Críticas

“Un amor que destruye ciudades”, de Eileen Chang

Un amor que destruye ciudades
Leticia Garcia
Escrito por Leticia Garcia

Si decía Jane Austen que “todo hombre soltero en posesión de una buena fortuna debe estar en búsqueda de una esposa”, para Eileen Chang (Shanghái, 1920) la relación conyugal es el instrumento a través del cual puede alcanzar la realización una joven china de veintiocho años y divorciada: “Si ganaba, conseguiría el premio que tantas personas codiciaban ferozmente -Fan Luyuan- y todos los agravios que llevaba dentro se desvanecerían”. Entiéndase por “realización” la independencia de una asfixiante familia tradicional.

Libros del Asteroide acaba de publicar Un amor que destruye ciudades, la primera traducción al castellano de esta novela corta con la que la autora abre una pequeña escisión en la sociedad urbana y burguesa del Shanghái y Hong-Kong de los años cuarenta.

La obra arranca con la presentación de Lyunan en la mansión de los Bai. Lyunan es un atípico hombre chino que se convertirá en el constante pretendiente de Liusu a lo largo de toda la novela. Es atípico ya que parece importarle bastante poco cualquier tipo de convencionalismo social, posición opuesta a la de toda la familia Bai, que trata de conseguir el ahogo existencial de la protagonista. Pero no se confunda el lector, el señor Lyunan encarna los sueños que tiene Eileen Chang sobre la China herida que es Bai Liusu. Y la autora no quiere una China que se convierta en lo que no es, en realidad quiere que vuelva a su estado más primigenio, tal y como Lyunan le dice a la propia Liusu: “Cuando te vi por primera vez en Shanghái pensé que, si te alejabas de tu familia, tal vez podrías ser más natural. Así que esperé una eternidad hasta que viniste a Hong Kong… y ahora quiero llevarte a Malasia, a la selva de los pueblos primitivos”.

El título y el mayor giro argumental de la novela se refieren al mismo acontecimiento: la ocupación japonesa que la propia Eileen vivió. La polaridad del bien y el mal en todo suceso, la relación causa-efecto de lo universal en el individuo… así son los bombardeos sobre la ciudad que se traducen en el símbolo de la destrucción de un orden social y que suponen la liberación personal de la protagonista: “Para que ella pudiera realizarse, ¿una gran ciudad había tenido que caer?”.

Lo que más impacta de Eileen Chang son tres cosas: lucidez, sinceridad y rebeldía. Es lúcida porque escribe como una autora de nuestra época: modula una visión crítica que nunca cae en el pesimismo y con el buen ritmo de una prosa clara que no se pierde en derroteros. Es sincera porque sin pelos en la lengua radiografía una China donde la familia delimita y normaliza el desarrollo de la mujer; parece así querer transmitirnos lo alto del precio si se desea salir airosa: “Por excelente que fuera una mujer, si no lograba ser amada por los miembros del sexo opuesto, no lograría el respeto de los del suyo propio”. Y es rebelde porque si decía Camus que “con la rebelión nace la conciencia”, Eileen se da al proceso contrario y desencadena la obra cuando la protagonista Liusu se cerciora de sí misma como voluntad libre y toma el bisturí entre sus manos: “No podía esperar el apoyo de su familia, solo se tenía a sí misma”.

Ya que solo de la extrañeza puede surgir la separación de las masas, no resulta sorprendente entonces el origen de ambos. Lyunan es el hijo de una concubina y, como la madre de la propia Eileen, educado en Inglaterra, mientras que Bai Liusu lo es de un tahúr: “Liusu nunca había tocado fichas ni dados, pero a ella también le gustaba arriesgar. Decidió apostar su futuro”. Los arrebatos de los seres humanos también se vuelven extraños bajo ambientes reprimidos y así es como solo en la oscuridad es donde pueden tener lugar.Es en la noche donde se oye el lamento musical del huquin, es en una habitación sin luz donde se abre una brecha entre la señora Bai y su hija. Finalmente, es también el único espacio posible para el amor: “En la oscuridad, Liusu no distinguía el color, pero de forma instintiva supo que era un rojo único prodigioso”.

No hay tantos libros en los que una mujer declare de manera sincera que el fin último del matrimonio es la independencia de la tradición y no el amor, ni tampoco, dicho sea de paso, tantos libros de escritoras chinas de la primera mitad del siglo XX que se puedan leer en castellano. Hay que felicitar a la autora por el valor excepcional que nos brinda esta breve obra, por su mirada valiente y limpia a través del personaje de Bai Liusu, para quien las historias de lealtad y devoción filial pierden su significado.


Un amor que destruye ciudades

Un amor que destruye ciudades
Autor: Eileen Chang
Editorial: Libros del Asteroide
Páginas: 128
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Sobre el autor

Leticia Garcia

Leticia Garcia

Leticia García (Madrid, 1987) se licenció en Ciencias Físicas pero su curiosidad aún no se siente satisfecha y quizá por eso perdura su amor por la literatura.

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