Columnas

Teoría literaria de Darwin

Charles Darwin
Avatar
Escrito por Rafael Reig

Charles Darwin, al final de su Autobiografía (editorial Laetoli / Universidad Pública de Navarra) hace una “Valoración de mis capacidades mentales”. Al volver la vista atrás, el anciano considera que su mente no ha cambiado mucho, salvo en un aspecto: “la pérdida curiosa y lamentable de los gustos estéticos más elevados”. Ya no lee poesía, admite. Antes disfrutaba con Shakespeare, pero confiesa que “últimamente he intentado leer a Shakespeare y lo he encontrado tan insoportablemente aburrido que me revuelve el estómago”. Los cuadros y la música no le dicen nada.

Hasta tal punto ha descendido su aprecio por “los gustos estéticos más elevados” que confiesa que le entusiasma leer novelas. ¡Novelas! Con eso está dicho todo. ¿Habrá gusto estético más plebeyo y envilecido? ¡Con lo que él era antes! Y ahora, mira a lo que se ha visto reducido: “las novelas, que son productos de la imaginación, aunque no sean de orden superior, han constituido para mí durante años un maravilloso alivio y suelo bendecir a todos los novelistas”.

El lector de novelas es la quintaesencia de la vulgaridad y la falta de criterio, y Darwin, con humildad, se suma a esa perdida gente de plebeyos gustos, esos lectores de novelas. Su análisis del gusto popular por la novela (que comparte), creo que es bastante acertado, a juzgar por los actuales best-sellers.

Admite Darwin: “con tal de que sean moderadamente buenas y tengan un final feliz, me gustan todas: debería dictarse una ley contra las que acaban mal”.

Hace años tuve una acalorada discusión con Belén Gopegui sobre qué le gusta más al lector: ¿que una novela acabe bien o que acabe mal? No recuerdo ya que postura defendía ella, pero yo adopté la contraria (como es mi inclinación natural y hábito adquirido). Al final partimos la diferencia: al lector lo que le gusta es que las novelas acaben. Que acaben bien o mal le da lo mismo, con tal de que acaben. O de que acaben de una maldita vez (en el caso de las novelas de Pérez-Reverte).

La vida, esta vida que llevamos, no acaba nunca y, lo que es peor, no se sabe cuándo empieza ni qué hemos hecho un día para merecer lo que ahora nos sucede. Una novela, al contrario que la vida, tiene principio y final: con eso basta, da igual que acabe bien o mal, aunque admito que una novela popular, como legisla Darwin, no tiene más remedio que acabar bien.

Añade Darwin una segunda ley: “Según mi gusto, una novela no es de primera categoría a menos que contenga algún personaje a quien se pueda amar plenamente; y si es una mujer hermosa, tanto mejor”.

Anciano sí, pero de tonto ni un pelo: ¡por lo menos que haya una tía buena!

También estoy de acuerdo. Cuando veo películas con mi hija, lo primero que pregunta es: ¿Tú quién te pides? Porque cada uno tiene que ver la película yendo con alguien, pidiéndose alguien. Las novelas tiene personajes sólo para eso: para que el lector se los pida, para que lea a través de ellos.

Sin embargo, hay toda una clase de novelas despiadadas, que no sólo acaban mal, sino que no tienen ni un solo “personaje a quien se pueda amar plenamente”. Ejemplo al canto: Madame Bovary. Peor no podía terminar: la protagonista se envenena, llora al ver a su hija y pide un espejo para ver su rostro agonizando. ¿Es posible amar plenamente a Emma Bovary? ¡Ni harto de vino! Desde el primer capítulo el autor se encarga de que ella (y todos los demás) nos parezcan antipáticos, presumidos, vacíos, medio tontos.

En esta clase de novelas, ¿con quién vas? ¿Quién te pides?

Son novelas en las que uno se pide el autor, va con el autor.

Ésa es la clase de novelas que desencadena el deseo de escribir, en mi opinión.

Cuando uno se pide un personaje, acaba haciendo el ridículo, yendo por la calle como si fuera el Gran Gatsby o La Maga de Cortázar.

Cuando uno se pide el autor, acaba escribiendo una novela, que es otra forma de hacer el ridículo.

Yo creo que Darwin, cuando leía la naturaleza, se pedía el autor: por eso logró escribir El origen de las especies.


Valora la calidad de este artículo

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (Ninguna valoración todavía)
Loading...

Sobre el autor

Avatar

Rafael Reig

Escribe tu comentario

Send this to a friend