. Soledad Sevilla, una de las artistas más reconocidas del panorama europeo, galardonada también con el Premio Nacional de Artes Plásticas, Premio Arte y Mecenazgo y con la Medalla de Oro de Bellas Artes, visita “Mirar con Ellas”.

Zara Fernández de Moya charlará con esta pintora clave de su generación que ha logrado que su personal abstracción, que evolucionó de la geometría a la lírica, esté presente en las principales colecciones del país.

  • Jueves 20 de mayo a las 19:30 h
  • Este evento se celebra online. Emisión en streaming desde las RRSS de Ámbito Cultural:  FacebookInstagram y nuestro recién inaugurado canal de Youtube

Sobre Soledad Sevilla

Soledad Sevilla Portillo (Valencia, 1944) es una pintora española.

Soledad Sevilla nace en Valencia en 1944 y reside, actualmente, en Barcelona. Estudió en la Real Academia Catalana de Bellas Artes de San Jorge en Barcelona, siendo sus estudios luego ampliados en Madrid.

Su carrera artística comenzó a finales de los sesenta con posiciones próximas al minimalismo pictórico, etapa que abandonó en los años setenta tras su participación en el Seminario de Generación Automática de Formas Plásticas desarrollado en el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid. En él, la artista se decantó a crear pintura de raigambre geométrica donde el módulo y sus infinitas variaciones sobre el plano pictórico emergen como temática; no obstante, se debe tener siempre presente que sus construcciones geométricas poseen una lectura poética, rasgo que caracteriza la obra de Sevilla incluso en la actualidad. Es a través de la abstracción geométrica, también llamada, optical art, como Sevilla resuelve huir de la neofiguración y del Pop Art, movimientos que triunfaban en España.​ Con el tiempo, sus preocupaciones artísticas tomaron otra dirección y la artista valenciana se inició en el ámbito de la investigación conceptual y espacial, siendo los resultados utilizados a principios de los años ochenta en sus diversas instalaciones.

En la actualidad, debido a una enfermedad, la artista cambio los grandes formatos por el lienzo. La propia autora ha comentado:

En este contexto, resulta interesante subrayar que toda la obra de Sevilla explora relaciones entre luz, materia y espacio; combina el rigor analítico y el orden geométrico con la búsqueda de una experiencia sensorial y orgánica. Sin lugar a duda, como señala Yolanda Romero, ​ a lo largo de su trayectoria artística de Sevilla, la pintura y la instalación son entendidas no como dos campos diferenciales, sino más bien como la necesaria y lógica extensión de uno sobre otro, de la obra pictórica sobre el trabajo espacial.

Al principio de la década de los 80 realizó estudios en la Universidad de Harvard. En 1993 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas y en el 2007 la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Su obra forma parte de entidades tan importantes como el madrileño Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Künstmuseum Malmö, el Museo Marugame Hirai de Arte Español Contemporáneo de Japón, el Parlamento Europeo y el Patrimonio Nacional.

En 1968, momento en que la artista inicia su carrera artística, buscó encontrar un estilo de arte alternativo a los movimientos informalista y expresionista, predominantes en la escena española ya que, tras su paso por la Escuela de Bellas Artes de San Jorge, rechazaba toda enseñanza académica.​ En contra de lo académico, Sevilla adecuó su estilo a la influencia del Arte Normativo,​ movimiento que proponía un arte basado en la forma seriada, la pureza cromática y el atonalismo; siendo una de sus máximas el rehusar la intervención de la subjetividad.​

El Arte Normativo se caracterizó por confluir propuestas constructivistas, suprematistas y neoplasticistas. De esta manera absorbió la depuración del arte iniciada por Malevich, al ser su fin anular la presencia del objeto para obtener un arte que implicase una expresión pura de sensibilidad. De la experiencia neoplástica, aprehendió el esfuerzo por codificar rigurosamente el sistema de arte e instaurar una concepción espacial, que tiene como principio básico la abstracción completa donde el lenguaje geométrico se limita a las líneas, el ángulo recto, tres colores primarios (Rojo, amarillo y azul) y tres no colores (negro, blanco y gris). Consiguientemente, la obra de finales de los 60 y principio de los 70, se distinguió por poseer un carácter serial y geométrico impregnado de gestos e imprecisiones cuyo fin era personalizar las piezas.


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